La Universidad: un manuscrito hallado


  • Mario R. Cancel
  • Escritor

Borrador de un discurso anotado en un papel que se encontraba en el estómago de un ratón diminuto que me dejó mi gato Pablo Picasso esta mañana, Día de los Presidentes, en el balcón de mi casa de clase media cuando me disponía  a salir anormalmente a trabajar en el Recinto Universitario de Mayagüez a pesar de que vivo en una colonia americana de las Antillas que adora e ignora la razón de ser de la mayor parte de los días feriados del Imperio que se los ha impuesto durante más de 100 años de relaciones.

La Universidad que todos queremos se puede avizorar en los intersticios de la que ahora  agoniza. Las crisis no son siempre la frontera de una caída. También pueden representar la semilla de un nuevo comienzo.

La Universidad que todos queremos es una en que los empleados de mantenimiento no hagan tertulias a todo pulmón sobre asuntos sensitivos a la política actual del país en la cercanía de las oficinas de los profesores que se encierran en su cubículos llenos de polvo con el propósito de reflexionar en torno a temas altamente intelectuales y complejos, y batallan durante horas centre el sueño y la vigilia con el apoyo del trago de café o la bebida energizante en la medida en que intentan seguir sirviendo bien a los estudiantes que con derechos de matrícula y sus cuotas pagana una parte sustanciosa de sus salarios…

Profesor

Una Universidad en la cual los servicios sanitarios se abren por turnos que nadie conoce porque no hay suficientes conserjes para darles mantenimiento, y los usuarios no tienen puntería a la hora de orinar, se niegan a descargar el sanitario y han convertido las paredes de los mismos en tablón de expresión política, social, sexual y bitácora de citas, en una nueva versión de una red social de bajo costo que bien podría denominarse Bathbook o Urinatter

Una Universidad en que los empleados no docentes se observan raras veces, como puñalada de pícaro, porque buena parte de ellos han decidido tomar los días por enfermedad que no les devolverán antes de la fecha de pago de contribuciones sobre ingresos, justificando la dicha decisión con el argumento de la aguda crisis económica que nos aqueja, o que resultan invisibles porque han preferido el retiro temprano a la posibilidad de ser testigos de la forma en que los que fue una Universidad se transforma en una universidad…

Una Universidad de verdaderas puertas abiertas porque, una vez se daña una, permanecerá inútil y de par en par  mientras la queja se convierte en informe, el informe en pesquisa, la pesquisa recomendación, la recomendación en cotización y la cotización en acción concreta para conseguir que la misma pueda volver a cerrar…

Una Universidad en que se cierran programas académicos y no se crean programas académicos, porque crear un solo curso nuevo, original y bien pensado puede tomarle a un profesional experto de 5 a 6 años, periodo en el cual otros profesionales expertos en asunto totalmente diferentes a la materia de curso que quiere crear, insistirán en darle recomendaciones sobre cómo debe diseñar, apropiar y difundir un tema que le es totalmente extraño y sibilino…

Una Universidad en que la “mano secreta” del mercado se ha convertido en criterio de calidad académica, y la eficiencia educativa se mide en términos de cuanto estudiantes gradúa un programa por año. Una Universidad en que pensar al margen de “mano secreta”, a hurtadillas de los grandes intereses, a contrapelo del fin de la ganancia, puede conceptuarse como un pecado de lesa economía y no de lesa humanidad

Una Universidad que aquellos que ya no pueden hacer nada por ella, exgobernador@s en particular en ceremonias pretenciosas que conmemoran los heroísmo de los viejos patriarcas desdibujados por el tiempo, exgobernador@s que casualmente cuando pudieron hacer algo por ella, resultaron pusilánimes e inoperantes como si el compromiso con la institución fuese más asequible cuando ya no tienen poder para ello y están en posición de manipular la institución como un balón político para animar sus oscuras aspiraciones pesadillescas que a nadie en verdad interesan…

Una Universidad capaz de espantar a los estudiantes que sueñan estudiar en ella porque es la mejor y la más barata, una Universidad con poder para amedrentar a sus trabajadores diciéndoles que deben trabajar más y que no se revisarán sus acuerdos sindicales ni sus salarios, una Universidad que ha conseguido que los profesores, que siempre se han considerado a si mismos pensadores e intelectuales respetables que caminan como levitando por el mar de un mundo que presumen comprender pero que no pueden cambiar ni dirigir, una Universidad que ha  convertido a esos profesores en lo que ellos se han resistido siempre a ser, meros trabajadores del Estado relativamente bien pagados, sin que ello lacere la calidad académica de su discursos…

La Universidad que todos no solo se avizora, se siente, se huele, se palpa, se sabe. Esa es la Universidad que todos queremos.

La firma está ilegible. Se presume que se trata de un alto funcionario de la Junta de Síndicos o de otro Gobernador.

Entrevista de Suzie Vieira a Mario R. Cancel


El texto que sigue es el manuscrito de una entrevista de la periodista francesa Suzie Vieira a Mario R. Cancel los días 26 y 27 de junio de 2010 para la revista cultural francesa de viajes Ulysse. El asunto discutido fue la imagen de Puerto Rico mirada desde adentro y desde afuera en el contexto del reciente Festival de la Palabra.

Cuándo un turista europeo se va a Puerto Rico, piensa encontrar una isla caribeña, un paraíso con palmeras, playas maravillosas, etc. Uno muchas veces tiene este cliché en la mente. Pero cuando se llega al aeropuerto ve a las autopistas, los grandes coches americanos, etc. En el taxi hacia San Juan, se ven los buildings. Y ahí uno se acuerda de que llegó a un territorio americano. Así que lo más sorprendente para el turista es este carácter híbrido que se nota en el Viejo San Juan: por un lado, las casas coloniales, los adoquines, la salsa tocando por la noche en la Plaza de Colón… y por el otro lado, las tiendas Ralph Lauren, Bank of America, Mc Donald’s, Wendy’s, etc. ¿Esta doble identidad, este carácter híbrido del Viejo San Juan cristaliza o materializa la esencia de este país, su identidad híbrida?

Me temo que es la nota distintiva de la Nación. También la más difundida en los medios: atrae turistas con dinero. Ello puede haber sido una clave en el proceso de distanciamiento -cultural, espiritual, político, económico y social- que caracteriza las relaciones de nuestro país con el orbe europeo o el iberoamericano. Puerto Rico es ex europeo y ex iberoamericano. Allí radica parte de la riqueza caótica que caracteriza eso que denominas nuestro carácter híbrido. Algunos pueden verlo como una tragedia pero cada vez son los menos.

Por otra parte, muchos de esos distintivos son signos y artefactos de mercado que se multiplican día a día como por la orden de un dios omnipotente: dios hizo la propiedad y la American Express y vio que eso era bueno. En ese sentido, la hibridación a la manera global, no garantiza ninguna exclusividad. Por el contrario, conduce a una homogeneidad que puede resultar aburrida. Nuestra única ventaja es que entramos en el sendero de la macdonalización, me gusta lo patético del concepto de George Ritzer, antes que otros pueblos Iberoamericanos. Me temo que también nos aburrirá más pronto que al resto de las economías en desarrollo.

El problema radica en que el Puerto Rico imaginario de los otros, se apoya en una fuerte dosis de desconocimiento y en algunas estampas que acaso tienen algún valor turístico o de mercado. El wikisaber puede ser tan tragicómico como la ignorancia, pero ambos suelen resultar creativos. El turista siempre es un Colón descubriendo su América, pero presumiendo que está en las Indias. Confieso que he aprendido a vivir en el “sueño americano tropical” y que no me produce mucha angustia. Todavía quedan algunas playas maravillosas con palmeras entre los hoteles para turistas.

¿Qué le inspira la ciudad de San Juan? ¿Cómo la definiría usted? ¿Cuál es su alma?

Primero, te aclaro que soy de la periferia, de las provincias, de la Isla Grande. Mi respuesta es la de un advenedizo y un transeúnte. Me inspira una sensación amarga de pasado-presente y viceversa. Se trata de un presente que ilusiona. En el proceso, trato de convencerme de que tiene un futuro promisorio. No cuestiono que tenga un futuro, el futuro es inevitable y hasta las piedras poseen uno. Lo que me atemoriza en el carácter que tendrá el mismo.

Me inspira la ilusión de poder o de capitas que expresa. Me emociona la gestualidad histriónica de su gente, sus pestes atemporales. Si encontrara un lugar en San Juan donde no estuviese nadie, me quedaría allí por algunos minutos. Una vez me pasó en el Callejón del Toro en la ciudad vieja y, poco después, escribí un cuento del asunto.  La defino como el objetivo de un atentado que hay que cometer. Puerto Rico es una metáfora de lo pequeño, pero si lo pequeño se reduce a una sola de sus partes, siempre seremos tuertos en país de tuertos.

San Juan es una equivocación y exabrupto. Tal vez sirva de algo la metáfora del tatuaje que sintetiza un discurso que te conecta con un grupo artificialmente constituido. Por eso me gusta, por sus contrastes. Allí están, en algún rincón, buena parte de mis conocidos. En esa ciudad me formé intelectualmente pero siempre con la sensación de la extranjería: el pasaporte que se pagaba para ingresar era barato. San Juan me inspira sensaciones incómodas: lo amo.

¿Cuál es el lugar de San Juan que mejor simboliza para usted esta ciudad? ¿Por qué?

Los callejones de la calle de la Fortaleza, la Luna o el Sol. El del Gambaro, el del Tamarindo el del Toro. Nacen y mueren en medio de  signos de poder, conducen por la sombra a unas calles llenas de comercios y turistas desde donde sientes el olor del mar. Esos predios poseen una larga historia de violencia y cultura que, por lo regular, resulta extraña para los transeúntes. Todo ocurre como en un cultivo de bacterias que se desborda.

El otro lugar que la simboliza son los jardines  de la Casa Blanca y su apoteosis, el rincón arábigo español donde algunos artistas van a ejercitarse dibujando detalles. Es como un agujero de gusano de los que habla Stephen Hawkings. Lo que me gusta es como allí se niega a la ciudad.

¿Cuál es para usted el más bello texto literario escrito sobre San Juan? ¿Puede citar unas o dos oraciones?

No recuerdo ninguno, no me fijo en esos detalles. Pero nunca olvidaré el siguiente que podría obrar en cualquier antología de micropoesía popular: “Sicópata es dios”, grafiti anónimo que encontré hace más de 10 años en un muro del cementerio de la ciudad vieja cerca del arrabal de La Perla. En el piso había varias agujas y algunas manchas secas de sangre.

¿Cómo definiría usted Puerto Rico si tuviera que hacerlo en una sola frase?

No podría hacerlo.

Para algunos extranjeros, San Juan aparece como una gran ciudad moderna sin alma, con todas las características del American way of life. El Viejo San Juan, Ocean Park e Isla Verde tienen mucho de algo como el “showcase” caribeño de Estados unidos. Pero unos pocos kilómetros más lejos, en el camino hacia Piñones, parece que entramos a otro Puerto Rico: más criollo, más mestizo, más negro… ¿En Piñones empieza el verdadero Puerto Rico?

Creo que los dos son igualmente falsos. No hay tal cosa como un verdadero Puerto Rico. Como tampoco hay una verdadera Francia o una verdadera Cuba, que se alcen ante otra que no lo es. La Nación es un concepto frágil, abierto, dúctil y maleable, como esos uniformes futuristas que se ajustan a la forma del cuerpo humano y su diversidad y sus volúmenes. Me puedes pedir un Puerto Rico particular y bizarro, y te aseguro que en algún lugar lo conseguiré. Pero también encontrarás alguien que lo niegue.

A mí en lo particular no me gustan todos los puerto ricos que conozco, pero esa diversidad es inevitable cuando se trata de un concepto al cual todos apelan desde diversas posturas y con variadas finalidades. La Nación de Emilio S. Belaval, la de Enrique Laguerre y la de Pedro Albizu Campos, cuentista el primero, novelista y maestro el segundo, abogado y activista el tercero, no es la misma. Depende de la mirada.

Identificar un verdadero Puerto Rico con el de la cultura popular significa ver a los otrora invisibilizados. Esa es una postura válida propia de una parte de la intelectualidad de fines del sesenta y principios del setenta del siglo pasado. En Puerto Rico la sintetizaron escritores desde Luis Rafael Sánchez hasta Edgardo Rodríguez Juliá. Pero cuando ello se toma a la ligera, puede justificar la invisibilización de los demás y la obnubilación  de una diversidad contenciosa que también posee su riqueza. En la Milla de Oro hay un cafetín pequeño que salta a la vista por su rusticidad. Como quien dice, la banca bebe allí: cosas veredes.

Creo en la diversidad y la pluralidad de puerto ricos en el sentido más preciso de la palabra. Hoy por hoy Piñones y la mulatería, las artesanías y los cuchifritos, son también parte del “showcase” o vitrina del capital americano en el país. Lo son en la medida en que venden un exotismo fácil que alimenta el aventurerismo y afirma la capacidad americana de apropiar la diversidad.

En una entrevista, Héctor Feliciano, para describir la invisibilidad internacional de Puerto Rico y reivindicar su posición de cruce insular, utiliza esta imagen: “En los atlas, Puerto Rico sale siempre en este lugar incómodo y cóncavo que queda entre dos páginas enfrentadas”. ¿Qué piensa usted?

Bueno, si se trata de mapamundis proyección Mercator en tamaño coffee table book, puede ser. Es una metáfora muy gráfica pero también muy superficial viniendo de un intelectual de un país invisible. Me suena a lamentación y encono. Mi respuesta es algo cínica pero para una metáfora superficial, una respuesta cínica. Cada vez que alguien dice algo como esto sobre nosotros produce un sobresalto. Julio Ortega desde una ubicación visible, lo hizo en el 2005 y provocó un interesante y curioso revuelo entre la intelectualidad joven.

El planteamiento de Feliciano dice algo que todos sabemos. Incluso tenemos una larga lista de respuestas y explicaciones-justificaciones para esa situación. Quizá lo más urgente sea la búsqueda de soluciones -si las hay-, y no sé si Feliciano, con sus luces, ideó alguna. Tal vez haya que preguntarse  qué significa la invisibilidad y qué ventajas reportaría el ser visible. Sobre todo, ¿visibles para quién y bajo qué circunstancias? ¿Qué nos aportará esa visibilidad? ¿Es la invisibilidad un hecho absoluto?

Ahora una broma de mal gusto. Según derivo de algunos libros de espiritualismo -es un tema que trabajo como historiador cultural-, los seres invisibles se ven a sí mismo en su incorporeidad. Vaya, los invisibles solo lo son para los visibles.

Suzie Vieira, Mario R. Cancel

He leído que la renta per capita de Puerto Rico es mayor que la de Chile, el vecino más rico del sur, pero menor que la de Mississippi, el estado más pobre del vecino del norte. Desde una perspectiva geopolítica y también económica, ¿será Puerto Rico la cola de león respecto a Estados Unidos y la cabeza de ratón respecto a la América hispana?

Te lo digo con una fórmula espontánea. Puerto Rico sintetiza las ensoñaciones de consumo conspicuo de buena parte de los iberoamericanos que nos desconocen tanto como nosotros a ellos. Estados Unidos  sintetiza las ensoñaciones de consumo conspicuo de buena parte de los puertorriqueños que desconocen ese país tanto como ellos a nosotros. Cola de león y cabeza de ratón parecen versos africanos ¿por qué no un jaguar y un mico tití? Broma aparte esto tiene que ver con nuestra condición de eslabón y vitrina entre el mundo sajón y latino, heredada del Populismo.

Por un lado, el primer indicio de inutilidad radica en que la idea bolivariana de que Puerto Rico sea un problema para Iberoamérica, o la idea de Albizu Campos de que Puerto Rico sea una clave para el futuro de América me resulta hermosa y romántica, pero vacía.

Por otro lado, el(los)  problema(s) de Puerto Rico, cuando se reducen a estadísticas como esa resultan reduccionistas y no me dicen mucho de lo que ocurre aquí. Si se tratara de un problema de ingreso per capita y posibilidades de consumo, solo tendríamos que hacer un plan distinto para que la gente de cada orbe pudiera pagar sus tarjetas de crédito a un ritmo más acelerado o más lento, o con tasas más altas o más bajas de interés. Pero ya sabemos que la crisis financiera azotó a todos por igual. Lo que te digo es que el dato del ingreso per capita es solo eso, un dato.

La cuestión del estatus de “estado libre asociado” parece ser muy importante en el debate político de la isla como para los representantes de la cultura. Pero al pueblo parece que le conviene esta situación si consideremos los resultados del referéndum sobre el estatus en 1998. ¿Cómo los puerto-riqueños viven esta cuestión del estatus?

En la medida en que la situación  les permite acceso al sueño americano, lo toleran y hasta lo disfrutan. Eso es válido lo mismo para el pueblo que para los intelectuales. También lo hacían los caribeños e iberoamericanos que desembarcaban del Ferry que atracaba en el muelle de la Ciudad de Mayagüez, el viejo oeste, y peregrinaban hacia el Walmart que ubica en el Mall que está a unos kilómetros de mi casa. Hay que verlos en su camino sacrificado a ese nuevo Montserrat.

Pero me parece que reducir el “problema de Puerto Rico” al estatus como lo hizo la Generación del 1930 y el 1950, ya no es aceptable. Implica una imposibilidad y una utopía: que resolver el estatus y entrar en el derrotero del Metarelato Liberal y Progresista es la panacea. La impresión que tengo es que la preocupación de la gente y la de los intelectuales no convergen. Me temo que nunca han convergido del todo.

En alguna ocasión he dicho que, incluso, en las generaciones intelectuales más recientes, esa preocupación moral por el estatus se ha moderado de manera visible en la medida en que la relación de los representantes de la cultura con la gente ha ido cambiando en la postmodernidad. Una de las maneras de afirmar la revisión de la herencia del 1970 en las promociones de fines del siglo 20 fue precisamente esa. En el prólogo de la antología El límite volcado (2000) la denominé con la metáfora del “callado compromiso”. A la altura del 2010 me reafirmo en esa propuesta. No se trata de que los intelectuales sean menos sensitivos ante la cuestión colonial o la de la crisis social. Se trata de que son más reservados porque reconocen que el papel de la creación cultural e intelectual en el proceso de transformación social es relativamente menor en el presente.

Cuando yo estuve en San Juan para el Festival de la Palabra me dieron un papel reivindicando el uso del idioma español y reclamando su defensa. ¿Por qué este tema del idioma es tan importante para los puerto-riqueños?

Es importante para aquel sector intelectual que todavía tiene de la  Nación una concepción herderiana, genética y esencialista. Para los constructivistas y los relativistas culturales, su relevancia es menor. La percepción del inglés como una imposición de los invasores que era válida por lo menos hasta 1950, tiene mucho que ver con eso. En el presente, dado que quien impone el idioma es el mercado, los artefactos de la revolución informática, los medios masivos de comunicación controlados por el otro, la resistencia a la imposición se ha atenuado.

Yo creo que se puede ser puertorriqueño o bohemio en francés: Betances y Kundera lo fueron. No creo que el idioma siga teniendo la misma importancia en el discurso de la resistencia en tiempos del hipermercado global. Hablar buen o mal español, o buen o mal inglés, es un componente secundario a la hora de una Revolución o de una caricatura de la misma.

En un artículo de El País, Mayra Santos Febres hablaba de un “espíritu corsario” de los puerto-riqueños, heredado del pasado de la isla, para explicar la doble cara de esta nación: la de la legalidad, y la de la ilegalidad, de esta actividad subterránea muy común en todo Puerto Rico. ¿Puerto Rico tiene para usted una forma de espíritu “corsario”?

Si me ubico en el imaginario de Pirates of the Caribbean, preferiría el espíritu pirata por su apelación a la anarquía y a la solidaridad que me recuerda el mito del Estado Natural rousseniano.  El pirata Cofresí me estimula más que el corsario Henríquez o, bien sea, que Pedro Vicente de la Torre, para escoger un corsario blanco como Cofresí. Recuerda que la duplicidad entre legalidad e ilegalidad del corsario dependía de la patente y la autorización de un poder: su amparo seguía siendo el Estado. Me pregunto, como si fuera una broma ¿quién expidió la patente del “espíritu corsario” puertorriqueño? ¿La Hispanidad o la Americanidad?

La mayor parte de la gente o del pueblo está ajena a lo que implica simbólicamente el corsariado pero eso solo lo digo para salvar mi responsabilidad como historiador. Creo que muchas de la metáforas que construyen nuestros escritores como un emblema de los somos colectivamente chocan con dos problemas. Primero, nos representan con un lenguaje que no le dice mucho a la gente. Segundo, apelan mejor al interés de otros intelectuales que al pueblo que quieren representar.

Por lo demás, el concepto me parece interesante en la medida en que muestra a Mayra como una continuadora de la tradición que identifica a un verdadero Puerto Rico con el de la cultura popular. Ya te dije lo que pienso de eso.

¿Se podrá resumir la historia de Puerto Rico en una serie de conquistas, anexiones y colonizaciones? ¿Un país que nunca fue independiente y no tiene muchas ganas de serlo?

Sería un procedimiento tan reduccionista como el de las estadísticas de ingreso o renta per capita. La primera parte, “país que nunca fue independiente”, es cierta. Supongo que por allí habrá otros países inexistentes con el mismo estreñimiento o incapacidad: Quebec, Vasconia, qué se yo. La segunda, que “no tiene muchas ganas de serlo” resultaría problemática para muchos intelectuales que podrías entrevistar en el futuro en este país. Los incomodaría pensar que ese presunto destino liberal está cancelado. A mí no.

Ya sabes: desde el siglo 18 los intelectuales están seguros de que son responsables del futuro de la Humanidad y de que la Razón les ha convertido en unos iluminados o Mesías guía de un pueblo.  Incluso aquellos que identifican el verdadero Puerto Rico con el de la cultura popular, los populistas y neopolulistas más radicales, son intelectuales que  se perciben de ese modo. Creo que si alguien puede argumentar bien ambas posturas podría asumir la historia del país de ese modo tan simple. Los riesgos son suyos. No míos.

La censura literaria: ¿Cuándo eliminaremos los tabús?


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100 % independiente

El tema de la censura de los libros para muchos podría parecer una nueva faceta en nuestra historia, mas ignoran que con la colonización americana nuestra literatura comenzó a perderse. Ahora, luego de un cambio de gobierno, nuestro nuevo Primer Mandatario se ha tomado la gentileza de proclamarse como padre en una situación que no necesita una opinión patriarcal, sino más bien alude al nuevo despotismo que busca regir a Puerto Rico. Los libros de José Luis González, Edgardo Rodríguez Juliá, Juan Antonio Ramos y José Luis Vega expresan una realidad cultural de la que no se escapa ningún puertorriqueño; no menciono a Carlos Fuentes, ya que es mejicano. Por ende, el Departamento de Educación (DE),

junto a su secretario Carlos Chardón, han quedado en total ridículo frente a literatos y maestros que consideran absurda la idea de limitar a los estudiantes en su aprendizaje por el simple hecho de querer dejar en tabú “palabras malas” o descripciones de “alto contenido sexual”.

Siempre he considerado que hay dos tipos de educación: la intelectual y la callejera. Aunque para los líderes elitistas esto no tiene ningún tipo de lógica nosotros lo jóvenes enfrentamos a diario situaciones peores, ya sea en los hogares o en las afueras de los mismos. Asimismo, el Pen Club de Puerto Rico ha adoptado una postura bastante sólida al expresar su rechazo a la medida política que pretende ejercer Luis Fortuño, el gobernador de nuestra Isla, y Chardón. En un comunicado de prensa, publicado en la página cibernética http://www.vidadigital.com (blog del profesor Mario Nuñez Molina, de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez) el grupo de escritores avaló el que la medida es una acto en contra de nuestra constitución, la cual plantea la libertad de expresión; segundo, que las dictaduras buscan que la masa poblacional sea analfabeta, ignorante y pobre (más fácil el controlarlas); tercero, va en contra de lo que se define como democracia; y por último, en vez de avanzar nos estanca, pues no estaríamos creciendo a la par con la globalización. Todos los puntos deben ser analizados con cautela.

Luis Fortuño

El primero cae dentro del aspecto legal, que para ser Fortuño abogado licenciado debe conocerse a cabalidad. Éste precisamente es el que ha llevado a que los periodistas también entren en la discusión de la censura, ya que la libertad de expresión es la base de la profesión periodística y de un sistema democrático. El segundo aspecto no se aleja de la faceta política, pero esta vez alude a lo que nuestro Eugenio María de Hostos quiso enseñarnos. Según nuestro gran prócer la revolución era a través de la educación, pues un pueblo educado tiene las armas necesarias para defenderse; y hasta el revolucionario Ernesto “Che” Guevara pensaba que “el conocimiento nos hace responsables”. ¿Qué mejor para un Gobierno que tener bajo su dominio a una masa poblacional “zombie”? Continuando con el tercer punto, que sigue siendo político, la democracia es, según el diccionario de la Real Academia Española, “doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno”. ¿Por qué se nos quiere negar el acceso a la información? ¿Qué ocultan o qué exponen estos textos que aterran al DE y al Gobierno? ¿Vivimos en una verdadera democracia? Para finalizar el pensamiento, si no nos informamos no evolucionamos; si de por sí la historia se repite es importante conocer el pasado. El mundo está desarrollándose extremadamente rápido en conjunto gracias a las nuevas tecnologías. Somos la gran aldea visualizada por muchos, tanto así que nuestra lucha local por la censura alcanzó publicarse en el New York Times y en páginas cibernéticas internacionales. Entonces, ¿creo que tendrá repercusiones en el DE? Púes ya las tuvo. El DE le pidió al Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) que evaluara las lecturas, lo lamentable del caso es que la institución no quiera inmiscuirse en el asunto. ¿Qué si tuvo alguna consecuencia? Chardón declaró que su preocupación era más por los jóvenes del sistema de Educación Especial y agregó que sólo censurarán el texto “Aura” de Carlos Fuentes. También, en entrevista radial por WKAQ y Noti Uno el Secretario sostuvo que la medida sería temporera. ¡Qué muchas contradicciones en cuestión de segundos!

Me tomare la libertad de felicitar a los escritores boricuas en este trabajo, pues su manera de protestar ha sido una muy efectiva. Cada cual ha expuesto su pensamiento independiente, mas todos entienden que es una estupidez la iniciativa que se ha ejercido. Dicha controversia lleva a estos artistas de las palabras a defender no sólo la profesión, sino también nuestras raíces. A ellos se han unido maestros, periodistas y estudiantes en actividades realizadas frente al DE, cuyo objetivo es leer los textos obscenos y soeces que “atentan” contra nuestra ética y moral. Es inaceptable que en menos de un año la clase artística de la Isla haya tenido que salir en defensa de su labor en un sin número de ocasiones y que el ICP se haya mantenido al margen de lo que pasa o pueda pasar con nuestra cultura, cuando se supone que ellos protejan nuestro patrimonio. ¡Tremenda labor que ejercen! Han convocado al pueblo a leer los libros, a crear un pensamiento crítico autónomo, a recordar que estamos hablando de la puertorriqueñidad y a simplemente canalizar que el sexo y las malas palabras son parte de la vida, por lo tanto, ya sea en un libro, en la calle, por la televisión, en la radio, por algún amigo o lo que fuese si se va a aprender, se aprende. Además, para qué están los educadores de por medio sino es para mantener una sana absorción de las situaciones que se plantean en las lecturas. ¿Quiénes más ignorantes, los estudiantes de undécimo grado o los líderes del País? Ello demuestra a su vez la falta de apoyo a los maestros, a quienes no se les está brindando ningún tipo de confianza, ni de suspicacia para dialogar los temas con los estudiante.

GobernadorEntrando ahora en la discusión de la opinión pública, antes de decir algo de los medios, por mi parte no he escuchado a muchas personas hablar del tema y será porque soy estudiante universitaria. No obstante, eso es preocupante, pues supone que no existe el interés del pueblo por la educación, ya que más se escucha sobre una pelea de boxeo que se dará en un fin de semana. La intervención de los escritores Ana Lydia Vega, Mayra Santos Febres, Luce López- Baralt, Mario R. Cancel, Marta Aponte Alsina, entre otros, ha sido la bomba que ha iniciado el gran debate. La literata Liliana Ramos Collado manifestó que “curiosamente, los libros suprimidos son obras dirigidas a la crítica social del presente histórico, y el uso de malas palabras es apenas indicador de ese interés en reflexionar sobre el aquí y el ahora.” Mientras que su colega Arturo Echevarría arremetió en contra del DE tras declarar que “la iniciativa tomada por el DE tiene consecuencias gravísimas, y, como tal, merece nuestro repudio más enérgico. Se trata no sólo de una intervención indebida que coarta el derecho que tiene el estudiante puertorriqueño a conocer su propia tradición literaria, sino que atenta contra la libertad en que se fundamenta toda expresión artística». Por consiguiente, la opinión pública se divide en dos grupos: uno compuesto por políticos y jefes de agencias gubernamentales que comprenden que los libros no son aptos para jóvenes de 16 y 17 años por su contenido sexual y uso de palabras soeces y otro conjunto por periodistas, maestros, estudiantes y literatos que defiende el derecho a la educación, a la libre expresión y a la cultura. Lo cómico del asunto es que su censura es pura fantasía, porque las razones que dan alimentan la curiosidad de cualquiera. ¿Qué muchacho o muchacha de esta generación no se motivaría a leer un libro que sea un poco más sencillo de entender por la semejanza que tienen sus descripciones a lo que ocurre a su alrededor? ¿Quién no se sentaría a leer un texto que te fue negado? Fácilmente la tortilla se vira, es una paradoja.
El tema lo he seguido por la Internet, en donde he podido conseguir noticias, grabaciones de entrevistas radiales y blogs. La censura en la opinión pública está más a favor de la educación que de la ignorancia. A estas alturas es ilógico eliminar textos que recaban la esencia del ser puertorriqueño para mantenernos ilusos culturalmente. De cambiar al otro lado de la moneda, entonces hay que tomar precauciones, pues si en Puerto Rico la política continúa inmiscuyéndose en asuntos que no debe terminaremos como un sistema comunista sin que haya ganado el tan temerario Partido Independentista. Lo importante es crear un criterio propio, pues al cuestionarles a los altos ejecutivos del DE su opinión de los libros, éstos constaron que no los habían leído. ¿Cómo se atreven entonces a censurarlos sin conocer su contenido? Por eso es imprescindible conocer todos los ángulos de una controversia tan debatible con ésta.

Culmino éste ensayo con un pensamiento propio: “No permitamos que el Gobierno mate nuestra identidad cultural plasmada en lecturas que sólo acentúan la realidad del ser puertorriqueño. No permitamos que nos conviertan en máquinas programadas a su antojo, haciendo del pueblo un grupo de ignorantes manipulables.” Esto va para largo, es una lucha compuesta de muchos elementos y ninguno está aislado del otro. Hoy es la educación y la cultura, mañana una sorpresa. Los escritores han planteado sus posiciones de manera contundente, entretanto Fortuño y Chardón se han limitado a utilizar aseveraciones que no caben en este momento de la vida boricua. Eduquémonos, esa es la única herramienta que tenemos para sustentarnos en donde sea, no es justo que los grandes intereses decidan qué lo que debemos aprender. No te dejes llevar por el punto intermedio de la información, el “conocimiento parcial de la realidad” como definió Platón.

Publicado con autorización de la autora.

Clásicos y censores


  • Marta Aponte Alsina
  • Narradora puertorriqueña

Italo Calvino no favorecía las ediciones críticas de los clásicos: “Nunca se recomendará bastante la lectura directa de los textos originales evitando en lo posible bibliografía crítica, comentarios, interpretaciones”. Este juicio no tiene hoy la misma validez que a mediados del siglo veinte, si es que la tuvo entonces. No basta el deseo de recuperar la vivencia de un texto cuyas intenciones y contextos no sólo han desaparecido, sino que se han extirpado de la memoria colectiva en la borradura de una modernización radical. La familiaridad entre un texto arcaico y un lector joven es acaso imposible de restablecer, pero al menos se pueden rescatar algunas claves. En estas circunstancias, una edición anotada puede compararse con las ofrendas que  acompañaban a las momias. El libro anotado contendrá en miniatura el universo del muerto, lo imprescindible para ayudarlo a renacer en el otro mundo.

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La publicación de una nueva edición escolar de La resaca,[1] a cargo de la Dra. Marithelma Costa, catedrática del Graduate Center de la City University of New York, coincide con otra resaca: el asunto de la lectura de los clásicos en función del currículo escolar. Hablar de “clásicos puertorriqueños” requiere hilar fino. La integración de ciertos títulos a los currículos escolares ha sido el medio casi único de marcar y distinguir unos textos y de solventar su supervivencia en el mercado. En ese sentido estrictamente ritual de los currículos escolares, no cabe duda de que las obras de Laguerre figuran entre las más difundidas. Sin embargo, siguen estando muy alejadas de esa otra prueba del clásico: su apropiación de manera amplia y entrañable.

Decía el infaltable Borges que las figuras del Quijote y Mickey Mouse son igualmente universales.[2] En ambos casos los escenarios reales de estas ficciones existen. Se pueden recorrer los campos de La Mancha y el Main Street de Disney, así como la Florencia de La divina comedia, o el México de Aura. En Puerto Rico, no se ha cumplido un siglo desde que la constitución de los currículos empezó a tomar en cuenta una cultura letrada propia, que en el siglo 19 había sido casi clandestina. Nuestros “clásicos” no han añejado, no traen consigo capas de lecturas críticas ni han generado una tradición sólida en la conciencia de los escritores. La relativa juventud de la cultura letrada, sumada al juego de las censuras políticas de autores que unos consideran peligrosos y otros extraños, así como a la poca discusión pública en torno a la difusión del libro y la manera enajenante de concebir la lectura, son datos objetivos. Quizás sólo algunos poetas han alcanzado cierta trascendencia, la suerte de desaparecer “escondidos en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual”.

En esta trama de clásicos no clásicos, de un canon desarraigado, entra una nueva edición crítica de La resaca, un libro publicado por primera vez en 1949, del cual se han hecho 19 ediciones. Laguerre, al igual que Ramón Frade, se propuso asumir el gesto del ángel de la historia, la mirada retrospectiva de quien contempla y describe las ruinas de un mundo. ¿Cómo leerlo?

Pido a una edición crítica que me permita ejercer mi soberanía de lectora en consulta con otros lectores igualmente soberanos. Esta edición cumple con el criterio. La concisa y útil presentación del contexto histórico, el hecho de que los cientos de notas al calce no estorben la lectura de la trama, el índice minucioso, el sumo cuidado, son detalles que confirman la nobleza del oficio editorial. Mi apoyo crítico favorito es la cronología, que enlaza datos de la vida del autor con acontecimientos de la historia política, literaria, artística y científica. Por ejemplo, me parece deslumbrante el hecho de que Laguerre naciera en 1905 el año en que Einstein publicó su teoría de la relatividad, y que la primera edición de La resaca coincidiera con las primeras ediciones de Hombres de maíz (Miguel Ángel Asturias) y El segundo sexo (Simone de Beauvoir). No hay espacio para más ejemplos, pero son muchos los nexos potenciales.

Laguerre fue uno de los productores del programa radial La escuela de aire. La impronta del minidrama radial está presente en los diálogos de La resaca. Los hay de corte ideológico, parientes de los abundantes debates en las novelas de Zeno Gandía, José Luis González e Iván Silén. También hay diálogos cervantinos, que retienen la chispa del narrador oral, el hambre de contar y de escuchar cuentos que persiste en las escenas novelescas de Roberto Bolaño, cuyos personajes narran historias que se desprenden al infinito de la acción central.

El texto sigue planteando enigmas. Se despliega el maridaje muy latinoamericano entre los lenguajes del naturalismo y la vanguardia con el criollismo. Sorprende la arrogancia temeraria del autor cuando nos castiga con algún arcaísmo o neologismo insólitos. Pero hay más preguntas. Cómo recoge el autor las lecciones de la novela social, de la literatura obrera de entre siglos. Cómo concibe la novela histórica en un momento de transición política que parece radical, pero que no altera las relaciones de poder. Cómo retoma motivos que hasta hace poco fueron constantes en la literatura puertorriqueña: el abandono del deber por el padre; el emblema del jíbaro –frustración, anemia, degeneración– en su compleja relación con la figura heroica enarbolada en el campo político.

Marcas del auténtico escritor: El traje de tela de saco de la madre beata (y cómo a su muerte el viudo lo quema en la hoguera); el cangrejo que se cuela por el piso sin tablas de las casuchas; los manglares donde “se consumían las pasiones primitivas”. De paso, vi en este libro tantas alusiones eróticas como las que recuerdo en José Luis González, el  autor censurado por los lectores del Departamento de Educación de Puerto Rico.

A propósito de la censura de libros por los burócratas del Departamento de Educación, hay que aprovechar el momento para invitarlos a debatir y a descubrirse. Si como decía Benjamin para las clases proletarias toda educación ha sido tradicionalmente una humillación intelectual, esa humillación se refleja en la incultura del poder. Esos censores incultos son lectores frustrados. Claro, también hay censores ilustrados. ¿Recuerdan cuando el ilustrado profesor José Arsenio Torres, ex Secretario de Educación, censuró La segunda hija, novela de Olga Nolla? Y el crítico Mario Cancel ha dicho que si Laguerre ha permanecido en las listas de Educación es sobre los cadáveres censurados o invisibilizados de escritores contemporáneos suyos, como De Diego Padró.

Más allá de qué deben leer los jóvenes y quién debe escoger esas lecturas, está la cuestión de una literatura nacional: la estrecha relación entre los libros y la nación. El problema no es exclusivo de las colonias esquizofrénicas y olvidadizas. Es curiosa a propósito la queja de George Steiner sobre la “educación amnésica” que sacudió la estabilidad del canon de la cultura occidental a partir del 1968. Los excluidos por razones de género raza y opresión política han levantado sus cánones alternativos en campos discretos: literatura queer, literatura feminista, literatura post-colonial, para-literatura. Corren el peligro de constituirse en guetos igualmente excluyentes, y lo saben.

Mientras haya un lugar de enunciación marcado por la experiencia colectiva, se podrá hablar de literatura puertorriqueña, siempre que se conciba no como una imposición de autoridades imprescindibles y modos de lectura monolíticos sino como el cruce inagotable de lugares sociales e históricos marcados por las experiencias de género, sexualidad, clase, lenguaje, migraciones, raza, placer y pensamiento.

¿Cómo inducir a la lectura para que el enigma del texto nos impela al conocimiento de esos conflictos, más reales que los símbolos estables de una nacionalidad inmóvil? La experiencia de leer es movediza. Leer es improvisar a partir de reglas e ingredientes precisos. Se aprende a leer como se aprende una receta para hacer un plato que integrará el sello particular –nuestro invento– a las carnes propias. Como se aprende la lengua misma, que vincula el origen de la especie con la singularidad local y personal.

El placer de la lectura no es otra cosa que el placer del conocimiento, por más duros que sean sus procesos y horripilante la conciencia de nuestras circunstancias. Los lugares donde se concibieron los textos nuevos están presentes, nos movemos en esos contextos. Los contextos de los textos viejos son más enigmáticos, pero ese misterio puede abrir puertas, como un aperitivo, en vez de añadir con cada libro un ladrillo a la muralla. Quizás lo único que deba transmitir una maestra o un maestro es que antes de leer todos somos ignorantes, que la lectura debe ser una ceremonia cotidiana para enfrentarse a la propia estupidez y que los textos viejos no son mudos. Pueden andar acompañados de claves que les ayuden a hablar y a revelarnos el celaje de sus enigmas. En ese sentido de acompañante en el diálogo radica para mí la utilidad de una edición crítica, como esta de La resaca.

Publicado en Claridad-En Rojo el viernes 2 de octubre de 2009


[1] Editorial Plaza Mayor, 2009.

[2] López Labourdette, Adriana. El canon literario y Jorge Luis Borges. Zurich: Georg Olms Verlag, 2008.

Literatura y censura


Comunicado de Prensa

PEN CLUB DE PUERTO RICO REPUDIA CENSURA DE LIBROS

San Juan, Puerto Rico, 14 de agosto de 2009,  “Efectivo de inmediato, queda terminantemente prohibido el uso de los siguientes textos: Antología personal de José Luis González, El entierro de Cortijo de Edgardo Rodríguez Juliá, Mejor te lo cuento: Antología personal de Juan Antonio Ramos, Reunión de espejos de José Luis Vega, Aura de Carlos Fuentes,” así lee el documento que censura obras de nuestra literatura. Hay que hablar claro. Existe el censor y existe la obra censurada. El escritor tiene la pasión por hablar y escribir. El censor vive de amordazar. Impedir que cinco obras fundamentales de la literatura latinoamericana sean leídas por estudiantes de undécimo grado de las escuelas de Puerto Rico, es censura. El “Indice de libros prohibidos”, la lista de obras que desde el 1559 al 1948 fueron recopiladas y prohibidas, y sus autores condenados por heréticos, porque sus obras “corrompían a los fieles”, no es cosa del pasado. El Index sigue vivo y es peligroso.

censuraHoy en pleno Siglo XXI, en nuestro propio suelo, revive este peligroso movimiento que contradice los propios cimientos de nuestra constitución: la libertad de expresión. Ninguna sociedad puede evadir el que exista la palabra del poder y la palabra del pueblo, el discurso del aparato del estado o “establishment”, y el discurso que emana de las fuentes de la cultura. Recordemos que toda una tradición de dictaduras en América Latina buscó su fundamento en la censura, el analfabetismo, la ignorancia y la pobreza.

Aclaremos: toda censura a un autor es también una censura a sus lectores. Esta desatinada determinación de parte de las autoridades del DE prohibe que nuestros jóvenes tengan la oportunidad de conocer esta importante literatura como ejercicio pleno de su libertad de conocer y de conocerse. Todo libro que despierte conciencia en los ciudadanos de su sentido de identidad, que nos identifique como puertorriqueños y que declare nuestra historia, lucha, y persistencia como pueblo y como parte de una tradición hispana, tiene como riesgo la censura en Puerto Rico. Esto es intolerable y reaccionamos enérgicamente contra todo atentado de censura a nuestros escritores y hermanos latinoamericanos, en este caso Carlos Fuentes, en un acto contradictorio para la democracia y el crecimiento maduro de nuestros jóvenes.

En momentos históricos de apertura, globalización, mega-comunicaciones, un Puerto Rico castrado y enmudecido por la censura constituye triste espectáculo internacional que nos anticipa un retroceso en la historia de las libertades democráticas.

La acción de censura del Secretario de Educación,  Sr. Carlos Chardón, es intolerable. Hacemos un llamado a él y al Señor Gobernador de Puerto Rico, Luis Fortuño, a que rectifiquen el acto anticonstitucional y antidemocrático cometido por la oficina de Asuntos Académicos del DE, episodio dramático que atenta contra la libertad y la expresión de las ideas, amenaza la enseñanza adecuada y plural de nuestros jóvenes, y nos entorpece el acceso a las realidades urgentes que deben discutirse en el aula escolar.

  • Mairym Cruz-Bernal
  • Presidenta
  • PEN CLUB DE PUERTO RICO
  • Suscrito al PEN-INTERNATIONAL con sede en Londres

Declaraciones de escritores:

  • Mayra Santos Febres

El principal deber de un maestro es educar. Educar no es proveer datos y reglas de moral sino despertar en el estudiante la curiosidad por saber. ¿Qué curiosidad por el saber van a desarrollar los estudiantes si se les priva de textos contemporáneos, de textos de probada  excelencia literaria, textos controversiales, difíciles, que nos presentan “el bien y el mal” de manera fácil, predigerida? ¿Cómo van a aprender a pensar nuestros estudiantes, si no tienen en su currículo libros -es decir, material de reflexión- qué conectar con su vida?

  • Luce López-Baralt

Deseo por medio de estas líneas mostrar mi más férrea oposición al intento por parte del Departamento de Educación de censurar y de eliminar del currículo obras literarias de primera importancia debido a su alegado contenido sexual impropio. El desconocimiento literario que esta medida implica es lamentable pero evidente: de seguir fielmente estas directrices, tendríamos que retirar del currículo las obras más importantes de nuestras letras, pues, leídas por un lector avisado, todas tienen, de un modo u otro, alusiones sexuales que el Departametno de Educación consideraría “impropias”. Me refiero al “Libro de Buen Amor” del Arcipreste de Hita, a “La Celestina”, al “Lazarillo de Tormes”, y al mismísimo “Quijote”, que los censores de antaño, y hablo literalmente, consideraron inaceptable por “lascivo”. Un maestro que enseñe con madurez y con conocimiento literario auténtico todas estas obras sabrá dirigir al alumnado en la lectura y estudio de las mismas sin crearle escándalos falsos ni mucho menos fomentarle actitudes represivas y fundamentalistas. De no ser así, ninguna obra literaria válida podría ser enseñada a los alumnos puertorriqueños, que quedarían reducidos a textos “recortados” de cualquier expresión o símbolo amoroso o erótico considerado por los censores como escandaloso. Reitero mi oposición a tales medidas represivas.

  • Mario R. Cancel

Siempre llaman la atención los resortes que se mueven en el momento en que una autoridad oficial ejecuta un acto de censura. La acción demuestra el poder del censor, pero también manifiesta sus miedos, sus pesadillas y su flaquezas. La impresión que dejan situaciones como esta es que estamos sentados sobro un barril del pólvora  a punto de explotar. Confirma, por otro lado, el poder subversivo de la palabra. Las reservas morales manifiestas por las autoridades de educación no les permiten comprender que los problemas que reconocen en las generaciones jóvenes dependen menos de lo que leen -o podrían leer- que de lo que ven cotidianamente en la vida pública. Censurar las presuntas inmoralidades de unos cuantos libros mientras se tolera la inmoralidad en los nichos del poder es injusto.

  • Marta Aponte Alsina

La censura es un indicio de los miedos de los censores. Paradójicamente logra lo contrario de lo que se propone: despertar el interés en textos que de otro modo se leerían a regañadientes por cumplir con un requisito escolar. Ha sucedido antes, no es nuevo el debate sobre la “pertinencia” y la “moralidad” de los libros que se asignan como lecturas obligatorias. Hay que cuestionar minuciosamente a los burócratas actuales del DE sobre los valores, gustos y criterios que aplican para seleccionar unos libros y censurar otros. Después de todo son empleados gubernamentales, y los libros se compran con fondos públicos. Al mismo tiempo se abre una oportunidad para debatir, con la mayor amplitud, el lugar de los libros y la lectura en los procesos de formación social y personal.

  • Arturo Echavarría

La iniciativa tomada por el DE tiene consecuencias gravísimas, y, como tal, merece nuestro repudio más enérgico. Se trata no sólo de una intervención indebida que coarta el derecho que tiene el estudiante puertorriqueño a conocer su propia tradición literaria, sino que atenta contra la libertad en que se fundamenta toda expresión artística.

  • Aurea María Sotomayor

Los burócratas de la educación en Puerto Rico se autorizan primero como ignorantes para ejercer su función. Distinto y peor a aquel juez que reconocía la obscenidad cuando la veía, éstos no tienen que leer para reconocer que todo podría ser obsceno, y por tanto, no apto para “menores”. Como no saben, porque no han leído, es imposible argumentar con ellos absolutamente nada. Paradójicamente, el propósito de estos promotores de la educación es regar la ignorancia sistemáticamente y obstaculizar el pensamiento.

  • Néstor Barreto

Toda censura es deleznable.  En su afán de ocupar todos los espacios de poder posibles este gobierno muestra características protofascistas que ya debían  ser obvias para los que en su rol de intelectuales velan por no perder y en todo caso ampliar las modestas conquistas de nuestros productores culturales en el ámbito editorial y educacional. Esas características son obvias para mí por lo que deploro y condeno las acciones del departamento de educación usando como excusa valores y mores puertorriqueños supuestamente comunes y que terminan siendo al final muestras de un auto-odio feroz, inflamado por una idea de mandato que empaña su visión y deforma demasiadas de sus acciones. Parecen estar en un momento frenético de desconstrucción  que requiere de concertaciones a las que habíamos perdido costumbre.

  • Tina Casanova

Es con gran estupor e indignación que me entero de la censura del DE a las obras literarias de compañeros escritores utilizadas en los currículos de nuestras salas de clase.  ¿Qué más esgrimirán contra nosotros los escritores de esta bendita patria?  No basta con reducir los espacios literarios en los medios de comunicación.  Tampoco con que las pequeñas librerías  hayan sido devoradas por Borders y no tengamos dónde vender nuestras obras. Ya han comenzado a desmantelar el programa Lee y Sueña donde nuestras obras infantiles se hacían accesibles a los lectores jóvenes de los pueblos que no tienen librerías.  Y ahora esto.  Nos acorralan, nos eliminan con superfluos argumentos hipócritas.

  • Etnairis Rivera

Censura es sinónimo de tiranía. Trágicamente, en Puerto Rico impera la ideocracia que tan bien definió y discursó Don Miguel de Unamuno: “de las tiranías todas, la más odiosa, es la persecusión  en nombre de unas ideas.” O será que también censurarán al ilustre y preclaro filósofo, humanista Unamuno, censurado ya en su propia época.

  • Lilliana Ramos Collado

Curiosamente, los libros suprimidos son obras dirigidas a la crítica social del presente histórico, y el uso de “malas palabras” es apenas indicador de ese interés en reflexionar sobre el aquí y el ahora. Sabemos que las “malas palabras” siempre pertenecen a su época. Lo que se censura aquí no es hablar “malo”, sino hablar del presente, como si el presente fuera inmencionable e inhistoriable. Como si el presente no fuera nuestro. Si bien los libros censurados hoy no son de historia, sí interpelan al lector —sobre todo al joven lector— a pensar en su situación vital en el presente. Los jóvenes no son tontos, y en una isla familiarizada con la vulgaridad mediante la radio y la televisión (local y extranjera), nadie se llama a engaño. Esta censura tardía nada tiene que ver con la moral, sino con el gesto torpe de acallar la reflexión acerca de los que nos rodea.

  • Marie Ramos Rosado

La censura de obras literarias en pleno siglo XXI nos hace retroceder en tiempo y pensar que volvimos a los tiempos de la Inqusición. Además, entre los objetivos primordiales del siglo XXI, en el sistema educativo  están el desarrollo de un pensamiento crítico, para poder instaurar una sociedad más liberadora. Por otro lado, escuchamos por radio y televisión a líderes políticos y desarrolladores gubernamentales como el Sr. José “Cheo” Madera tildar al pueblo  con palabras  como: “crápulas, garrapitas y vividores”; palabras que resultan ofensivas para la autoestima e identidad nacional. Pues estos motes afectan más que nada a la “psiquis” maltrecha de nuestro pueblo. Sin embargo, el Departamento no censura estas acciones de nuestros líderes. Mientras los escritores y artistas de las  palabras utilizan esas llamadas “malas palabras” como imágenes poéticas y metáforas que irradian belleza a sus textos literarios. Nos oponemos enérgicamente a esa actitud fundamentalista e inquisitoria del Departamento de Educación Pública de Puerto Rico.

  • Alberto Martínez-Márquez

La decisión del Secretario de Educación concerniente al retiro de varias obras sobresalientes de la literatura puertorriqueña, debido a su lenguaje burdo y soez, no es sino la puesta en práctica de un nuevo puritanismo que pretende complacer al sector anti-intelectual del PNP, a los fundamentalistas cristianos y a los sectores moralistas del país.  Las declaraciones del Sub-secretario para asuntos académicos del DE, Juan J. Rodríguez va en detrimento de la pertinencia y excelencia de los libros que han sido censurados. Lo expresado por Rodríguez deja mucho que desear viniendo de una persona que ostenta el grado de académico de la primera institución universitaria del país, demostrando así una crasa ignorancia por la producción e historia literarias de nuestra nación boricua. Con respecto a la censura de libros de autores/as puertorriqueños/as hay que destacar que es parte de una agenda de los gobiernos anexionistas que han gobernado nuestra isla. Es necesario señalar que durante el romerato se censuraron libros de Juan A. Corretjer y de René Marques y que durante el rosellato se censuró una novela de Olga Nolla. El Secretario de Estado, Kenneth McClintock, ha hecho unas declaraciones muy desafortunadas para justificar la acción del DE de censurar los libros de José Luis González, Juan A. Ramos y Edgardo Rodríguez Juliá, entre otros. Denunciamos la errada determinación del DE de privar a nuestro estudiantado de una literatura de gran calidad que forma parte de nuestro acervo cultural.

  • Ana María Fuster

La censura es uno de los recursos del miedo fundamentalista.  Esa ignorancia retrógrada y mezquina unida al poder es la peor receta. Si el pueblo recibe un tapabocas gubernamental, tiene que gritar aún más fuerte, que protestar y defender la libertad de expresión, la cultura y la identidad. La juventud no es bruta ni ciega.No dejemos que los buitres del poder nos conviertan en robots, por decirlo de una forma elegante. Tenemos derecho a crear, a deleitarnos de nuestra cultura, de todas las culturas; a pensar y pasar juicio sobre el arte, pero aún más sobre los actos de quienes disfrazan de vulgar paternalismo, unas estrategias para matar lo que somos y lo que podemos ser. La literatura es la sangre de la cultura.

  • Ana Lydia Vega

Tradicionalmente, la censura oficial de una alegada “obscenidad” literaria ha sido pretexto fariseo para la supresión de ideas incomodantes.  Desde esa perspectiva, mueve a  sospecha el proceso de saneamiento moral que ha emprendido el Departamento de Educación de Puerto Rico a fin de excluir libros asignados de escritores reconocidos. ¿Disimulará el argumento de las “malas palabras” alguna torpe maniobra de purificación ideológica? No se puede olvidar el historial de persecución y marginación que, en nuestro país, ha sido la maldición continua del pensamiento disidente.

  • Elsa Tió

Recuerda las palabras de Carlos Fuentes  ” la censura es como una hiedra venenosa que se arrastra  por el suelo, sube por las paredes, invade las ventanas y las fachadas y nos deja sin luz.” La literatura es un referente para entender la sociedad , el mundo en que vivimos. La censura  tiene un efecto desvastador sobre la literarura , la educación y la libertad. La calidad debe ser el criterio, no un fundamentalismo, sin fundamento. Pero nadie se llamé a engaño la pasión del gobierno por silenciar a nuestros escritores,  no es nueva, y disfraza la verdadera intención de ir eliminando poco a poco una literatura que nos afirme como puertorriqueños, y latinoamericanos, por entender que es un obstáculo para la estadidad. La censura  es una especie de remolino que pretende tragarse la imaginación,  y el derecho  de los pueblos,  a pensar y crear con libertad.

Ana Lydia Vega: perspectiva y mirada


 

  • Mario R. Cancel
  • Escritor e historiador

 

mirada_doble_filoMirada de doble filo recoge una muestra de las columnas de Ana Lydia Vega publicada entre 1997 y 2007. Una voz femenina del 1970 propone al lector su imago mundi. La colección tiene un valor peculiar porque la opinión de los escritores, en especial la de los rebeldes, importa poco en esta era de superficialidad salvaje y revoluciones mediáticas. Vega, una excelente observadora y escritora, es capaz de vencer los peligros más comunes de esa condición.

La organización del libro traduce la perspectiva y la mirada de Vega. El Prólogo propone que detrás del calidoscopio, se puede inventar un orden. El lector dará coherencia a los chispazos que el periodismo de opinión produce sobre la base de su experiencia. Lo errante de la mirada refuerza la contingencia típica del medio periodístico en donode la mirada se muda de sitio al compás de las primeras planas.

En vuelos de reconocimiento la mirada macroscópica domina. La autora comenta la historia del país en los últimos 50 años. La crítica del desarrollo dependiente, máscara del progreso y la modernización, es el tema central. Vega articula su discurso anotando lo que se pierde y lo que se gana en medio de ese proceso de cambio social. La ciudad es el escenario de ese monólogo. Ocasionalmente la discursividad manifiesta cierta nostalgia por ciertos lugares del pasadode mod que en esencia, no se cancela toda posibilidad de esperanza. La conciencia de la decadencia del presente es evidente.

ana_lydia_vegaEn Mirador íntimo la perspectiva es microscópica. La violencia se apropia desde un adentro psicológico que se fija en los detalles. La intimidad tiene que ver con los espacios privados que el cambio en la cultura material ha puesto al alcance del poder público. La utopía de un hombre y una mujer nuevos es clara. La dulce discusión del homoerotismo me parece lo más rico de esta sección. El reconocimiento del estado inerme de los escritores ante el empuje de un mundo social que los arrincona, presente en “Una lanza para los escritores”,  merecería una discusión más profunda.

Ronda de velorios trabaja la espectacularización de la muerte. El deceso de cada prócer escribiente o prócer sin más, ha sido siempre un espacio para afirmar intimidades y discipulados inexistentes. Muerto Laguerre o Benedetti, todos pueden inventar un momento trágico en que aquellos los tocaron. El testimonio no requiere  prueba alguna. Con la gracia que la caracteriza, Vega sugiere que la muerte también puede ser solemne en “Destellos fúnebres,” un paseo por el cementerio de Montparnasse. El tema de la violencia y la guerra que, en un país colonial, siempre es una imposición cuestionable, me parece en extremo valioso. 

Espectáculo de variedades es un “vente tú” peculiar. Aquí el humor punzante de Vega alcanza las mayores cotas. Los cañones se enfilan contra los medios de comunicación y la imagen del mundo que aquellos generan mediante una lógica débil y consumible en donde el cotilleo señorea. “Plebiencuesta Inc.” y “La cumbre de la indecisión” son unas joyas de cinismo refinado.

En Zoom de la memoria retorna la mirada macroscópica en contubernio con una peculiar incautación del pasado. El viaje a través de una serie de signos -Pedro Albizu Campos, Luis Muñoz Marín, el Asesinato del cerro Maravilla, el himno y la bandera nacionales- o personas –Rubén Berríos, Pedro Juan Soto, Filiberto Ojeda- o momentos –el 60, el periodo, para muchos fulminante, del romerato- representan el testimonio político de una generación que perece en las turbulencia postmoderna y que ya no desea serlo. La nostalgia retorna con toda la rabia romántica de que es capaz.

Ana Lydia Vega no tiene remedio: se trata de una escritora atrapada en el maremagno de la postmodernidad. Y eso la hace sencillamente seductora…

Apuntes de Carnada de cangrejo/ Sexo y cura: “La complejidad de lo simple”


 

Maribel R. Ortiz, escritora

rafael-acevedo_sexo_carnadaLos “deleitables relatos” Carnada de cangrejo/Sexo y cura, del escritor y amigo Rafah Acevedo; son dos narraciones urbanas, ciertamente, brillantes; manifiesto de un estilo propio en donde las palabras se diseccionan hasta revelar el tejido ácido del humor y la ironía, sin descuidar en ningún momento, su fulgor poético. Sepan que se hallarán ante un libro inusitado, con dos portadas invertidas de una belleza arrebatadora, las cuales imbrican ambas historias.

Carnada de cangrejo en Manhattan, además de ser un relato lúdico y penetrante, es también, un discurso hermenéutico sobre el sujeto y su cotidianidad trastocada por los paradigmas del lenguaje, el cual se transmuta en un corpus codiciado, aunque escurridizo, que el personaje ambiciona poseer en un esfuerzo por transcribir las ideas, los significados, las verdades o mentiras, que habitan su mundo interior y el circundante. El personaje principal, a quien me referiré como “el innombrable”, puesto que su nombre está ausente en el relato, se desplaza por el escenario de los acontecimientos de su propia historia en un denominado “juego de las apariencias y de los sentidos”. “Que este lugar huela a pretzel y taxi amarillo no confirman nada” (…) todo depende del tono y las luces con las que uno adorna las palabras.” (Acevedo, Rafael, 2008, pág. 7)

            En síntesis, el relato cuenta la historia de un aspirante a escritor, quien labora como reportero mal pagado en la redacción de un periódico latino de New York y que a su vez, se ve forzado a escribir artículos anodinos que convierte en cuentos. El protagonista comparte algunos paralelismos con el personaje Arturo Bandini de la novela Pregúntale al polvo, de John Fante, quien además es un aspirante a escritor, que abandona su pueblo natal y se va a Los Ángeles en donde enfrentará una dura lucha por la supervivencia. El innombrable de Acevedo, abandonará su país (Puerto Rico) y emigrará a Manhattan; viéndose posteriormente atrapado en un hábitat improductivo, tronchado por las dificultades económicas, el pesimismo y la inconformidad con una existencia parasitaria, que amenaza con destruirlo. Contrario a Bandini, diletante que presume ser un versado en la literatura, el personaje de Acevedo, quien había laborado como profesor en su país, es un lector y admirador de James Joyce, uno de los escritores más complejos del siglo XX, hasta el punto de anhelar transfigurarse en el escritor irlandés. Asimismo, asumirá una postura filosófica ante las incógnitas de las palabras: “No tengo todas las palabras que necesito. Cuando se piden palabras, no se sabe lo que se pide.” (Acevedo, Rafael, 2008, pág. 13) Llama la atención, la postura ecuánime y sin prejuicios del protagonista, ante situaciones emocionales: “Eva es mi compañera de vida íntima. Era. Nos dejamos y volvemos en un delicioso círculo vicioso. Como no soy celoso, trato de serlo (…) De hecho, Eva tampoco es mi mujer. No tengo ese sentido brutal de la propiedad”. (Acevedo, Rafael, 2008, pág. 9)

            Ahora bien, ¿Qué común denominador comparten un aspirante a escritor con ganas de suicidarse, la carnada de cangrejo, el distrito de Manhattan, Canadá y el Almanaque Bristol? La clave está en el enunciado con que se inicia el relato: “Anoche quería matarme y todo esto me da mucha gracia”. (Acevedo, Rafael, 2008) El sujeto está sentado en un ordinario café neoyorkino y toma la bebida caliente del mismo nombre, con la esperanza de que le quite el dolor de cabeza. Bebe y recuerda que la noche anterior quería matarse, y todo eso, le da mucha gracia. Tal vez, sonríe, sin la carcajada estentórea; reír estrepitosamente, es una acción tertuliar, y el sujeto está solo. Bebe, mientras lee el Almanaque Bristol; un encuentro azaroso con ese pintoresco folletín anaranjado salpicado de sabiduría popular, que el mundo consulta sin importar el estrato o las creencias. De esa lectura fortuita, se entera que la carnada de cangrejo evita los tiburones. Entonces, las palabras tiburones, cangrejo, Canadá, le dan vueltas en la cabeza y aunque está en Manhattan, viaja mentalmente al sur de Montreal. Frota las palabras, las lee, quiere saber a qué saben a la vez que repite como un mantra: “La verdad es una mentira”, tal vez para proteger su mente y para no pensar en lo de la noche anterior. Quizás, ese oxímoron que deambula entre los paradigmas de la realidad o las ficciones de la realidad, pueda ayudarlo a lidiar con el dilema de vivir o matarse. Lo cierto es que, la segunda cláusula del enunciado conduce al entresijo: ¿qué es el “todo esto” que le da mucha gracia? ¿Se refiere a la intención de suicidarse o las circunstancias que lo impulsaron a pensar en el suicidio? Infiera el lector.

            ¿Y qué sobre el final del relato? “Después de la tormenta viene la calma”, como dice el refrán. Al final, el sujeto se coloca frente al teclado y escribe. Sabe el poder de las palabras. Son mágicas. Lo único mágico que queda. Los convido a morder la Carnada de cangrejo en Manhattan para que vivan la experiencia redentora de las palabras.

           Por otro lado, Sexo y Cura es un relato cuyas escenas y diálogos mordaces se construyen como en un montaje cinematográfico a base de planos rápidos y secuencias cortas; de manera, que el lector tiene la impresión de ser al mismo tiempo, espectador de aquello que acontece. El narrador omnisciente interviene como una voz en off, que guía al lector por los diversos escenarios y lo convida a deliberar en torno a los acontecimientos de la trama. La historia gira alrededor del protagonista Luis Carlé, un empleado asalariado, quien vive subyugado a una madre manipuladora, los sentimientos de mea culpa y la memoria de una relación amorosa, disfuncional. Aquí el consabido subterfugio freudiano, que Alfred Hitchcock explotó en el clásico film Psycho, con el personaje de Norman Bates, no es la convención típica, el refrito o el cliché desgastado de las patologías sexuales. La intención de Acevedo es parodiar, guasearse, la teoría freudiana sobre la interpretación de los sueños o la castración simbólica, como se puede apreciar en la hilarante escena onírica de Luis en el despacho de una pareja de sicoanalistas.

            El personaje antagonista será René, el hermano de crianza de Luis; un tipo felizmente desempleado, quien vive sus días entre el carpe diem y una especie de pragmatismo filosófico. Los dos personajes se configuran, entre otras cosas, sobre la base de una dicotomía nietzscheana entre lo apolíneo y lo dionisíaco; siendo Luis, quien encarna al tipo racional, que no pierde la compostura o el dominio de los impulsos. En cambio, René encarna al tipo impetuoso, amante del sexo y del afán de vivir la vida, a pesar de todos sus males.

            Desde la primera línea, se nos pone al corriente del evento que será la pieza central de la trama, y que atrae nuestra atención como un poderoso imán. Se trata del enunciado con que se abre el relato y que se repetirá en el texto como hilo conductor de la misma: “Preguntarse cómo llegó esa pistola a estar entre las piernas de Luis Carlé es pasar por alto que el arma no tiene ninguna importancia.” (Acevedo, Rafael, 2008) Es a partir de este suceso, que la historia se narra retrospectivamente hasta concluir en un final abierto del que se desprenden dos posibilidades, que no voy a mencionar para no arruinar ese atinado elemento sorpresa. En otras palabras, infieran los lectores.

            Por otro lado, el título sugestivo del relato, no es necesariamente un anticipo de lo que nos toparemos en su contenido; se trata de un juego semántico. La locución sexo y cura admite diversas interpretaciones vinculadas con la historia narrada, así como de los personajes involucrados. Si se enfoca en el suceso del arresto del Padre Carrero acusado de abuso de menores, Sexo y cura es igual a: Sacerdote, párroco o cura con tendencias pedófilas; si se trata del órgano sexual de Luis Carlé, Sexo y cura sería igual a disfunción eréctil y la búsqueda de un tratamiento o cura. Si se enfoca en la recomendación de René sobre las bondades terapeutas del coitus at infinitum, entonces, Sexo y cura se traduce como sexo que cura enfermedades y dolencias incluyendo la depresión. En última instancia, Sexo y cura guarda relación con el adicto que tiene sexo para procurarse la cura. Usted elige.

            Para concluir, me queda decir que con esta dupleta, el poeta y escritor Rafael Acevedo, ratifica una vez más su portentosa agudeza literaria y notable dominio de la técnica narrativa, lo que lo posiciona a la altura de escritores como Raymond Carver o John Fante, entre otros. El tratamiento de temas que van desde lo sublime hasta la sensación de hastío ante la existencia, así como la minuciosidad en los detalles y el manejo económico de las palabras, sin sacrificar las sutilezas del lenguaje, hacen de este libro, uno necesario para los lectores que quieran disfrutar de una lectura posmoderna hilarante y original.

Ver comentario crítico sobre el libro por Mario R. Cancel

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