Poetas: Juan Antonio Corretjer Montes


  • Mario R. Cancel
  • Escritor e historiador

¿Cómo pensar la poesía de Juan Antonio Corretjer Montes desde la postmodernidad? La reflexión que sigue propone una teoría en torno al paso del escritor por el vanguardismo radical camino al neocriollismo nacionalista en cuyo contexto se le recuerda. Se trata de un fragmento de una conferencia inédita sobre la obra política y literaria del escritor y revolucionario puertorriqueño.

La Primera Pos-Guerra (1918-1929)

La Primera Pos-Guerra (1918-1929) estuvo marcada por una fugaz revolución literaria con enormes visos políticos: se trata del momento de las vanguardias y de las propuestas radicales del escritor Evaristo Rivera-Chevremont. Aquella no fue la única voz revisionista. El papel de los hermanos Vicente y Luis Palés Matos en la experimentación y su revolución fonética fue crucial. El cinismo politizado del jovenJosé De Diego Padró, y el socialismo radical de Emilio R. Delgado, marcaron una época tan rica como desconocida.

Las circunstancias de la colonia eran apropiadas para la colisión de ideas. Después de la Primera Guerra Mundial y conocida su promesa descolonizadora, el nacionalismo fue una actitud compartida por numerosos intelectuales. Del mismo modo, se afianzó el antinacionalismo oficial bajo las administraciones de Emmett Montgomery Riley (1921-1923) y Horace M. Towner (1923-1929). Las organizaciones políticas tradicionales –el Partido Unión y el Partido Republicano- perdieron cohesión y se disolvieron, dando paso a la llamada “época de las mogollas.” Los procesos de realineamiento político son ideológicamente ricos siempre.

Hacia el año 1925, Corretjer estuvo cerca del movimiento de vanguardia conocido como el noísmo. Se trataba de jóvenes escritores de formación universitaria encabezados por Vicente Palés Matos y Emilio R. Delgado, dos vanguardistas radicales. Alrededor del noísmo se agregó parte de lo que sería la generación fundadora de Acción Social Independentista y el Partido Popular Democrático, y algunos poetas socialistas y comunistas que todavía producían literatura en la década del 1930.

Los noístas eran partidarios de los poemas breves, del humorismo y la sátira y de todo discurso de carácter burlesco y caricatural. En general, planteaban una protesta contra el romanticismo y el modernismo, por lo que reclamaban el divorcio del escritor y el lector corriente. Los noístas predicaban la irracionalidad en la poesía con un profundo espíritu antiburgués. La relación de esas propuestas con el dadaísmo de Tristán Tzara, y el imaginismo del poeta ruso Serge Essenin, es bien conocida. El noísmo fue una suerte de minimalismo irracionalista el cual aspiraba a escandalizar la sociedad burguesa. En el Puerto Rico colonial, eso los colocaba en abierta oposición del orden estadounidense.

El impacto del noísmo fue lo que animó a Antonio Coll y Vidal a divulgar lo que denominó egoprismismo, otra estética que protestaba contra el canon moderno y la idea tradicional del autor, tendencia que desembocó en lo que llamo un minimalismo racionalista también altamente politizado. La centralidad del ego o yo como lugar desde el cual se apropia el mundo, era crucial en esta propuesta.

Las bases del noísmo eran simples. Promover la renovación y la iconoclasia o falta de respeto en la literatura creativa y al orden. Se oponían al “preceptismo” académico y tronaban“contra este sistema social que atrofia las iniciativas y enerva los talentos” y“contra el utilitarismo y la moral.” El lenguaje anticapitalista tenía una larga tradición en el país desde la fundación del Partido de la Independencia en 1913 por Rosendo Matienzo Cintrón y Rafael López Landrón.

El noísmo no tenía un programa político o cultural concreto y proclamaba que estaba “más allá del sentido común”, pero funcionaba como una caja mágica de la que se podían sacar incluso “banderas bolcheviques.” El “miedo rojo” fue común en 1920. En ese año, se vedó en el país el uso de las banderas rojas en las protestas obreras e, incluso, se vedó cantar “La Marsellesa” o el himno de la “Internacional.”

Los noístas reconocían el relativismo y la incertidumbre que dominaban la filosofía de su tiempo, fenómeno que con posterioridad se ha denominado “filosofía de la sospecha,”como una “imposición del siglo” y las hacían suyas. Por eso, exaltaban el valor de la “personalidad,” el ego o la individualidad freudiana, en el contexto de lo que calificaban como una“revolución destructora.” El nihilismo nietzscheano y el dístico surrealista clásico de destruir-construir, era parte de su propuesta.

Corretjer giró alrededor de aquella experiencia poética que establecía la legitimidad de la negación de la modernidad en crisis o del capitalismo deshumanizador. Las concomitancias de aquella actitud con la de otro nietzscheano, Georg Simmel, son enormes. Simmel se popularizó en aquella época por su discusión de la “tragedia de la cultura” y de la “mercantilización” extrema del mundo occidental. Si bien el poeta de Ciales no fue un protagonista de aquel proceso, los temas típicos de la coyuntura recurren a lo largo de su obra.

La Gran Depresión (1929-1938)

El momento de la Gran Depresión (1929-1938) vio el renacimiento de un nuevo criollismo puertorriqueño. El criollismo representa labúsqueda de la individualidad o de lo que hace único a un colectivo o a un pueblo. La interpretación criollista presume que, el ser se define en las prácticas de sus esferas más puras y, en ese sentido, es una propuesta consustancial al nacionalismo cultural y político.

corretjer_autografoLa tradición criollista en Puerto Rico está asociada al romanticismo costumbrista del siglo 19, de fuertes raíces hispánicas, pero, así como hubo un criollismo romántico representado por Manuel Alonso, el siglo 20 vio un criollismo modernista articulado por el abogado y poeta Luis Lloréns Torres.

Por aquellos años, Corretjer y otros escritores se distancian del noísmo y retoman el criollismo con los recursos renovadores de las vanguardias. Correspondió al grupo Atalaya de los Dioses reinventar un criollismo nuevo. El neocriollismo es una novedad ideológica. Parte de las mismas premisas del criollismo, pero pone al día políticamente la propuesta. Después del 1898, los escritores tuvieron que volver a buscar la individualidad nacional y colectiva en las prácticas de sus esferas más puras, pero el campo había cambiado y el “otro” era una cultura de tradición sajona altamente desarrollada.

Los atalayistas, como se les conoció, tenían una gran vocación espectacular y se asociaron al Partido Nacionalista después de la asamblea de mayo de 1930. El radicalismo de Pedro Albizu Campos fue determinante en esa decisión. Los jóvenes atalayistas practicaban un tipo de escritura política atrevida e iconoclasta que sorprendía a muchos. El joven Alfredo Margenat,podía decir sin empacho en un poemaque “la estatua de la libertad es una hideputa”;y Clemente Soto Vélez, explicando la función del poeta, postulaba que“…nos unimos…para señalar los errores de los treinta y dos años de vituperios y sumisión de que ha sido objeto nuestra nación.” Del mismo modo, Graciani Miranda Archilla defendía en público que “el arte debe responder a su causa política.”Las convergencias con el surrealismo de la era de André Breton son enormes. La idea de que la poesía era un acto político legítimo es uno de los postulados que Corretjer acepta sin mayores dudas.

Los atalayistas fueron, sin embargo, duros críticos de los noístas. Alegaban que la discursividad noísta, si bien era politizada, no dejaba de ser un simple hecho estético. El alegato a favor de una praxis radical de la lucha se afirmaba en el atalayismo por su condición de vanguardia cultural del Partido Nacionalista.

El atalayismo y el neocriollismo llenaron toda una época. Estos poetas, Corretjer incluido, estaban tratando de definir de manera racional un perfil del ser para formular una teoría sobre lo puertorriqueño; es la actitud clásica de la Generación del 1930. En esa ruta, se interesaron en los problemas sociales reales de la gente y formularon una teoría del problema de la tierra sobre bases sociológicas e históricas. Veían el pasado como la infancia del presente por lo que no cultivaron visiones pintorescas de la ruralía o del jíbaro ni soñaron con regresar a un pasado puro. En medio de esas disquisiciones, recuperaron la tradición indigenista de un modo crítico e intelectual.

Pensaban que el corresponsal o el receptor del escritor es la tierra. Por eso la aman, la cargan de significados concretos y simbólicos, y la consideran el escenario de sus luchas. El otro corresponsal o receptor del escritor es la sociedad organizada que habita la tierra, lugar convertido en Patria o herencia de los padres que debe ser defendida y recuperada para sus herederos legítimos. La formulación del nacionalismo cultural y del nacionalismo político del 1930 era similar. Corretjer está en ese núcleo de pensadores como una figura crucial.

Una respuesta

  1. Resulta muy interesante este ensayo sobre Juan A. Corretjer, y la teoría literaria, que interpreta este movimiento poético. El camino sugerido de contexto histórico-social nos deja ver una interpretación histórica y sociológica con la literatura poética de telón de fondo. Muy bien por el profesor Cancel por este estímulo a los lectores, y dejar que se amplíe nuestro horizonte interpretativo.

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