La escritura entre siglos según Mario R. Cancel


  • Ángel M. Encarnación
  • Narrador puertorriqueño

Literatura y narrativa puertorriqueña, la escritura entre siglos, de Mario R Cancel, fue publicado por la editorial Pasadizo, Panamericana, Formas e Impresos, Colombia, 2007, 235 p. Cancel es narrador, historiador y poeta puertorriqueño nacido en Hormigueros. Es Catedrático Asociado de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez y Profesor Conferenciante en la Universidad del Sagrado Corazón, Santurce, Puerto Rico.

Los trabajos reunidos en este libro son el producto de reflexiones personales, de discusiones y de diálogos compartidos por el autor con escritores de todas las edades. El libro pretende convertirse en un texto dialógico, a la vez que diferenciarse de una historia literaria tradicional. Su tratamiento es de gran significado actual e inmediato, por lo que logra llenar un vacío dentro de la producción literaria puertorriqueña. La densidad de su tratamiento de lo “intratado” lo sitúa como uno esos textos únicos y disímiles que raramente se publican en el mundo. Estas cualidades lo convierten en un paso de avance y en un trabajo de gran riesgo.

Es un paso de avance porque casi nunca se estudian las letras más inmediatas, las llamadas novísimas o recientes, con detenimiento y detalle. La persona que se interese en conocer sobre el estado actual del proceso creativo de cualquier país del mundo debe internarse en un mar de publicaciones limitadas, casi siempre, por razones económicas, de difícil acceso y de rápido consumo. El texto nos orienta ofreciendo nombres, portales y direcciones de la Red, junto a nombres de publicaciones periódicas, lo que nos hace más fácil la consulta y la investigación. Sin textos como el suyo las búsquedas actuales se nos vuelven muy limitadas porque los novísimos nombres se desconocen y el tiempo, el uso y la costumbre tiende a ignorarlos. Gracias a esta exposición reflexiva y detallada, el acopio, la selección y el juicio futuro se podrán realizar con mayor efectividad.

Cancel_Literatura_NarrativaEs riesgoso exponer datos, nombres y productos de lo inmediato. El tiempo se encarga de ir borrando muchos de estos expositores porque abandonan la producción, se dedican a otras disciplinas, destruyen las obras al renegar de ellas y se olvidan. Con el tiempo también desaparecen las obras en tablilleros de bibliotecas públicas y privadas, engavetadas y archivadas por la desidia, el prejuicio, la mala fe y la ignorancia. Por eso, cuando no existen obras que articulan la producción actual, la mayoría de estos nombres recientes se vuelven crasa información de volúmenes que sólo conocen  los estudiosos y los curiosos de la historia literaria. El texto intenta romper con aquellos patrones.

Cancel tiene argumentos válidos para ganar nuestra atención, también cuenta con un bagaje cultural que le da autoridad para opinar sobre las obras y su posición en el espacio de las letras. Demuestra que ha buscado con interés, que ha vivido experiencias enriquecedoras, tanto con las obras, como observador, y como crítico y conocedor de los intereses de los autores. También ha reflexionado sobre los procesos históricos en que se han producido las obras.

El volumen comienza con lo que llama “Una aclaración (in)necesaria.” Nos aclara que la universidad no es un foro que propicie la discusión de las obras recientes, por lo tanto entiende que su texto ayuda a rellenar esta vacío, aunque reconoce que la universidad no es el único foro válido con el que se deba contar para este propósito. Su examen, necesita aclarar, no es uno de tipo autoritario, para el cual una ausencia es un juicio de valor. También prefiere abordar obras que no están escritas por las personalidades más discutidas en los medios académicos. Esta preferencia es de gran relevancia porque muchos de los textos con nombres tan inclusivos como Literatura o Narrativa puertorriqueña solamente incluyen dos o tres figuras, las que ya todo el mundo conoce, e ignoran el resto de la producción, la que muchísimas veces merece tan siquiera el reconocimiento del esfuerzo realizado.

Realizada la aclaración, discurre sobre el contexto en que se manifestó originalmente la Generación del 80, sus diferencias y deudas con la del 70. Afirma que esta Generación del 80 se creó en medio de una crisis similar a la sufrida por las generaciones del 60 y del 70. Su producción se da en una época post industrial que ocupa la mitad de la siguiente, la del 90. Los creadores del 80 pasaron por una etapa de transición que los hizo producir, de forma similar a los intereses de la anterior generación, una literatura testimonial, de ataque contra el capitalismo deformante y cosificador, de radicalización de procedimientos escriturales, de ataque a los medios y a la sociedad de consumo. Entre los nombres más destacados de tales cruces  generacionales se destacaron Edgardo Rodríguez Juliá y Luis López Nieves, los que desarrollaron “una querella contra los procedimientos interpretativos del pasado”, (p.12).

mario_cancel_lectorHacia 1985 hubo un retorno a la cultura “iconocéntrica” o de dominio de la imagen, resultado de la filosofía cuántica y relativista que desarrolló la inteligencia artificial. Esta etapa es de hiperconsumo extremo, que afectó toda producción inteligente en la época de la globalización (p.24-35). Tales interpretaciones se desarrollan en el apartado “De la tardomodernidad a la postmodernidad: una etapa de teoría cultural. Los autores se transforman con la revolución de la Internet, circunstancia que reforzó la identidad generacional.

Lo acaecido luego de los 80 se interpreta en otros apartados como: “Leer y escribir después del 1980,” “Del 1990 acá, ¿qué hay?, los que se complementan con apéndices sobre las publicaciones en revistas, sobre la tecnociencia y sobre algunas antologías que le permiten avizorar lo que se espera en el siglo XXI: “La literatura puertorriqueña ante el siglo XXI: mito y promesa.  No deja de ser muy interesante y acertada su interpretación sobre la negritud de esta  misma sección. Para él mucha de esta literatura se realizó de acuerdo a la visión del “darkest Africa cimentada en las preconcepciones del continente bárbaro, cargado de una sexualidad natural y de primitivismo,” de exotismo turístico que supone una “sexualidad innata de la raza negra,” p. 171. Esta sección está conformada por conferencias diversas, la que incluye: “Enrique Laguerre: Una reflexión desde los ochenta,” (p.220).

Cancel trata de agotar el panorama buceando por temas y tratamientos, con nombres de obras y de autores de una manera que merece encomio. Muchos de estos nombres ya son significativos en el panorama. Son los antologistas, los poetas, los novelistas, los prosistas, los que se han lanzado a la Internet, los grupos universitarios en todas las áreas cardinales, hasta las de menos difusión. Ante este panorama enorme Cancel nos revela las razones que explican, según él, cierto gusto por lo irracional, por la violencia, la preferencia neopopulista, las asociaciones con el dadaísmo, el cubismo, el expresionismo y el surrealismo, mostrándonos una total heterogeneidad que amerita nuestro cuidado.

Las particularidades de estas argumentaciones de Cancel  se dan dentro de una meditación relajada y seria sobre la genealogía del proceso literario, el que percibe como uno de resultados socioeconómicos más que unilateralmente culturales. Y con esta visión coloca el proceso actual de nuestras letras dentro del proceso global, no dentro de un insularismo tardo e imitador.

Narradores 2000 : La parodia de la modernidad en El silencio de Galileo


  • Mario R. Cancel
  • Escritor e historiador

El silencio de Galileo (Norma, 2009) del novelista puertorriqueño Luis López Nieves, cuenta la historia de otra indagación apasionante. Si en El corazón de Voltaire (2006) el problema era la autenticidad de una reliquia. Ahora se trata de la paternidad de un invento: el telescopio. Lo cierto es que el lector se encuentra ante dos iconos de la modernidad engastados en un par de arquetipos de la rebeldía de la razón.

L_Lopez_Nieves

Esos signos, uno surgido en el siglo 17 y otro en el 18, enfrentaron con las armas de la ciencia y la razón el autoritarismo neoprovidencialista y los prejuicios cristiano-medievales, respectivamente. El papel de la duda en torno al poder de la autoridad y la tradición, fue consustancial en ambos casos. Se trata de actitudes propias de la retadora cultura burguesa, asunto del cual López Nieves está muy consciente tanto como cualquier otro lector de historia.  Estas novelas, sin duda, pueden leerse como una celebración del mundo moderno pero, desde mi punto de vista, representan mucho más que eso.

Ambas búsquedas noveladas inciden en el hecho de que el icono se reduce a una sombra sugerida que transita entre la selva digital que se construyen Ysabeau de Vassy,  Roland de Luziers y sus corresponsales a través del correo electrónico. El asunto teórico central pierde su protagonismo ante las acciones del investigador y sus aliados. La novela está en otra parte, el trasfondo histórico es un pretexto locuaz.

Del mismo modo, los personajes se reducen a una voz que viaja en el cibermundo, entre hipextextos invisibles pero concretos cuyo aspecto apenas se sugiere en los juicios casuales del interlocutor también casual, como si se tratara de un mero boceto. La Internet es un mundo paralelo real en donde todo ocurre sin ocurrir. Más que ningunos otros, estos personajes son puro texto. La belleza tentadora de Ysabeau se sostiene sobre el exagerado lenguaje seductor de Luigi Nolfo, un caballero trasnochado y ridículo, y las sugerencias lésbicas de  Pauline Taillardat.

Lo cierto es que un nuevo tipo de hiper-irrealismo virtual se consolida a través de estas dos interesantes narraciones. La rareza y el atractivo de los personajes de López Nieves, radica en que nunca están allí físicamente. Se trata de figuras etéreas, inciertas y desdibujadas. Los rostros, los cuerpos son accesorios que el lector inventa, si así lo desea, acorde con su prejuicios e interpretaciones. Mi imagen de Ysabeau es, por demás, muy tropical, vulgar y juguetona.

La apelación constante a los avances de la revolución digital, un más allá imposible de imaginar siquiera aún desde adentro de la revolución tecnológica de posguerra, establece un contrapunto interesante. El silencio de Galileo desmantela un mito de la época del barroco en el escenario de los recursos de la Internet. Voltaire se reduce ante los avances del conocimiento del genoma humano. El patético final del mito de Galileo, deja teóricamente al genio y al idiota en una posición similar. El efecto es disyuntivo: la celebración de la modernidad se ha convertido en una burla atroz.

La otra parodia de la modernidad radica en el manejo de la imagen del historiador que elabora el novelista. El historiador moderno fue el sacerdote más respetable de la nación: después de todo él la inventa, la organiza y la formula. Pero los historiadores de López Nieves son otra cosa. La imparcialidad y la mesura, dos valores de la historiografía profesional burguesa, no están presentes en Ysabeau. Esta mujer ha perdido toda la mesura.

GalileoLas pasiones, las apetencias, las ambiciones, la voluntad de poder, pienso en los juicios sobre la historia  del ateniense Tucídides o del florentino Maquiavelo, anidan en y se posesionan de esta mujer virtual y la llenan de una humanidad incuestionable. La identidad de Ysabeau se conforma sobre la base de ese conjunto de absolutos pasionales que la conducen a darlo todo en nombre de la gloria del hallazgo inconmensurable. Ysabeau está más allá del bien y del mal, se encuentra fuera del marco de la ética ¿quién no lo está en la postmodernidad salvaje? La conquista de una presumida verdad así lo justifica.

El historiador en López Nieves es un documentador salvaje –un erudito rapaz-. Pero también funciona como un manipulador o un mentiroso compulsivo. Ysabeau es un caso sicológico que parece manifestar múltiples personalidades. Es una mujer impulsiva y vanidosa, una obsesiva contumaz que ve el pasado como una posesión posible que se toma como en medio de un abordaje. Pero ocasionalmente funciona como un detective o un criminólogo especializado en las prácticas desviadas de unos personajes que desaparecieron hace cientos de años; o un conspirador experto en desenredar entuertos o capaz de crear un triángulo de cuatro lados como planteaba uno de los problemas clásicos de la escolástica  medieval.

El silencio de Galileo parte de un engaño calculado e inteligentemente diseñado. Cuando Luis me habló por primera vez de este proyecto me imaginé un laberinto que él nunca trató: el silencio de Galileo antes de reafirmar “pero gira” ante el tribunal de la inquisición tras su juicio  y su retractación pública. Las posibilidades de filosofar sobre la duda y su contenido eran muy altas. Ahora celebro el engaño de la imaginación del maestro y amigo.

Narradores 2000 : El robo del pasado en la obra de Luis López Nieves


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

“…lo que al principio parecía un rompecabezas (…)

ahora se ha transformado en la clarísima historia de un magno hurto histórico”

Ysabeau de Vassy

La relación del narrador Luis López Nieves con el pasado y sus figuraciones, parece ser una de las claves para comprender su narrativa. Tanto el cuento Seva (1984), como las novelas El corazón de Voltaire (2005) y El silencio de Galileo (2009), representan una propuesta común: se trata de narraciones que, si bien interpelan el pasado y sus prejuicios, en lo fundamental ficcionalizan el trabajo de los historiadores. El elemento común a las tres narraciones  es la teatralización del proceso a través del cual los historiadores elaboran hipótesis, investigan, argumentan y generan sus conclusiones. El hallazgo o la invención de la verdad histórica animan el conjunto de su obra desde 1980.

Galileo

Visto el conjunto, se trata de una apropiación de la Historia en su sentido más clásico. En tiempos de Herodoto de Turii, la encuesta, la indagación o el testimonio, era la fuente más confiable de conocer el pasado. La Historia era Memoria –directa o indirecta- en el sentido más llano del término. La producción del conocimiento histórico dependía de la mayéutica más transparente. En el caso de López Nieves,  los documentos, cartas, papeles sueltos o correos electrónicos en cada caso, representan la diversidad de interlocutores involucrados en la construcción de la memoria histórica consolidada en un relato. La interpelación de los mismos será una responsabilidad compartida por el autor y el lector en su momento.

Me parece que la explicación para esta obsesión lopeznievana se encuentra en su pasión de y por la Historia. El entusiasmo no se circunscribe a la cuestión de cómo la disciplina maneja sus problemas. Los historiadores de López Nieves parodian muy bien ese ámbito pero, a la vez, llenan de humanidad una profesión que durante mucho tiempo aspiró ser tan antiséptica como las  ciencias naturales. La irracionalidad ocasional de Ysabeau de Vassy o las manipulaciones emocionales de Luigi Nolfo no son ajenas a la profesión. Pero la pasión de López Nieves va más allá de ese detalle. Se trata también de una inclinación extraordinaria por la forma en que ciertos historiadores construyen sus historias y articulan sus imaginarios del pasado: es también una nostalgia por la narración histórica.

Esa pasión se comprende, en gran medida, como una versión  revisada de una idea central de la Modernidad y la cultura burguesa del siglo 19: se trata de la concepción de que la Historia es el yunque de la identidad. No creo que tenga que recordar que una de las preocupaciones fundamentales del cuento y la novela puertorriqueñas hasta la década del 1980 fue precisamente esa. En el caso de López Nieves, como en buena parte de la narrativa del 1970, se trata de una percepción de la Historia y el pasado como un objeto robado.

Los tres textos citados están marcados por esta noción. El lugar denominado Seva, el corazón del intelectual ilustrado e irascible, y la paternidad del telescopio y su simbólico valor destructivo de un mundo obscenamente sumiso a un Dios autoritario, representan algo muy concreto. Son verdades de un pasado subsumido por la mentira. Son espacios de incertidumbre que materializan diversas expresiones concretas del saqueo de un pasado. El Historiador, con sus pasiones y sus técnicas, se convierte en el magus que tiene en sus manos los recursos para restituir las porciones de verdad sustraídas a tres momentos emblemáticos sobre las cuales ha caído un pesado velo de falsedad.

Voltaire

La idea del historiador que recupera un lector enterado al cabo de su lectura, es muy precisa. Los personajes de López Nieves insisten en que historiar significa separar un acto ficcional de un acto real. La responsabilidad es diferenciarlos de manera convincente y definitiva. El proceso de develación se convierte en un juego extraordinario y, dado que lo que se está tratando del resolver es un crimen simbólico, el historiador se mueve como cualquier otro conspirador a través de una madeja de trampas que vencerá, sin duda, en el camino de la apropiación de la verdad.

La verdad siempre implicará la recuperación del objeto robado –el pasado-. Pero el recate no disuelve el impacto malsano del fardo de mentiras que se han impuesto a través del tiempo sobre la primera mentira. Seva-Ceiba y Roosevelt Roads, Voltaire y su doble o Galileo y sus dos silencios, siempre serán realidades evanescentes y cuestionables. La conquista de una verdad no implica la derrota de las mentiras. La racionalidad del investigador puede resolver el conflicto semánticamente, pero no cambiará la realidad. Sin embargo, Luis o Ysabeau siguen afirmando esa obsesión radical por el pasado que en consustancial a los buenos historiadores de todos los tiempos.

En los tres casos, el asunto se ha planteado sobre la base de una estructura análoga. Seva (1984),  El corazón de Voltaire (2005) y El silencio de Galileo (2009), son narraciones montadas sobre una diversidad de dispositivos sueltos carentes de sentido si se les mira de manera aislada. En ocasiones se trata de dispositivos disyuntivos –un texto niega lo que el anterior acaba de afirmar- o sin relación alguna –el entrecruzamiento de varios interlocutores en el correo electrónico es un buen modelo de ello-. La metáfora del archivo inorgánico con el que se enfrenta el historiador me parece patente en este procedimiento.

Las pistas o trazas de sentido, sin embargo, están allí. Se trata del tópico del laberinto que el Historiador imagina ante el caos del pasado articulado en cada archivo. El trabajo del historiador consiste en recuperar las trazas y adjudicarles una estructura. En ese sentido, historiar equivale a producir un mapa. En el caso de la obra de López Nieves, el trabajo del lector es comprometerse o co-conspirar con el novelista, recuperar las trazas e inventar la novela. Leer un texto narrativo de López Nieves es como llegar a un lugar lleno de papeles, objetos y sombras preciadas, con el encargo de inventariarlo y darle un orden. Si al cabo de la última página, el “rompecabezas” se ha convertido en una “historia”, la tarea ha sido cumplida.

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