Narradores 2000: Francisco Font Acevedo, La belleza bruta


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

 

Font Acevedo, Francisco. La belleza bruta. San Juan: Tal Cual, 2008. 319 págs.

 

La belleza bruta: una teoría estética. Comentario I

¿Cómo sintetizar la propuesta narrativa de Francisco Font Acevedo en La belleza bruta? ¿Cómo hacerlo en pocas palabras? La densidad de estos relatos me impone una aproximación en esencia panorámica. Debo olvidarme de los detalles. De otro modo, me perderé en medio de la diversidad de asuntos que puebla estos textos.

En cierto modo, lo más interesante de este libro es su disquisición sobre la estética. La narrativa de Font Acevedo hace una sugerencia concreta respecto a dónde se encuentra la materia prima de la literatura disponible para ser reelaborada. La respuesta no es difícil de determinar: está en todas partes, urbi et orbi el escritor se topa con las piezas que admiten ser reorganizadas en la obra literaria.

Francisco Font Acevedo

Francisco Font Acevedo

El rasgo determinante de esos trozos dispersos es su carácter bruto. Esta noción implica la celebración antimoderna de lo natural y lo irracional. En su sistema de pensamiento, Font Acevedo administra lo que encuentra en estado bruto para su reinversión en lo bello. Pero ese proceso no se ajusta a la estética clásica o a la burguesa que tanto ligaba lo bello al orden o al bien. En su praxis, escribir no significa someter el discurso a un proceso de refinamiento o estructuración.

Por el contrario, en los textos de Font Acevedo la brutalidad de la impureza y la falta de estructura se proyectan por todas partes. Esta narración transvalorada en que lo estético y lo antiestético se diluyen en un palimpsesto comprensible, es la misma de Friedrich Nietzsche en su juicio sobre la moral según la explica en su genealogía: aristos y kakos son construcciones vulgares.

La idea de la belleza bruta sugiere una contradicción y un reto. Lo bello siempre ha sido el producto de la censura. Es la consecuencia de la medida y de la poda que implica el proceso de refinamiento que ejecuta el artífice. Hay algo de la interpretación de Michel Foucault en este aserto que discutiré en otra ocasión. Si se parte de esa premisa la belleza bruta es un sinsentido porque está ausente del trabajo del artista. Además la brutalidad también implica la ausencia de límites o de freno.

Font Acevedo acude a ese lugar de las contradicciones estéticas de una manera que, me parece, es muy consciente. Entonces comienza a escribir sus textos. Lo que consigue es la imagen desarticulada de un hipotético todo que reconoce como una mera pretensión utópica. Como historiador de la cultura conozco bien el sueño de totalidad de la intelectualidad ilustrada del siglo 18, y el de la intelectualidad de la Primera Pos-Guerra en el siglo 20. La segunda cuestionaba el sueño de la primera y establecía una de las bases del pensamiento postmoderno. Las consecuencias de aquel debate han sido la debacle del concepto de totalidad y la quiebra de sueño del universalismo.

La propuesta estética de Font Acevedo no renuncia a la posibilidad de una totalidad o a su sugerencia como una meta. La fuerza bruta es una hipótesis de trabajo sobre un pretendido todo. El mismo esfuerzo estaba presente en la vital obra de Julio Cortázar, Rayuela (1963), entre otras muchas. Lo que sí está ausente, condición que me parece una renuncia pensada, es la necesidad de que esa narrativa refleje algún tipo de articulación racional o que celebre valores vinculados a un cosmos probable.

Acevedo_La_belleza_brutaPara lograr ese efecto relacional, Font Acevedo dispone de una serie de redes de articulación que funcionan como los vasos comunicantes de unas pipetas de laboratorio. Se trata de personajes que se repiten, situaciones que se re-visitan desde diferentes conciencias o estados de conciencia, acontecimientos que se observan, otra vez como Nietzsche, desde perspectivas alternas.

El conjunto de La belleza bruta está constituido sobre presunciones típicas del holismo filosófico. El holismo acepta que la suma de las partes no corresponde al todo. De ese modo, las partes conservan su carácter de micro-universo a la vez que sugieren la posibilidad de un todo más o menos orgánico pero fluido y cambiante acorde con las transiciones de las partes. La complejidad de una narrativa que se construye sobre esa bases ya las conocemos desde El cuarteto de Alejandría (1957) de Lawrence Durrell, o desde la escritura del ensueño y la memoria que nos dejó Marcel Proust en Por el camino de Swann (1919).

La otra frontera que debo discutir es sencilla. ¿Qué género estoy leyendo? Otra vez las argucias del canon me resultan inútiles. A veces se trata de un conjunto de cuentos, otra de una novela a la deriva o fragmentada que vuelve a cuestionar la idea de la totalidad que ese género impuso durante el siglo 19. Otras, se trata de varias novelas cortas y un conjunto de relatos temáticos. Las fronteras de estas ficciones de Font Acevedo, sin embargo, están bien definidas: los personajes de “Guantes de látex” (15 ss.) retornan en “Zigzags del Hotel la Esperanza” (275). El efecto de circularidad se ha consumado: la serpiente ha vuelto a morderse la cola.

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