Entrevista con Mario R. Cancel: De tinta y papel


 

“Para mí, escribir es algo muy estabilizador. Es una manera de completarme y también evadir un montón de cosas que uno no puede derrotar”Mario Cancel

 

  • Mario Alegre Barrios

 

El escritor Mario Cancel -autor de “Literatura y narrativa puertorriqueña: la escritura entre siglos”- reflexiona en voz alta en torno a su oficio de palabras.

A pesar de todo lo que asegure su ADN, lo cierto es que Mario Cancel parece estar hecho fundamentalmente de tinta y papel, como un gran libro bípedo articulado por todos los textos que ha leído a lo largo de su vida, por todas las palabras escritas que por su mirada han pasado y -sobre todo- por la promesa de todas las que le aguardan cada vez que amanece.

Esa noción crece mientras conversamos, a medida que se van revelando las epifanías que han definido inexorablemente al lector irredento e insaciable de cuya entraña ha nacido el autor de Literatura y narrativa puertorriqueña: la escritura entre siglos, libro que apadrina el nacimiento de la nueva editorial Pasadizo.

¿Qué otra opción que parecer un libro antropomorfo podía tener un ser que aprendió a leer y a escribir antes de ir al jardín de niños y que al cumplir los 15 ya había leído a Ortega y Gasset y a Unamuno?

Generación del 1980

Generación del 1980

De hecho: no soñó con otra cosa -asegura- que ser escritor, mientras devoraba cada libro que caía en sus manos allá en su barrio en Hormigueros. “Esto tiene mucho que ver con mi hermano, que era un niño muy curioso… muy raro, muy inteligente, un año mayor que yo y que me enseñó a leer y a escribir antes de ir al jardín de niños”, recuerda. “Cuando llegó la etapa de descubrir pasiones, la pasión por la lectura fue avasallante. Mi hermano y yo leímos desde los 10 u 11 años… mi madre nos buscaba libros en las pocas librerías que había en Mayagüez”.

Su madre era obrera en una fábrica y su padre, chofer de carro público. Ambos aprendieron a respetar lo que Mario quiso hacer con su vida, aunque albergaban la ilusión de que fuese maestro de escuela en una época en la que este oficio era considerado noble y de gran prestigio. “Cuando entré a la universidad comencé en Ciencias… en Física, pero al cabo del primer año ya había derivado hacia las Ciencias Sociales”, rememora.

Con un equipaje literario ya bastante considerable para esa época -con buena parte de la obra de Baudelaire, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas y Rimbaud-, Mario señala que el lector dio paso al escritor de manera natural, con par de ejercicios poéticos antes de cumplir los 25. “Empecé con la poesía, no sólo como un trabajo literario, sino como un descargue emocional”, acota. “A esa época se remonta mi primera obra: Estos raros orígenes, de 1991… antes de eso -en el 85- participé con esos poemas en un certamen para poetas jóvenes y gané”.

De esos años, Mario conserva infinidad de manuscritos que nunca abandonaron los límites de su biblioteca, textos que aún le provocan “una gran emoción porque soy en parte eso y son parte de mi camino”. “Si no hubiera hecho eso, quizá nunca hubiera tenido la madera para ser más profesional… leo esos poemas y siento que varios de ellos tienen arreglo. Me forjé siendo un anárquico y sigo así… la izquierda prescindió de mí en algún momento y con el paso del tiempo me he dado cuenta de que las personas tienen la tendencia a seguirte viendo como fuiste y no como eres”.

Catedrático asociado en Historia del Recinto Universitario de Mayagüez, Mario acepta que en principio abrazó la pedagogía “por necesidad”, porque tenía que sobrevivir, pero que poco a poco se sintió seducido por la posibilidad de enseñar en el contexto universitario, nunca en otros espacios. “Esto de dar clases se lo debo a varias personas”, acepta. “Primero lo hice en la Universidad Católica, luego en la Universidad Interamericana de San Germán y Mayagüez y más tarde en la UPR de Aguadilla… siempre en el Oeste. En el área metropolitana sólo he dado clases en la Maestría de Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón… porque Luis López Nieves puede ser muy insistente… y también porque Maribel (Rivera Ortiz, su esposa y escritora) estudiaba ahí”.

 

El libro

La historia de Literatura y narrativa puertorriqueña: la escritura entre siglos, es vieja -dice- y viene de su preocupación por ese quehacer en el ámbito nuestro en las últimas décadas. “Más o menos desde 1986”, acota. “Se empezó a fraguar con los primeros debates entre los jóvenes contra los no tan jóvenes, una pugna que se dio en la prensa y en la revista Mairena. En 1994 hice un par de congresos en el Oeste sobre nueva literatura con muchos autores de los 70 y más recientes. Ya para el 2000 esa mirada a la nueva generación se había consolidado, a partir del reconocimiento de las diferencias en la literatura puertorriqueña de diversas épocas, con explicaciones de diversas naturalezas: emocionales, sociológicas, políticas… en fin. Desde fines de los 80 percibí esas diferencias, algunas pedestres, quizá, pero que se podían consolidar en una nueva escritura”.

Literatura_pasadizo

Mario hace énfasis que su tesis no es nueva, que no se trata de una visión de mundo inédita, sino que simplemente la ha depurado como lector. “Los criterios para armar este libro tienen que ver fundamentalmente con mi gusto y en ese aspecto debo aceptar que soy bien egoísta”, dice con una sonrisa. “Éste no es un libro de crítica sino una reflexión de lectura. No intento codificar a nadie, así de sencillo. La selección tiene que ver con mi experiencia de lectura y yo soy un lector voraz. Leo todo lo que me cae en las manos. Quise elaborar un discurso sobre lo que se escribe actualmente… la informalidad de este trabajo radica en que la fuente es mi propia biblioteca en la que tengo entre 9 y 10 mil títulos. Es un proyecto de naturaleza totalmente doméstica. La gente que me manda un libro a casa sabe que los voy a leer, nunca lo pongo a dormir, ésa es una falta de respeto”.

Mario añade que el deseo de escribir este libro fue abonado por un seminario de narrativa puertorriqueña que dictó en la USC y en el que lo menos que pudo discutir por razones de tiempo fue la literatura puertorriqueña más reciente.

“Así que creo que con este libro saldo de alguna manera esa deuda”, dice con su proverbial sencillez. “Es una discusión sosegada que espero resulte iluminadora para quienes entren a estas páginas. Dos de los editores de Pasadizo estuvieron en ese seminario… con el tiempo me hablaron del proyecto de su editorial y les dije que tenía este libro en la gaveta. Me lo pidieron para publicarlo y se los dí con mucho gusto. No sé si es un riesgo o no entregar un libro a una editorial que comienza… tampoco me interesa. Lo he hecho con mucho gusto. Si es un riesgo para mí, también es un riesgo para ellos. Al final de cuentas, escribir es un riesgo. No tengo esa preocupación… mis pasiones están en otro lado”.

 

El placer

Autor de libros como Los pequeños cantos de la casa del canto (Inédito, 1994-1995) finalista en el Letras de Oro de la Universidad de Miami en 1995; Antifiguraciones: Bocetos puertorriqueños (Isla Negra, 2003) e Intento dibujar una sonrisa (Terranova, 2005), Mario acepta sin reservas que es en la narrativa donde es “más feliz”. “Esta felicidad no tiene nada que ver con lo profesional o con lo intelectual”, asevera. “Es una plenitud que está más allá de las palabras cuando estoy inmerso en un proyecto de narrativa, por el simple e inmenso placer de contar, de escribir y volver sobre lo escrito, podarlo, reescribirlo… en fin. La historia no me da tanto placer, pero sí satisfacción. Escribir no me causa angustia… si así fuese, no escribiría. No soy amigo de las angustias… éstas no son buena musa. Para mí, escribir es algo muy estabilizador. Es una manera de completarme y también evadir un montón de cosas que uno no puede derrotar”.

Mario considera que nunca como ahora la escritura en Puerto Rico tiene estupendas posibilidades, más aún que en los 70 y 80. “Así lo siento: creo que los escritores poseen ahora mejores oportunidades para que sus textos lleguen a las librerías y, con ello, al público lector”, dice. “Le sigo apostando al papel, al libro tradicional. Me parece que le queda mucho tiempo por delante”.

Para un lector de la naturaleza de Mario, pedirle que escoja sólo tres libros para pasar el resto de su vida a una isla desierta no deja de ser un atentado a su cordura. “Las flores del mal, de Baudelaire, un tratado del historiador Mark Bloch y… no sé. Si esa fuese el planteamiento creo que mejor me suicidaría”, asevera arqueando las cejas.

-¿La mejor lección que te ha dado la vida?

“Ser paciente”, apostilla sin dudarlo un instante. “Escribir es cuesta arriba. Escribir no significa que vas a ser leído. Uno tiene que hacerse a la idea de que a veces se escribe para nadie, para una plaza desierta. La selva del escritor es bien compleja, amenazante en muchos sentidos. Yo me mantengo alejado de la selva. En mi caso es bien sencillo: vivir en el Oeste me permite hacer las cosas sin mucha presión externa y concentrarme en mis pasiones: leer y escribir”.

 

Publicado originalmente en http://www.endi.com/noticia/cultura/flash!/de_tinta_y_papel/235963

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