Cuento en Puerto Rico: Recorrido desde el canon hasta su paroxismo y ruptura (Parte 3)


  • Sonia Galindo
  • Estudiante Graduada
  • Pontificia Universidad Católica de Ponce

Otro cuento que merece atención por su intertextualidad pero que en cambio mantiene la valoración por la casa es “No hay lugar como el hogar” de Javier Bosco. En este cuento el autor toma la historia infantil del Mago de Oz para reafirmar su necesidad por la casa. El personaje, Brother Raphy, es un monje que vive en un monasterio en EU pero que por extrañar su hogar y a su madre recibe una especie de maldición al sufrir de daltonismo. En ese recorrido por las experiencias del monasterio se topa con personajes que parecen representar al Espantapájaros, el Hombre de Hojalata, el León y el Mago de Oz, tomando él la representación de Dorothy y el daltonismo como una maldición puesta por una bruja que pasó por debajo de su puerta. Se ve en el texto el elemento de la emigración y la desgracia que trae consigo. Su madre yace enferma en su casa y su padre prefiere no molestarlo pero él se siente deprimido y enfermo como el lado ausente de la triada familiar. La enfermedad toca a su madre, pero el padre se mantiene firme en su posición. Sin embargo, parece ser que el proceso edípico no se ha superado porque Raphy pone rosas frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe suplicando por su mamá. El elemento valorativo reside en la madre y en la patria, no en el padre. El mar es aquello que en vez de separarlo de su familia es, en cambio, lo que puede llevarlo de vuelta a casa. Interesante ver que a pesar de que creció en una isla no sabe nadar, le teme, así como el miedo que infunde el paternalismo e Insularismo por el mar. Este cuento posee características de la tardomodernidad puesto que toma varios elementos con la misma postura pero se aleja o sustituye otros como el elemento padre y mar.

Mario R. Cancel

Francisco Font Acevedo

Viendo brevemente, el aspecto de la destrucción de la casa, vale detenernos en el cuento “El niño” de Mario Cancel. El niño tan esperado en la casa es producto de una infidelidad de la madre negra con el alcalde blanco. Al nacer viene con él la pérdida de vidas y de objetos de valor como la casa, a causa de una tormenta. El niño crece pero queda con poca idea de por qué es así. Con muchas interrogantes sobre su persona, sobre todo su color blanco, llega a la casa que era de sus padres y hace una fortaleza con las ruinas. El nacimiento del niño ilegítimo es una provocación a la destrucción de la casa. La analogía reside en como el país está en ruinas dentro de sí, se cuestiona al igual que en Insularismo: ¿qué somos?, ¿cómo somos? La contestación del autor es que somos un país en ruinas que se desconoce. Es a la vez un intento de reestablecer, reconstruir lo que se supone es el mayor haber de un país: su identidad nacional. Sin embargo, la casa no está en pie, no es un estandarte sino unas ruinas que merecen de mucho esfuerzo para poderse levantar. Aunque se ve el pesimismo, es también notable la esperanza de poder levantarla, así como el país al garete. El tema del hijo nos recuerda el infantilismo, pero este hijo ha traído la debacle al nacer, por ser resultado de una infidelidad los dioses castigan la familia con una tormenta en el mes de marzo.

El tema del padre y la casa será retomado en la posmodernidad pero para motivos totalmente distantes de lo que proponía el canon. “Latex” de Francisco Font Acevedo es la historia macabra de un hombre muy meticuloso con la limpieza y muy comprometido con su familia en los días de “Noche Familiar”. Al salir de su trabajo va a la calle a buscar una prostituta para luego llevarla a compartir con la familia; sin embargo, la sedan para entre todos matarla. El personaje, Antulio, realmente detesta a todos los seres de la calle. La noche familiar consta de esa visita especial del ente callejero que transgrede la casa ordenada por el padre. La “Noche Familiar” no es para reunirse en familia a la mesa sino para nutrirse de un premeditado y ya recurrente asesinato. Es la representación de la casa devorando a la calle; es la casa destruyendo las representaciones de lo marginal, del transeúnte. El padre no es cuestionado por sus actos sino que es alabado y visto como un ejemplo de masculinidad para su hijo. Él es el gran benefactor, puesto que es el que se arriesga en la calle, desde su auto, a buscar su presa. El homicidio ocurre una vez al mes, un asesinato que provoca derramamiento de sangre tal como la menstruación en la mujer. El periodo menstrual es un proceso de limpieza o de renovación, así como de despojo. Este derrame de sangre que viene con el asesinato es la renovación de los lazos familiares a través de la complicidad y la participación colectiva. Si por otra parte, se ve como un despojo o descarga, sirve como representación de la descarga de odio por la calle en su víctima más representativa. Me parece que la casa en este caso toma forma de mujer, quizás vampira al consumir la calle y deshacerse de ella. Por ende el acercamiento a la casa es totalmente tergiversado al significado que le da el canon. Es una transgresión a la norma. Es preciso ver que el uso de guantes de latex es para no tocar la suciedad, poder introducir sus manos y estar en un seudo contacto con las cosas que le causan asco. Los guantes toman el mismo valor que los autos que utiliza para poder desplazarse por la calle buscando una víctima, pero nunca bajando del vehículo, nunca tocando la acera o expuesto libremente en la calle. El auto y los guantes son su protección para acercarse y a la vez lo que lo aleja, lo que impone límites.

Hemos visto cómo la casa y su dirigente máximo toman control en la literatura y cómo a través del tiempo se han trastocado estos temas. Luego de los 70 comenzaron a desplazar esa casa a otros lugares, digamos lugares intermedios. Ya vimos este aspecto brevemente en “Casa clausurada” cuando el hijo se queda frente a la puerta; “El niño” quien hace de unas ruinas su casa, pero que da cierta impresión de que la casa aún sigue en el piso quedando el joven a la intemperie; y “La galería” con la exploración sexual en los alrededores de la casa y su preocupación por la calle polvorienta. Para los años 70 cuentos como “Tiene la noche una raíz” de Luis Rafael Sánchez y “Letra para salsa y tres soneos por encargo” de Ana Lydia Vega presentaban la casa de la prostituta, el motel y el auto. Sobre el aspecto del auto Duchesne dice:

…el auto muta su efecto normalizador del trance de la zona intermedia y su interior se convierte en espacio alternativo de transgresión donde se evade tanto la normatividad tradicional del llamado espacio privado (i.e., la vivienda familiar), como el código público…es situable como posible espacio impúblico. (229)

Nota: Tomado con permiso de la autora de Contra-dicciones

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