Narradoras 2010: Dalia Stella González y En el umbral de tu voz


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

Dalia Stella González. En el umbral de tu voz. Carolina: Terranova, 2013. 162 págs.

Una primera lectura de la novela En el umbral de tu voz, Dalia Stella González, me dice que la escritora relata la historia de una familia de clase media común cuya “normalidad” se ve alterada  por el hecho de que su hijo es diagnosticado con autismo. La autora inicia su relato in media res. El lector tendrá que imaginar el pasado del chico con las pocas pistas que ofrece la narración. es pasado sin embargo importa poco a los fines de este libro. Isaí y Lara reaccionan de manera dispar, pero predecible, ante la situación de Sergio. El padre vivirá una vida de trabajo intenso para compensar su “fracaso” con una vida socialmente exitosa. Se niega a aceptar los hechos y evade a su hijo. Isaí parece incapaz de aceptar aquellos hechos por los costos que podría tener para su carrera profesional como arquitecto. La madre, una profesora de literatura, sacrificaría su vida profesional para estar cerca de su hijo. Lara, una artífice de la palabra, tiene ante sí un opuesto en Sergio al cual se le “caen” las mismas. Un fuerte sentimiento de tragedia ahoga a la pareja que se encuentra en el borde una ruptura total y la incomunicación. Todos estos hechos ocurren dentro de las más predecibles convenciones.

Dalia Stella González

Dalia Stella González

Ahora bien, la tabla de salvación de Sergio y a la vez, punto donde se establece la frontera entre lo convencional y lo mágico, es el momento en que Cintia, su maestra, lo pone en contacto con la música. Sergio se convierte es un violista prodigioso que, dado que se le “caen las palabras”, habla con la matemática del sonido, el ritmo y la melodía. Al final, apoyado en su viola, Sergio prorrumpirá  con la palabra y causará una revolución que nadie podía imaginar. El contagio de la comunicación natural y primitiva se reimpondrá cuando las autoridades pongan en peligro el “atentado” que implica la recuperación de la solidaridad cuando se trate de impedir que el niño toque la viola en el andén del tren. Esa es la sinopsis de la historia llena de humanidad que está detrás de esta novela.

Una segunda lectura me dice otras cosas. Otra novela dentro de este volumen tiene que ver con una sociedad en crisis en donde el autismo de Sergio se convierte en la metáfora precisa para diagnosticar  un mal colectivo. Numerosos aspectos del presente “postmoderno” que yo resiento cada día, están magistralmente retratados en el escenario urbano que construye la autora. Ciudad Lear/Real, es pura contradicció. Los mecanismos que articulan la vida en Lear/Real recuerdan lo mismo la Utopia insular de Tomás Moro, que la Ciudad del Sol de Tomasso de Campanella. En ambas civitas la garantía de paz lo constituía el orden, pero el orden era la negación de la libertad por el fuerte olor a anarquía que ese concepto siempre produce.

El poder en Lear/Real, significado en Hugo Roncayolo, recurre a las mismas fantasmagorías que sedujeron a los pensadores ilustrados del siglo 18. Detrás de ello lo que se manifiesta es esa enfermiza ansiedad por la “armonía” que soñaron los sociólogos positivistas del siglo 19. Esos mismos paradigmas animan a Hugo, hombre fuerte de Lear/Real, en su administración de aquella ciudad funcional pero vacía. El hecho de que Monyeau, corazón y zona de los artistas, sea un campo de concentración para las peligrosas emociones, me parece emblemático.

Lo que pasa es que la “armonía” y el “orden” que se manifiestan en el Lear/Real postmoderno, se apoyan en índices incomprensibles para los siglos 14 o 19. Me refiero a la enajenación y el solipsismo que produce el consumo conspicuo de tecnologías que separan al ser humano del mundo, lo desconectan y lo insensibilizan con respecto a lo que ocurre a su alrededor. El mercado de una comunidad nacida para consumir, como diría Zygmunt Bauman, desune y aísla, hace innecesario el contacto visual sea físico, auditivo u olfativo. Muerta la capacidad animal o instintiva de acercarse y apropiar al otro, la posibilidad y la necesidad de entender perece. Lo que la autora sugiere es que la sociedad padece una forma autismo estructural colectivo.

Gonzalez_UmbralDesde este punto de vista, En el umbral de tu voz es también una narración que posee un fuerte discurso social contestatario. La imagen de Lear/Real me sumerge desde la ficción de González en el presente neoliberal. Lear/Real es como un complejo de megatiendas en donde  numerosos especímenes humanos, meros seres zombificados armados de dinero plástico, viven dispuestos al flagelo del consumo mientras pululan en busca de un sueño material que tiende a convertirse en pesadilla. El individualismo radical, uno de las entelequias más persistentes de la filosofía de David Hume, mina su humanidad.

La otra crítica del presente de crisis se afirma en la figura del alcalde Hugo Roncayolo. Hugo es el genial signo del utilitarismo dominante, un personaje cargado de fortalezas y debilidades, como cualquiera otra que disfrute de algún poder en el presente. Hugo ve en el Sergio autista que toca magistralmente la viola en la ruta del tren Metaphoris/Metáfora camino al corazón de Lear/Real, un acto de intimidación y un sabotaje a su megaproyecto: la construcción de la Torre de Lebab/Babel. La paradoja es que lo que Hugo pretendía hacer con Babel/Lebab -reinstituir la unidad social-, lo conseguirá Sergio mediante el arte que lo libera. Por eso el chico especial constituye una amenaza al presentar la posibilidad de rehumanizar a la ciudadanía por medio de la emocionalidad y la matemática sonora. Hugo, presionado por los grandes intereses materiales que están detrás del megaproyecto, prohíbe la expresión del chico y cierra el tren.

A partir de aquel acto, ocurre un 14 de julio o un 25 de octubre, sin Bastilla o Palacio de Invierno, tan extraordinario como aquellos. La represión de Sergio es el motor de la conciencia ciudadana. Hugo tendrá que reconocer que ya era demasiado tarde para subsanar el efecto de Sergio y su viola o, como quien dice, el camino de la liberación ya estaba allanado. El lector sabe que se encuentra en el borde una promisoria revolución. Lo político de esta parte de la trama va más allá de la actitud autoritaria de un alcalde más. Detrás de las movidas de Hugo se encuentra El Grupo Locus, un signo del establishment, que ve en el tren Metaphoris/Metáfora, un peligro para su ansiedad corporativa.

Hay otras novelas dentro de esta novela. Este texto merece muchas lecturas en la medida en que consigue reproducir la complejidad de lo simple. González parece hablar desde una postura crítica que se ubica a una distancia considerable de la crítica social dominante. La nominación de su personajes, ofrece pistas sobre una discursividad más preocupada por “sanar” una humanidad espiritualmente “enferma”, que por completar una “revolución” que ayude a fundar un “mundo nuevo” sobre las cenizas  del anterior. Sergio es el protector; Lara es el femenino de casa y la habladora que contrasta con el niño al cual se le “caen las palabras”; Isaí es la obscura esperanza de salvación de un viejo mito judío. El trío constituye una “sagrada familia” que de la disfuncionalidad y la tragedia camina, gracias al milagro de Sergio, la ruta de su recuperación. Lucio, el gran Lucio paralítico que abre las puertas de la música al Sergio, es esa luz inequívoca que el lector espera descubrir en algún lugar de la narración. Me parece percibir una gran cuota de esperanza en la voz de la autora, una esperanza propia de humanistas cristianos que no es muy común en esta sociedad en crisis. Para pensadores pesimistas como yo, eso no deja de plantear un reto y una incógnita.

Cuando Sergio toca por primera vez la viola ante Cintia y su madre, se arriba a un lugar simbólico crucial. De allí en adelante no hay vuelta atrás. Se trata de un nudo de emociones extraordinario, convincente. Cuando Sergio articula las primeras palabras a su madre Lara, la sensación va in crescendo. Cuando habla a su padre Isaí al borde de la tragedia, en el último tramo de la narración, el círculo se ha completado. La palabra, poética o no, se ha instituido como mecanismo de liberación con toda su fuerza.

Esas son tres de mis lecturas. Guardo las demás para el futuro. Una taza de café me espera. Las otras son responsabilidad de quien acepte el reto de leer  En el umbral de tu voz.

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