Apuntes de Carnada de cangrejo/ Sexo y cura: “La complejidad de lo simple”


 

Maribel R. Ortiz, escritora

rafael-acevedo_sexo_carnadaLos “deleitables relatos” Carnada de cangrejo/Sexo y cura, del escritor y amigo Rafah Acevedo; son dos narraciones urbanas, ciertamente, brillantes; manifiesto de un estilo propio en donde las palabras se diseccionan hasta revelar el tejido ácido del humor y la ironía, sin descuidar en ningún momento, su fulgor poético. Sepan que se hallarán ante un libro inusitado, con dos portadas invertidas de una belleza arrebatadora, las cuales imbrican ambas historias.

Carnada de cangrejo en Manhattan, además de ser un relato lúdico y penetrante, es también, un discurso hermenéutico sobre el sujeto y su cotidianidad trastocada por los paradigmas del lenguaje, el cual se transmuta en un corpus codiciado, aunque escurridizo, que el personaje ambiciona poseer en un esfuerzo por transcribir las ideas, los significados, las verdades o mentiras, que habitan su mundo interior y el circundante. El personaje principal, a quien me referiré como “el innombrable”, puesto que su nombre está ausente en el relato, se desplaza por el escenario de los acontecimientos de su propia historia en un denominado “juego de las apariencias y de los sentidos”. “Que este lugar huela a pretzel y taxi amarillo no confirman nada” (…) todo depende del tono y las luces con las que uno adorna las palabras.” (Acevedo, Rafael, 2008, pág. 7)

            En síntesis, el relato cuenta la historia de un aspirante a escritor, quien labora como reportero mal pagado en la redacción de un periódico latino de New York y que a su vez, se ve forzado a escribir artículos anodinos que convierte en cuentos. El protagonista comparte algunos paralelismos con el personaje Arturo Bandini de la novela Pregúntale al polvo, de John Fante, quien además es un aspirante a escritor, que abandona su pueblo natal y se va a Los Ángeles en donde enfrentará una dura lucha por la supervivencia. El innombrable de Acevedo, abandonará su país (Puerto Rico) y emigrará a Manhattan; viéndose posteriormente atrapado en un hábitat improductivo, tronchado por las dificultades económicas, el pesimismo y la inconformidad con una existencia parasitaria, que amenaza con destruirlo. Contrario a Bandini, diletante que presume ser un versado en la literatura, el personaje de Acevedo, quien había laborado como profesor en su país, es un lector y admirador de James Joyce, uno de los escritores más complejos del siglo XX, hasta el punto de anhelar transfigurarse en el escritor irlandés. Asimismo, asumirá una postura filosófica ante las incógnitas de las palabras: “No tengo todas las palabras que necesito. Cuando se piden palabras, no se sabe lo que se pide.” (Acevedo, Rafael, 2008, pág. 13) Llama la atención, la postura ecuánime y sin prejuicios del protagonista, ante situaciones emocionales: “Eva es mi compañera de vida íntima. Era. Nos dejamos y volvemos en un delicioso círculo vicioso. Como no soy celoso, trato de serlo (…) De hecho, Eva tampoco es mi mujer. No tengo ese sentido brutal de la propiedad”. (Acevedo, Rafael, 2008, pág. 9)

            Ahora bien, ¿Qué común denominador comparten un aspirante a escritor con ganas de suicidarse, la carnada de cangrejo, el distrito de Manhattan, Canadá y el Almanaque Bristol? La clave está en el enunciado con que se inicia el relato: “Anoche quería matarme y todo esto me da mucha gracia”. (Acevedo, Rafael, 2008) El sujeto está sentado en un ordinario café neoyorkino y toma la bebida caliente del mismo nombre, con la esperanza de que le quite el dolor de cabeza. Bebe y recuerda que la noche anterior quería matarse, y todo eso, le da mucha gracia. Tal vez, sonríe, sin la carcajada estentórea; reír estrepitosamente, es una acción tertuliar, y el sujeto está solo. Bebe, mientras lee el Almanaque Bristol; un encuentro azaroso con ese pintoresco folletín anaranjado salpicado de sabiduría popular, que el mundo consulta sin importar el estrato o las creencias. De esa lectura fortuita, se entera que la carnada de cangrejo evita los tiburones. Entonces, las palabras tiburones, cangrejo, Canadá, le dan vueltas en la cabeza y aunque está en Manhattan, viaja mentalmente al sur de Montreal. Frota las palabras, las lee, quiere saber a qué saben a la vez que repite como un mantra: “La verdad es una mentira”, tal vez para proteger su mente y para no pensar en lo de la noche anterior. Quizás, ese oxímoron que deambula entre los paradigmas de la realidad o las ficciones de la realidad, pueda ayudarlo a lidiar con el dilema de vivir o matarse. Lo cierto es que, la segunda cláusula del enunciado conduce al entresijo: ¿qué es el “todo esto” que le da mucha gracia? ¿Se refiere a la intención de suicidarse o las circunstancias que lo impulsaron a pensar en el suicidio? Infiera el lector.

            ¿Y qué sobre el final del relato? “Después de la tormenta viene la calma”, como dice el refrán. Al final, el sujeto se coloca frente al teclado y escribe. Sabe el poder de las palabras. Son mágicas. Lo único mágico que queda. Los convido a morder la Carnada de cangrejo en Manhattan para que vivan la experiencia redentora de las palabras.

           Por otro lado, Sexo y Cura es un relato cuyas escenas y diálogos mordaces se construyen como en un montaje cinematográfico a base de planos rápidos y secuencias cortas; de manera, que el lector tiene la impresión de ser al mismo tiempo, espectador de aquello que acontece. El narrador omnisciente interviene como una voz en off, que guía al lector por los diversos escenarios y lo convida a deliberar en torno a los acontecimientos de la trama. La historia gira alrededor del protagonista Luis Carlé, un empleado asalariado, quien vive subyugado a una madre manipuladora, los sentimientos de mea culpa y la memoria de una relación amorosa, disfuncional. Aquí el consabido subterfugio freudiano, que Alfred Hitchcock explotó en el clásico film Psycho, con el personaje de Norman Bates, no es la convención típica, el refrito o el cliché desgastado de las patologías sexuales. La intención de Acevedo es parodiar, guasearse, la teoría freudiana sobre la interpretación de los sueños o la castración simbólica, como se puede apreciar en la hilarante escena onírica de Luis en el despacho de una pareja de sicoanalistas.

            El personaje antagonista será René, el hermano de crianza de Luis; un tipo felizmente desempleado, quien vive sus días entre el carpe diem y una especie de pragmatismo filosófico. Los dos personajes se configuran, entre otras cosas, sobre la base de una dicotomía nietzscheana entre lo apolíneo y lo dionisíaco; siendo Luis, quien encarna al tipo racional, que no pierde la compostura o el dominio de los impulsos. En cambio, René encarna al tipo impetuoso, amante del sexo y del afán de vivir la vida, a pesar de todos sus males.

            Desde la primera línea, se nos pone al corriente del evento que será la pieza central de la trama, y que atrae nuestra atención como un poderoso imán. Se trata del enunciado con que se abre el relato y que se repetirá en el texto como hilo conductor de la misma: “Preguntarse cómo llegó esa pistola a estar entre las piernas de Luis Carlé es pasar por alto que el arma no tiene ninguna importancia.” (Acevedo, Rafael, 2008) Es a partir de este suceso, que la historia se narra retrospectivamente hasta concluir en un final abierto del que se desprenden dos posibilidades, que no voy a mencionar para no arruinar ese atinado elemento sorpresa. En otras palabras, infieran los lectores.

            Por otro lado, el título sugestivo del relato, no es necesariamente un anticipo de lo que nos toparemos en su contenido; se trata de un juego semántico. La locución sexo y cura admite diversas interpretaciones vinculadas con la historia narrada, así como de los personajes involucrados. Si se enfoca en el suceso del arresto del Padre Carrero acusado de abuso de menores, Sexo y cura es igual a: Sacerdote, párroco o cura con tendencias pedófilas; si se trata del órgano sexual de Luis Carlé, Sexo y cura sería igual a disfunción eréctil y la búsqueda de un tratamiento o cura. Si se enfoca en la recomendación de René sobre las bondades terapeutas del coitus at infinitum, entonces, Sexo y cura se traduce como sexo que cura enfermedades y dolencias incluyendo la depresión. En última instancia, Sexo y cura guarda relación con el adicto que tiene sexo para procurarse la cura. Usted elige.

            Para concluir, me queda decir que con esta dupleta, el poeta y escritor Rafael Acevedo, ratifica una vez más su portentosa agudeza literaria y notable dominio de la técnica narrativa, lo que lo posiciona a la altura de escritores como Raymond Carver o John Fante, entre otros. El tratamiento de temas que van desde lo sublime hasta la sensación de hastío ante la existencia, así como la minuciosidad en los detalles y el manejo económico de las palabras, sin sacrificar las sutilezas del lenguaje, hacen de este libro, uno necesario para los lectores que quieran disfrutar de una lectura posmoderna hilarante y original.

Ver comentario crítico sobre el libro por Mario R. Cancel

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