Betances, poeta de Luis Hernández Aquino


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

En septiembre de 1986 vio la luz una de esas obras que, sin mucho escándalo, abren brechas en la bibliografía puertorriqueña y señalan rumbos a los investigadores. Se trata del libro Betances, poeta, con prólogo y notas del fenecido Dr. Luis Hernández Aquino.

Esta pequeña joya de la historia literaria nacional, recoge 17 poemas de aquel que con sobrada justicia, ha sido llamado “Padre de la Patria Puertorriqueña” y dos breves escritos de Hernández Aquino, el poeta, dedicados al Dr. Ramón Emeterio Betances y a su amada María del Carmen Henry Betances, la mítica Lita del Epistolario íntimo del conspirador de Cabo Rojo. Completan el texto dos fotos de Betances correspondientes a los años 1859 y 1879 cuando ya su fisonomía había adquirido esa nota de “Sacerdote de la Ciencia” que le reconocía el periódico francés L’Amerique.

Betances, poetaLa profunda conciencia histórica de Hernández Aquino le llevó a publicar esta obra para, según sus palabras, “dar cumplimiento a una necesidad, en el  sentido de que se le tenga en cuenta (a Betances) para inclusión en las antologías de poesía lírica” puertorriqueña (p. 9). Desde 1986 hasta nuestros días, nada se ha hecho al respecto.

Tenemos en nuestras manos una traducción de la poesía que en francés escribió Betances en la cual se ha protegido el ritmo, la rima y la musicalidad del verso. Estas versiones son muy distintas a las que ya conocíamos de la obra poética betencina. El hecho de que conserven en español los movimientos y rasgos del francés, hacen de su lectura una más fácil y placentera y nos permiten apropiarnos mejor de la vena lírica del revolucionario.

La palabra adquiere aquí un tono muy distinto al de las proclamas y la correspondencia incendiaria y comprometida. Estos versos están muy cerca del lenguaje de Epistolario íntimo, los textos más apasionados y sentidos, en el plano humano, del insigne puertorriqueño. Pero aquí la nostalgia romántica domina por doquier.

Tiene Hernández Aquino la virtud de trascender lo que tradicionalmente se comenta de Betances literato. Más allá de la ubicación dentro de la escuela romántica (piénsese en Les deux indiens), de la presencia de Edgar Allan Poe (piénsese en el relato Vierge de Borinquen) y Voltaire (piénsese en Voyages de Scaldado, hermosa sátira de la represión política y los compontes), poco se había dicho de su obra literaria. Notable era la convivencia de los grandes temas del amor y la patria.

Pioneros de su estudio fueron sin duda nuestras Josefina Rivera de Alvares, Ada Suárez y Carmen Lugo Filipi. Hernández Aquino ubica con precisión a través de este texto las influencias de la lírica del último tercio del siglo XIX cuando el fenómeno del imperialismo y la industrialización conmovieron los espíritus sensibles de Europa disparándolos hacia rutas hasta entonces desconocidos o simplemente olvidadas. También en su poesía descubre  “los  gérmenes del nuevo arte” (p. 12) parnasiano y simbolista que Gerard de Nerval, Teófilo Gauthier, Charles Baudelaire y, en cierto modo, Paul Rimbaud, el más determinante de la escuela nueva.

Y detrás de toda esa alma grande de luchador y vidente, los anhelos mayores del patriota, “La libertad radiosa, / soberana y serena…” (p. 61) como motivo último.

Luis Hernández AquinoBetances, poeta es un verdadero llamado al lector puertorriqueño para que mire hacia Betances y ratifica algo que para nosotros es verdad incuestionable: que en Betances tiene Puerto Rico, al decir de Carlos Rama, “la figura más grande de la historia nacional puertorriqueña”. Todo lo que falta por hacer con la apoteosis betancina es un sueño de patria y será siempre también un tributo a los que, como Hernández Aquino, sintieron ese imperativo.

En 1986 le escribí a don Luis, así aprendí a llamarlo de Carmelo Rodríguez Torres, una nota para comprarle dos ejemplares de este libro y que, de paso, me remitiera una factura porque yo sabía lo difícil que era hacer un libro en esta isla. La respuesta de don Luis fue muy sencillas:  “Me conformaría con que lo recomendara a sus estudiantes, no sólo por lo que representara económicamente, sino por reparación a Betances, el poeta olvidado, cuyo procerato poético anda en sombras por esas antologías e historias de la literatura. Me pide usted una factura, eso me enoja; mucho le debo a Carmelo, y en tratándose de usted me complazco con su amistad y las muestras que ha dado de admiración e interés por mi obra literaria”.

Desde la eternidad Betances y don Luis también sueñan en la Patria.

Publicado en Visión: In-up 30 de abril-13 de mayo de 1992: 10.

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