Narradores 2000: C. J. García, Terror, Inc.


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

 

García, C.J. Terror, Inc. Guaynabo: Alfaguara, 2006. 200 págs.

Una novela policial futurista que juega con la hipotética república asociada de Puerto Rico a fines del siglo 21 siempre es un fenómeno interesante. Pero si el personaje central de la misma es un terrorista profesional activo en una La Organización y utiliza la violencia como un instrumento estético, entonces Terror, Inc. puede ser leída como una reflexión sobre el presente.

C. J. García

C. J. García

Si por añadidura, la república asociada es un reformulación de la libertad moderna diseñada para vacilantes, y ha sido creada mediante una decisión unilateral de Estados Unidos, y La Organización es un subproducto del mercado todopoderoso, no cabe duda de que la narración ha tomado el cariz de una conversación radical con el presente y sus monstruos. Esa es mi interpretación de la propuesta de C. J. García en esta valiosa novela La distopía futurista que genera es un mundo de pesadilla, envés de un presente de incertidumbre.

El desprecio a la vida humana en ese futuro ilusorio, conduce al personaje a dulcificar la noción “terrorista” mediante el concepto “acelerador de destinos,” un recurso que recuerda el concepto “terminator” que sustituye al de “ciberasesino” en un popular filme americano. El asunto no deja de tener una perversa lógica histórica. El gobierno del “terror” de Robespierre aspiraba precisamente a eso: “acelerar” el camino hacia la “libertad” mediante la violencia. Las vanguardias que celebraron la guerra la apropiaban como un acto de placer sumo. El “terrorismo suicida”, cuando es religiosamente fundamentalista, es un atrecho hacia un espacio de salvación, llámese paraíso o heroísmo civil.

Morir por una causa es parte de la mitología de la gloria que occidente ha heredado de la tradición judía por medio de la cristiana. Morir por algo es una forma de la sumisión y la obediencia, pero también es un gesto supremo de poder.

La otra parodia es la de la soledad en el mundo postmoderno. El terrorista paga un Escort Service por la compañía de Divina con el único propósito de hablar, de cancelar la incomunicación que su situación le impone. Esa curiosa hetaira postmoderna y futurista está muy lejos de la prostituta ritual o del puro servicio sexual pagado. El hecho de que la misma se alquile en línea, el nuevo dios al que se piden todas las cosas y se preguntan todos los significados en la era del hipermercado y la informática, no debe ser pasado por alto.

Garcia_TerrorEl gusto por la violencia obtiene su pretexto en una colección plagada de rudeza que solo se justifica en la forma de la llamada voluntad de Dios: la Biblia. Someterse y morir a manos de otro es fácil cuando se vive como un personaje bíblico, un referente mordaz de la estética de la violencia que siempre tiene un escritor a la mano. La patología del terrorista se desarrolla sobre la base de ese mundo.

Pero inventar el asesinato de Miss Reyes, su maestra en la infancia, manifiesta la aspiración a romper con una tradición autoritaria y, tal vez, con el pasado colectivo mismo. El terrorista no tiene como referente principal en su proceso de autoinvención al logos hipócrita. El papel del cine y la Internet ha sido crucial en ese proceso de construcción identitaria. Papá y mamá han tomado la forma de una pantalla y una imagen digital confiable.

En adelante, el relato es un buen juego con la idea de cómo y por qué se mata con una lógica que recuerda la mordacidad de los gnósticos ante el asunto supremo de Yaveh interpretado como un simple e imperfecto demiurgo. En esta primera novela de C. J. García hay algo de la tradicional novela de aventuras y numerosos elementos picarescos. El Dr. Redondo es un personaje hiperbólico y hasta carnavalesco. Las ideas sobre la belleza del acto de matar recuerdan los argumentos de De Quincey en El asesinato como obra de arte y el Alfred Hitchcok en su clásico fílmico La soga. El refinamiento del terrorista y su amor infinito a la vida animal, animan al lector a indagar esa lógica antihumanista que ha dejado de ver al hombre/mujer como el sumun de la creación.

Terror, Inc. es una novela que tolera numerosas lecturas y que debe ser apropiada con cuidado por lo que propone. Su relación con el mundo de comic no debe pasar inadvertida. En un momento en que la narrativa puertorriqueña ha dado un giro tan dramático, esta puede ser un modelo interpretativo y una clave.

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