Fragmentos de correo electrónico


  • José Liboy Erba y Mario R. Cancel Sepúlveda

 

Mario:

Esta mañana, la revista salió para Hormigueros. El cartero estaba bastante alegre, y se dará cuenta cuando reciba el paquete, porque era auditor y ahora trabaja para la Compañía Telefónica en sus ratos libres. El primer consejo que me dio fue cerrar el cuadro de llamadas, puesto que una Maratónica Argentina se llevó, si no me equivoco, todas las cartas que nos escribimos la poeta y yo, con las de Yara Liceaga, y entonces lo vacié para que la Maratónica se quede con el material. Confirme, si quiere, el contenido de la revista que le mando. Debe tener todos los poemas que usted y Alberto publicaron, con algunos otros, el texto Simón dice, y una pequeña obra de teatro para radio. La revista incluye poemas de Lilliana Ramos Collado y Roberto Net Carlo. Ambos aparecen en las glosas de Che, que ahora se titulan Postemporáneos, no tan duramente Poesía Hoy. Espero que le sirva. Por otro lado, no he podido ver El sótano. Casi siempre recibo un número si colaboro en ellas. Tengo otras revistas con cuentos míos. Si le interesan, me lo dice.

Atentamente

José Liboy

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José:

Me interesa mucho su obra para el libro que estoy completando. En el mismo se comentará la poesía de Alberto, la de Marioantonio Rosa. También hay algo de algunos escritores puertorriqueños en Estados Unidos. Allí encaja el comentario sobre la narrativa reciente que quiero terminar.

No he tenido acceso a sus textos porque me tocó crecer y estudiar por acá por el lejano oeste. Los amigos tampoco tienen mucho. Su obra la conozco por lo que se incluyó en la antología, y por Siempre te despides mejor de Isla negra que he leído un par de veces.

Cualquier referencia o fotocopia de sus textos es bienvenida.

Saludos cordiales y agradezco cualquier colaboración

Prof. Mario R. Cancel

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Mario:

Voy a enviarle algunos cuentos recientes por e-mail. El editor Carlos Roberto Gómez dispone de textos que no se han publicado. Probablemente le convenga que los textos se publiquen en el segundo libro. Consta de memorias breves y cuentos inéditos de varias épocas que no aparecieron en el libro que usted leyó. Mi obra se dispersó. Muchas personas se quedaron con textos y no los devolvieron. Otras veces simplemente los perdí en las mudanzas. Leí los poemas de Charlotte, que son muy cómicos.

 

Acuse de recibo:

1) Santa Isabel

2) La bitacora del volky

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José:

Recibidos los cuentos. Te los agradezco mucho. Hablaré con Carlos Roberto a ver si me hace llegar una copia de los relatos que no se publicaron.

Estaba jugando billar en la terraza de mi casa como Heráclito Méndez, el personaje de uno de tus cuentos. Mi hijo nuevo (no es mío, solamente estoy criándolo) no murió en la ruleta rusa. Esta noche se emborrachó por primera vez y ahora lo mandaron a bañarse.

De los poemas de Charlotte me dijo lo mismo Cristóbal Berríos, pero a Yara Liceaga y a una amiga italiana le gustaron mucho. Cristóbal trabajaba en la televisión. Iba a usarlos para un paso de comedia pero se enojó cuando le conté la historia de la rana que cantaba blues. La encontró un obrero de demolición encerrada en la primera piedra de un edificio viejo de la 42 en Nueva York que estaban demoliendo. El pobre se la llevó a su casa y renunció al trabajo. Quería sacarle dinero en el teatro pero la rana no cantaba en público. Le daba vergüenza hacerlo. Acabó loco y cuando recuperó el trabajo, la enterró en la primera piedra de un edificio totalmente nuevo de fiberglass y acero. Supongo que cuando lo demuelan, otro obrero del futuro la encontrará y pasará el por el mismo trauma. Entonces apague el televisor.

Le dije a Cristóbal que Nietzsche se inventó la cosa de eterno retorno cuando se enteró de esa historia.

Gracias otra vez por los cuentos. Los leeré mañana en la tarde cuando la familia salga a pasear.

 

Prof. Mario R. Cancel

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Mario:

Dos cosas se me ocurre comentar del cuento de la rana. Eutheria: placental mammal, así lo define el Webster. No todos los mamíferos son placentarios. Pero no los vas a encontrar en las clasificaciones tradicionales. Cuando se retomaron las clasificaciones, ahí tienes a Kardec. Ya no se hicieron embrionarias. Lezama se refiere con frecuencia a los eutheria. El mamífero normal. Tu ranita no. Por otro lado, Twain tiene un cuento que vale la pena sobre los eleutheria. Sí, es lo mismo que dices tú, que son artistas de variedades en Estados Unidos. Recuerda el Notorious Jumping Frog From Talaveras County. Esa versión no es tan buena como la que me dejó Yara en la Universidad, creo que es la original. La rana recibe la visita de un agente demócrata. También es como dices tú, que alguien es padre de crianza del sapito. Mamíferos no placentarios se dejan fuera de la matriz. Eutheria y eleutheria, ésa es la rana. Hay que bregarle al griego y al latín.

Bueno…

Gracias

Pepe

Narradores 2000: José (Pepe) Liboy Erba. Cada vez te despides mejor


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

José (Pepe) Liboy Erba. Cada vez te despides mejor. San Juan / Santo Domingo: Isla Negra editores, 2004.

Estas narraciones abordan la irrealidad de la realidad de una manera fragmentada –la imagen de un espejo roto- que desemboca en una imagen fantasmagórica del mundo.  La linealidad de los acontecimientos se pierde y toda progresión narrativa es ilusoria. La escritura de Liboy Erba prescinde tanto de la fábula como del relato. Son textos que narran muy poco y están casi desnudos de acontecimientos.

La circularidad de los relatos, la reiteración de ciertas propuestas, la irresolución de los conflictos o la ausencia total de los mismos, la conexión de elementos que en apariencia resultan contrapuestos, convierten a su escritura en un modelo difícil de reproducir. El retorno a la(s) barra(s), igual(es) y distinta(s) y la reiterada despedida de “la bailarina que aparece al final de la noche,” escena que da título al volumen, atentan contra la diacronía y la progresión. El lector tradicional tiene poco que buscar en esta escritura.

José "Pepe" Liboy Erba

José “Pepe” Liboy Erba

La imaginación se impone sin que el contrapunteo con lo que identificamos como lo real ponga coto a la misma. La verosimilitud cantada por los realistas y sus acólitos ha sido invalidada como criterio valorativo. Ejemplo de ello es “Fui llamado al servicio” donde Dios, vestido de mujer y con un abanico de plumas, una imagen del divismo de la cinematografía de 1920 o de la gran prostituta o de una chica cualquiera, reclama al personaje que funde con ella “una urbe y vicios nuevos.”  Las posibilidades interpretativas de ese escenario son infinitas.

La circularidad se expresa con diafanidad en los relatos “La cocina” y “La tercera versión” lo mismo que “La insoslayable recurrencia de mi abuela Beatnick” y “Hortensia.” Estos textos pueden representar una metáfora del eterno retorno a lo mismo sin que por ello el regreso signifique la vuelta a lo mismo o a lo idéntico. La reescritura en un signo del retorno

En “Retrato del pez gato” y “Las penas del pez gato,” la reescritura y el retorno a lo mismo convergen, pero cada producto resulta en una hiperrealidad distinta. En “Retrato del Pez Gato” el mimetismo que manifiesta la imagen del modelo acorde con cada uno de los fotógrafos que lo atrapan en la placa puede ser una metáfora de la disolución del yo autoritario a la manera nietzscheana. Por lo demás el retrato personal del Pez Gato es un absurdo compuesto con artefactos naturales y artificiales que reta toda caricatura.

“Las penas del Pez Gato” se sintetizan en la incapacidad que manifiesta el personaje para suicidarse con la escopeta de perdigones que le ofreció su primo. En el momento clave es incapaz de volarse la tapa de los sesos en el puente de la Universidad de Puerto Rico, lugar donde espera que lo miren las chicas de mahones apretados que por allí pululan. No puede hacerlo porque no tiene sesos. Cuando introduce el cañón por la nariz hasta el fondo del cráneo, dice, “supe que no tenía mente. Mi cabeza estaba completamente vacía. No tengo masa encefálica.”  Las fantasmagorías se suceden en estos textos.

Liboy_Cada_vez+_te_despides_mejorDetrás de los 39 relatos del volumen Cada vez te despides mejor se encuentran una serie de espacios físicos comunes que sirven de pista interpretativa. Lugares como la casa y su cocina, “La bombonera” de San Juan, algunas calles o y bares de Río Piedras o el vecindario de Isabela, referencias sueltas a Utuado y Lares, por ejemplo, o a momentos históricos y figuras fuertes como el “Grito de Lares” o Pedro Albizu Campos.

También hay ciertas imágenes familiares como la abuela Hortensia, el poeta Edgar Ramírez Mella, algunas amistades extraviadas, que ofrecen trazas de sentido. En ocasiones se trata de mitos mediáticas tales como Antonio García López, el famoso “Toño Bicicleta” o el luchador profesional conocido como “El invader.” Detrás de todo ello hay un intenso componente paródico. Las tradiciones que hacen de la escritura una actividad reverente son cuestionadas.

El retorno de José (Pepe) Liboy Erba al libro es un acontecimiento importante. Para la mayoría de los lectores, sin embargo, el retorno es un debut. Cada vez te despides mejor es un documento literario que debe ser revisado con calma.

 

El Informe Cabrera: erratas de lectura


 

  • Mario R. Cancel
  • Escritor y profesor universitario

 

informe_cabrera

Querido Pepe:

Cuando me dijiste por correo electrónico hace un par de años que estabas haciendo una investigación sobre la ciencia de la embriología y las deformaciones de la familia Cabrera, no me imaginé que lo ibas a convertir en una novela. Tampoco se me ocurrió que quien acabaría publicando el volumen sería ese señor tan extraño, Aravind Enrique Adyanthaya, en una Serie de Culto.

La cuestión de la embriología y las deformaciones -teratología en general- así como la revisión de los monstruos y los fenómenos, siempre ha sido una de mis pasiones. Por eso me hice historiador y me gusta tanto la literatura. La historiografía se ha convertido para mí en algo tan queer que, a veces, cuando hablo del Grito de Lares me parece que parlo en torno a un viejo filme de Hollywood titulado Freaks o que los locos acabarán invadiendo mi cuarto como en el relato de Manuel Alonso. 

Eso lo digo sin intención alguna de ofender a mi antepasado de apellido Cancela, cuya participación en el Grito de Lares fue lo que provocó la eliminación de la “a” al final de su apellido con el fin de ocultar la ignominia de la derrota y empezar una vida nueva. Cuando llegaron los americanos en el 1898 y pasaron por Hormigueros, creo que fue el 10 de agosto, ese antepasado mío estuvo allí hecho un viejo como testigo, igual que mi abuelo, de la ruta de los soldados de azul. Pero para ese entonces decir “cancel” significaba otra cosa. Cancel se había convertido en el sinónimo de un escatón que en este país tuvo mucho que ver con la soberanía, la cultura, la economía y todas esa convenciones que tanto preocupan a los de mi especie.

La importancia que le doy a El Informe Cabrera es doble. Cuando ya me había enterado de que iba a salir impreso, se me ocurrió la probabilidad de escribir varios libros iluminadores. Después de todo, soy un historiador y ello me autoriza a mentir con la misma confianza con que lo hizo Luis López Nieves en su famoso cuento Seva. Yo era estudiante del RUM cuando se publicó ese texto en Claridad, un periódico radical de entonces. Tomaba un curso con un profesor nacionalista muy sesudo que se llamaba Germán Delgado Pasapera, el cual era todo un caballero. Pero aquel día Delgado Pasapera estaba tan molesto con los americanos que, con gusto, hubiera aprovechado un cuento de José E. Santos, “El terminator boricua”, para viajar a través de una fisura en el tiempo-espacio al 1898 con el fin de convencer al bandido Águila Blanca de que resistiera a los invasores o dispuesto a resistirlos él mismo. Confieso que yo me hubiera ido con él sin titubear. Cuando se enteró de que la historia de Seva era una gran mentira, la mayor de toda la modernidad tardía, hubiera hecho un esfuerzo similar para matar a Luis. Se trataba de una mentira monstruosa.

Los libros que quería escribir a la luz del la lectura del tuyo eran varios: una historia de los desaparecidos sin explicación alguna en la evolución del país y su relación con los equinoccios y los solticios; una investigación sobre el odio inveterado que siempre sintió José Celso Barbosa contra los americanos porque nunca le impusieron la estadidad a Puerto Rico; una revisión de la relación amorosa de Lola Rodríguez Tió con su marido muerto gracias a los buenos auspicios de una espiritista de La Habana; un estudio de la relación de las pasiones pederastas, el aborto natural y el perro Nicolás propiedad de Ramón Emeterio betances con las posturas ideológicas adoptadas por la comunidad del Barrio Latino de Paris a la altura de 1895 a la luz de los textos apócrifos del Diplomático de la Manigua; una biografía de Pedro Albizu Campos y sus buenos años en el ROTC o una disquisición sobre el priapismo de José De Diego como justificación de la disolución de un matrimonio que se presume perpetuo a la luz de nuevo orden católico pos-invasión.

Discutí todas estos temas con un sociólogo, adepto a la escuela del “nuevo sentido común”, que se casó con una ex-discípula mía. Es cierto que el “sentido común” -sea nuevo o viejo- siempre puede ser una aporía en tiempos de intelectuales postmodernos, pero la idea no me resultó inapropiada. José Anazagasti Rodríguez, que así se llama ese sociólogo y quien también miente y escribe, me miraba con la sorpresa de quien se encuentra en la frontera de la iluminación. Hagamos una teratología boricua, me dijo, una tentativa de apropiación de las monstruosidades nacionales a lo largo del siglo. El vampiro de Moca, los Garadiabolos y Toño Bicileta se competían un turno para el texto imaginario junto a Salvador Freixedo, Carlos “La Sombra” y el caníbal de una leyenda de Cayetano Coll y Toste. Cha Cha Jiménez, el Chupacabras y el Monstruo de Utuado no se quedaron atrás. Las megatiendas y el mítico supertubo, pensé, deberían ser escenarios ideales para pensar aquel problema.

Estuvimos horas divagando sobre las posibilidades de la teratología histórico-social como expresión del fenómeno de la no modernidad en la que vive el país y la insistencia en que la demanda agregada en tiempos de recesión es la panacea de toda crisis económica y espiritual.

Cuando le hablé a José de tu libro y le dije que se trataba de una revisión desde el “universal sinsentido bizarro” de José Liboy Erba del megarrelato de la nación como el producto deformado de una disfunción histórico-genética iniciada en el 1898,José, con su proverbial inteligencia, simplemente me dijo: por allí debemos comenzar. Entonces nos tomamos una copas de ajenjo, nos despedimos con la intención de trabajar a la menor provocación y desde entonces mi amigo está desaparecido.

Pepe amigo, te agradezco la publicación de El Informe Cabrera. Aravind le ha hecho un favor a este país con ello. También nos benefició a José y a mí, sin duda. Pero si alguno de ustedes ha visto a José Anazagasti Rodríguez por allí, díganle que lo estoy buscando como a un punto específico en la inmensidad de una traducción del Corán. Los monstruos de nuestro futuro libro se siguen multiplicando y han invadido sin el menor respeto mi biblioteca y ya no sé que hacer con ellos…

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