Narradoras 2000 : Yolanda Arroyo Pizarro, Para morderte mejor


  • Mario R. Cancel
  • Escritor y profesor universitario

En cierto modo, la lógica narrativa de Yolanda Arroyo Pizarro, ha sido completamente subvertida. Los textos de Historias para morderte los labios, colección publicada por Pasadizo con fecha de 2009, representan una rebelión o un atentado contra la otra Yolanda. Origami de letras (2005) fue un inicio interesante con cuentos bien redactados que viajaban entre las ficciones más radicales y las preocupaciones sociales más plausibles. La inquietud por la posición del (la) escritor(a) en el mundo era clara en aquellos relatos.

La novela Los documentados (2005) caminaba por entre la poesía social de un Caribe devastado pero contenía una promesa de salvación para los peregrinos de la miseria. Se trataba de un libro muy humano y de una musicalidad sorprendente que no es común en la narrativa contemporánea que camina a pié seguro entre lo seco y lo frío. Ojos de Luna (2006) fue un paseo por la historia y la feminidad con la originalidad del postfeminismo y el posthistoricismo maduro. Con la lectura de esa colección reconocí que el género y la memoria son ficciones tan frágiles y contingentes como la gota de agua en la tormenta tropical.

Para mi gusto de lector, lo más impresionante de la obra de Yolanda era la tranquilidad con que esta escritora se apropiaba de un presente en cierto modo atroz y enfrentaba sus vericuetos. Historias para morderte los labios revierte todo eso pero, a la vez, continúa a la Yolanda que conozco más por sus palabras que por su persona. La negación nunca es un emborronamiento total de lo borrado.

El título de este libro constituye una metáfora atrevida: sugieren la tentación que despertará en el lector la apropiación de los textos. Es una invitación jugosa que sugiere la humedad del opuesto alquímico que imaginaban los magos al oponer  Sol y Luna. Anunciar la tentación es una manera de propiciarla. Es el acto de la shamana que asegura que lloverá y, en efecto llueve. La polisemia del gesto de morder los labios es enorme. Se muerden los labios por una diversidad de razones: por el deseo atroz, por el placer que se siente del cerebro a los pies, o por el dolor que agrede.en todas direcciones. Todos los gestos convergen en lo mismo: la condición humana que se exacerba.

Las secciones de la colección van in crescendo constante. La primera se apoya en el  tocar. La segunda salta al apretar. La dulce anarquía se consuma en el morder. Morder es un acto que marca la trasformación de lo que se toma con violencia y con fuerza. Pero esa violencia es la que anima a Eros y, mediante ello, evade a Tánatos, la muerte no violenta. La metáfora de una sexualidad que se descontrola –y se goza- es obvia.

La evasión del cuento tradicional, que ya era una marca en la escritura de Yolanda, se radicaliza en esta colección. En ocasiones la narración se diluye de un todo y deja al lector un texto poético amargo como es el caso de “Después de martillar” (23) u “Oda a las Sirenas” (39). En otras la narración aparece, diáfana, con una buena arquitectura y se puede leer un “cuento” en el sentido incómodamente clásico de la Academia Moderna. Así sucede en “Delineador” (13) y “Alguna vez seré Marte” (55).

La gran protesta se ejecuta, sin embargo, contra una concepción manida de la feminidad y la sexualidad. Lo que provoca esa revisión tesonera de los insípidos valores heredados es la tragedia de una existencia que se vive en vilo: madres muertas, padres enfermos, mercados agresivos y animalizados, una Internet que se trasforma en la Cúpula Celeste y el confesionario de una muchachería diezmada por el ocio en la era del hiperconsumo y el hastío existencial, ciudades sucias e incómodas, agresiones sexuales de todo tipo, violencia secular.

La respuesta de los personajes femeninos de Yolanda es evadirse hacia aquellos espacios subalternos que los insípidos valores heredados miran con asco y miedo. Los puritanos se muerden los labios ante el homoerotismo, la droga, los encuentros sexuales casuales, el homicidio, la venganza. ¡Todo escandaliza a la burguesía puritana postmoderna! La desfachatez del lenguaje de Yolanda me recuerda los disparates geniales de Baudelaire en los Cohetes que lanzaba contra la burguesía puritana moderna.

La otra forma de sabotear el orden es el recurso visible de la escritora a la alteridad del signo no occidental. Pero ese tono sordo de una pertinaz Nueva Era merecería un comentario aparte que no puedo elaborar ahora. El hinduismo es un pretexto interesante que valdría la pena mirar con detenimiento.

Lo cierto es que, de un modo u otro, los escritores siempre están asesinando un orden que parece inmortal. Yolanda Arroyo Pizarro es una excelente hitwoman. Con esta colección se ha ubicado en otro lugar narrativamente hablando. Y ese lugar es maravilloso y me gusta.

Comentario sobre el libro de Yolanda Arroyo Pizarro. Historias  para morderte los labios (2009). Guaynabo: Pasadizo.

3 comentarios

  1. Concurro con Marta Aponte y, por ende con Cancel. No sólo la crítica de solidifica con el gesto poético de la prosa canceliana que ya desde Intento dibujar una sonrisa se ha ido sosteniendo, sino porque su ensayo es pertinente al hoy, pasado y futuro de las letras. En cuanto al trabajo de Yolanda, ella se apropió de la narrativa con un decir cuya anatomía del lenguaje usurpa las entretelas de nuestras letras caribeñas para globalizar su pertencia en la literatura que es de todos y para todos los que deseamos mordernos los labios en vez de morder a otros y aniquilarlos…

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  2. Mario, cada vez te despides mejor, o sea, cada vez comentas mejor, o sea, cada vez escribes mejor. Esta serie de reseñas van configurando monumentos en torno a la literatura actual. Entre tanta aridez crítica, impresiona esa capacidad para el trabajo, ese gesto de lector solitario, solidario y arriesgado.

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    • Marta, querida, nada de esto sería posible sin la agresividad de ustedes las(os) escritoras (es). Para escrituras atrevidas, lecturas atrevidas. Y, claro, el espacio ideal es un salón sin espejos y sin retratos para no ver el rostro de nadie en particular cada vez que pienso en la literatura creativa. Funciona.

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