La censura literaria: ¿Cuándo eliminaremos los tabús?


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El tema de la censura de los libros para muchos podría parecer una nueva faceta en nuestra historia, mas ignoran que con la colonización americana nuestra literatura comenzó a perderse. Ahora, luego de un cambio de gobierno, nuestro nuevo Primer Mandatario se ha tomado la gentileza de proclamarse como padre en una situación que no necesita una opinión patriarcal, sino más bien alude al nuevo despotismo que busca regir a Puerto Rico. Los libros de José Luis González, Edgardo Rodríguez Juliá, Juan Antonio Ramos y José Luis Vega expresan una realidad cultural de la que no se escapa ningún puertorriqueño; no menciono a Carlos Fuentes, ya que es mejicano. Por ende, el Departamento de Educación (DE),

junto a su secretario Carlos Chardón, han quedado en total ridículo frente a literatos y maestros que consideran absurda la idea de limitar a los estudiantes en su aprendizaje por el simple hecho de querer dejar en tabú “palabras malas” o descripciones de “alto contenido sexual”.

Siempre he considerado que hay dos tipos de educación: la intelectual y la callejera. Aunque para los líderes elitistas esto no tiene ningún tipo de lógica nosotros lo jóvenes enfrentamos a diario situaciones peores, ya sea en los hogares o en las afueras de los mismos. Asimismo, el Pen Club de Puerto Rico ha adoptado una postura bastante sólida al expresar su rechazo a la medida política que pretende ejercer Luis Fortuño, el gobernador de nuestra Isla, y Chardón. En un comunicado de prensa, publicado en la página cibernética http://www.vidadigital.com (blog del profesor Mario Nuñez Molina, de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez) el grupo de escritores avaló el que la medida es una acto en contra de nuestra constitución, la cual plantea la libertad de expresión; segundo, que las dictaduras buscan que la masa poblacional sea analfabeta, ignorante y pobre (más fácil el controlarlas); tercero, va en contra de lo que se define como democracia; y por último, en vez de avanzar nos estanca, pues no estaríamos creciendo a la par con la globalización. Todos los puntos deben ser analizados con cautela.

Luis Fortuño

El primero cae dentro del aspecto legal, que para ser Fortuño abogado licenciado debe conocerse a cabalidad. Éste precisamente es el que ha llevado a que los periodistas también entren en la discusión de la censura, ya que la libertad de expresión es la base de la profesión periodística y de un sistema democrático. El segundo aspecto no se aleja de la faceta política, pero esta vez alude a lo que nuestro Eugenio María de Hostos quiso enseñarnos. Según nuestro gran prócer la revolución era a través de la educación, pues un pueblo educado tiene las armas necesarias para defenderse; y hasta el revolucionario Ernesto “Che” Guevara pensaba que “el conocimiento nos hace responsables”. ¿Qué mejor para un Gobierno que tener bajo su dominio a una masa poblacional “zombie”? Continuando con el tercer punto, que sigue siendo político, la democracia es, según el diccionario de la Real Academia Española, “doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno”. ¿Por qué se nos quiere negar el acceso a la información? ¿Qué ocultan o qué exponen estos textos que aterran al DE y al Gobierno? ¿Vivimos en una verdadera democracia? Para finalizar el pensamiento, si no nos informamos no evolucionamos; si de por sí la historia se repite es importante conocer el pasado. El mundo está desarrollándose extremadamente rápido en conjunto gracias a las nuevas tecnologías. Somos la gran aldea visualizada por muchos, tanto así que nuestra lucha local por la censura alcanzó publicarse en el New York Times y en páginas cibernéticas internacionales. Entonces, ¿creo que tendrá repercusiones en el DE? Púes ya las tuvo. El DE le pidió al Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) que evaluara las lecturas, lo lamentable del caso es que la institución no quiera inmiscuirse en el asunto. ¿Qué si tuvo alguna consecuencia? Chardón declaró que su preocupación era más por los jóvenes del sistema de Educación Especial y agregó que sólo censurarán el texto “Aura” de Carlos Fuentes. También, en entrevista radial por WKAQ y Noti Uno el Secretario sostuvo que la medida sería temporera. ¡Qué muchas contradicciones en cuestión de segundos!

Me tomare la libertad de felicitar a los escritores boricuas en este trabajo, pues su manera de protestar ha sido una muy efectiva. Cada cual ha expuesto su pensamiento independiente, mas todos entienden que es una estupidez la iniciativa que se ha ejercido. Dicha controversia lleva a estos artistas de las palabras a defender no sólo la profesión, sino también nuestras raíces. A ellos se han unido maestros, periodistas y estudiantes en actividades realizadas frente al DE, cuyo objetivo es leer los textos obscenos y soeces que “atentan” contra nuestra ética y moral. Es inaceptable que en menos de un año la clase artística de la Isla haya tenido que salir en defensa de su labor en un sin número de ocasiones y que el ICP se haya mantenido al margen de lo que pasa o pueda pasar con nuestra cultura, cuando se supone que ellos protejan nuestro patrimonio. ¡Tremenda labor que ejercen! Han convocado al pueblo a leer los libros, a crear un pensamiento crítico autónomo, a recordar que estamos hablando de la puertorriqueñidad y a simplemente canalizar que el sexo y las malas palabras son parte de la vida, por lo tanto, ya sea en un libro, en la calle, por la televisión, en la radio, por algún amigo o lo que fuese si se va a aprender, se aprende. Además, para qué están los educadores de por medio sino es para mantener una sana absorción de las situaciones que se plantean en las lecturas. ¿Quiénes más ignorantes, los estudiantes de undécimo grado o los líderes del País? Ello demuestra a su vez la falta de apoyo a los maestros, a quienes no se les está brindando ningún tipo de confianza, ni de suspicacia para dialogar los temas con los estudiante.

GobernadorEntrando ahora en la discusión de la opinión pública, antes de decir algo de los medios, por mi parte no he escuchado a muchas personas hablar del tema y será porque soy estudiante universitaria. No obstante, eso es preocupante, pues supone que no existe el interés del pueblo por la educación, ya que más se escucha sobre una pelea de boxeo que se dará en un fin de semana. La intervención de los escritores Ana Lydia Vega, Mayra Santos Febres, Luce López- Baralt, Mario R. Cancel, Marta Aponte Alsina, entre otros, ha sido la bomba que ha iniciado el gran debate. La literata Liliana Ramos Collado manifestó que “curiosamente, los libros suprimidos son obras dirigidas a la crítica social del presente histórico, y el uso de malas palabras es apenas indicador de ese interés en reflexionar sobre el aquí y el ahora.” Mientras que su colega Arturo Echevarría arremetió en contra del DE tras declarar que “la iniciativa tomada por el DE tiene consecuencias gravísimas, y, como tal, merece nuestro repudio más enérgico. Se trata no sólo de una intervención indebida que coarta el derecho que tiene el estudiante puertorriqueño a conocer su propia tradición literaria, sino que atenta contra la libertad en que se fundamenta toda expresión artística». Por consiguiente, la opinión pública se divide en dos grupos: uno compuesto por políticos y jefes de agencias gubernamentales que comprenden que los libros no son aptos para jóvenes de 16 y 17 años por su contenido sexual y uso de palabras soeces y otro conjunto por periodistas, maestros, estudiantes y literatos que defiende el derecho a la educación, a la libre expresión y a la cultura. Lo cómico del asunto es que su censura es pura fantasía, porque las razones que dan alimentan la curiosidad de cualquiera. ¿Qué muchacho o muchacha de esta generación no se motivaría a leer un libro que sea un poco más sencillo de entender por la semejanza que tienen sus descripciones a lo que ocurre a su alrededor? ¿Quién no se sentaría a leer un texto que te fue negado? Fácilmente la tortilla se vira, es una paradoja.
El tema lo he seguido por la Internet, en donde he podido conseguir noticias, grabaciones de entrevistas radiales y blogs. La censura en la opinión pública está más a favor de la educación que de la ignorancia. A estas alturas es ilógico eliminar textos que recaban la esencia del ser puertorriqueño para mantenernos ilusos culturalmente. De cambiar al otro lado de la moneda, entonces hay que tomar precauciones, pues si en Puerto Rico la política continúa inmiscuyéndose en asuntos que no debe terminaremos como un sistema comunista sin que haya ganado el tan temerario Partido Independentista. Lo importante es crear un criterio propio, pues al cuestionarles a los altos ejecutivos del DE su opinión de los libros, éstos constaron que no los habían leído. ¿Cómo se atreven entonces a censurarlos sin conocer su contenido? Por eso es imprescindible conocer todos los ángulos de una controversia tan debatible con ésta.

Culmino éste ensayo con un pensamiento propio: “No permitamos que el Gobierno mate nuestra identidad cultural plasmada en lecturas que sólo acentúan la realidad del ser puertorriqueño. No permitamos que nos conviertan en máquinas programadas a su antojo, haciendo del pueblo un grupo de ignorantes manipulables.” Esto va para largo, es una lucha compuesta de muchos elementos y ninguno está aislado del otro. Hoy es la educación y la cultura, mañana una sorpresa. Los escritores han planteado sus posiciones de manera contundente, entretanto Fortuño y Chardón se han limitado a utilizar aseveraciones que no caben en este momento de la vida boricua. Eduquémonos, esa es la única herramienta que tenemos para sustentarnos en donde sea, no es justo que los grandes intereses decidan qué lo que debemos aprender. No te dejes llevar por el punto intermedio de la información, el “conocimiento parcial de la realidad” como definió Platón.

Publicado con autorización de la autora.

Clásicos y censores


  • Marta Aponte Alsina
  • Narradora puertorriqueña

Italo Calvino no favorecía las ediciones críticas de los clásicos: “Nunca se recomendará bastante la lectura directa de los textos originales evitando en lo posible bibliografía crítica, comentarios, interpretaciones”. Este juicio no tiene hoy la misma validez que a mediados del siglo veinte, si es que la tuvo entonces. No basta el deseo de recuperar la vivencia de un texto cuyas intenciones y contextos no sólo han desaparecido, sino que se han extirpado de la memoria colectiva en la borradura de una modernización radical. La familiaridad entre un texto arcaico y un lector joven es acaso imposible de restablecer, pero al menos se pueden rescatar algunas claves. En estas circunstancias, una edición anotada puede compararse con las ofrendas que  acompañaban a las momias. El libro anotado contendrá en miniatura el universo del muerto, lo imprescindible para ayudarlo a renacer en el otro mundo.

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La publicación de una nueva edición escolar de La resaca,[1] a cargo de la Dra. Marithelma Costa, catedrática del Graduate Center de la City University of New York, coincide con otra resaca: el asunto de la lectura de los clásicos en función del currículo escolar. Hablar de “clásicos puertorriqueños” requiere hilar fino. La integración de ciertos títulos a los currículos escolares ha sido el medio casi único de marcar y distinguir unos textos y de solventar su supervivencia en el mercado. En ese sentido estrictamente ritual de los currículos escolares, no cabe duda de que las obras de Laguerre figuran entre las más difundidas. Sin embargo, siguen estando muy alejadas de esa otra prueba del clásico: su apropiación de manera amplia y entrañable.

Decía el infaltable Borges que las figuras del Quijote y Mickey Mouse son igualmente universales.[2] En ambos casos los escenarios reales de estas ficciones existen. Se pueden recorrer los campos de La Mancha y el Main Street de Disney, así como la Florencia de La divina comedia, o el México de Aura. En Puerto Rico, no se ha cumplido un siglo desde que la constitución de los currículos empezó a tomar en cuenta una cultura letrada propia, que en el siglo 19 había sido casi clandestina. Nuestros “clásicos” no han añejado, no traen consigo capas de lecturas críticas ni han generado una tradición sólida en la conciencia de los escritores. La relativa juventud de la cultura letrada, sumada al juego de las censuras políticas de autores que unos consideran peligrosos y otros extraños, así como a la poca discusión pública en torno a la difusión del libro y la manera enajenante de concebir la lectura, son datos objetivos. Quizás sólo algunos poetas han alcanzado cierta trascendencia, la suerte de desaparecer “escondidos en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual”.

En esta trama de clásicos no clásicos, de un canon desarraigado, entra una nueva edición crítica de La resaca, un libro publicado por primera vez en 1949, del cual se han hecho 19 ediciones. Laguerre, al igual que Ramón Frade, se propuso asumir el gesto del ángel de la historia, la mirada retrospectiva de quien contempla y describe las ruinas de un mundo. ¿Cómo leerlo?

Pido a una edición crítica que me permita ejercer mi soberanía de lectora en consulta con otros lectores igualmente soberanos. Esta edición cumple con el criterio. La concisa y útil presentación del contexto histórico, el hecho de que los cientos de notas al calce no estorben la lectura de la trama, el índice minucioso, el sumo cuidado, son detalles que confirman la nobleza del oficio editorial. Mi apoyo crítico favorito es la cronología, que enlaza datos de la vida del autor con acontecimientos de la historia política, literaria, artística y científica. Por ejemplo, me parece deslumbrante el hecho de que Laguerre naciera en 1905 el año en que Einstein publicó su teoría de la relatividad, y que la primera edición de La resaca coincidiera con las primeras ediciones de Hombres de maíz (Miguel Ángel Asturias) y El segundo sexo (Simone de Beauvoir). No hay espacio para más ejemplos, pero son muchos los nexos potenciales.

Laguerre fue uno de los productores del programa radial La escuela de aire. La impronta del minidrama radial está presente en los diálogos de La resaca. Los hay de corte ideológico, parientes de los abundantes debates en las novelas de Zeno Gandía, José Luis González e Iván Silén. También hay diálogos cervantinos, que retienen la chispa del narrador oral, el hambre de contar y de escuchar cuentos que persiste en las escenas novelescas de Roberto Bolaño, cuyos personajes narran historias que se desprenden al infinito de la acción central.

El texto sigue planteando enigmas. Se despliega el maridaje muy latinoamericano entre los lenguajes del naturalismo y la vanguardia con el criollismo. Sorprende la arrogancia temeraria del autor cuando nos castiga con algún arcaísmo o neologismo insólitos. Pero hay más preguntas. Cómo recoge el autor las lecciones de la novela social, de la literatura obrera de entre siglos. Cómo concibe la novela histórica en un momento de transición política que parece radical, pero que no altera las relaciones de poder. Cómo retoma motivos que hasta hace poco fueron constantes en la literatura puertorriqueña: el abandono del deber por el padre; el emblema del jíbaro –frustración, anemia, degeneración– en su compleja relación con la figura heroica enarbolada en el campo político.

Marcas del auténtico escritor: El traje de tela de saco de la madre beata (y cómo a su muerte el viudo lo quema en la hoguera); el cangrejo que se cuela por el piso sin tablas de las casuchas; los manglares donde “se consumían las pasiones primitivas”. De paso, vi en este libro tantas alusiones eróticas como las que recuerdo en José Luis González, el  autor censurado por los lectores del Departamento de Educación de Puerto Rico.

A propósito de la censura de libros por los burócratas del Departamento de Educación, hay que aprovechar el momento para invitarlos a debatir y a descubrirse. Si como decía Benjamin para las clases proletarias toda educación ha sido tradicionalmente una humillación intelectual, esa humillación se refleja en la incultura del poder. Esos censores incultos son lectores frustrados. Claro, también hay censores ilustrados. ¿Recuerdan cuando el ilustrado profesor José Arsenio Torres, ex Secretario de Educación, censuró La segunda hija, novela de Olga Nolla? Y el crítico Mario Cancel ha dicho que si Laguerre ha permanecido en las listas de Educación es sobre los cadáveres censurados o invisibilizados de escritores contemporáneos suyos, como De Diego Padró.

Más allá de qué deben leer los jóvenes y quién debe escoger esas lecturas, está la cuestión de una literatura nacional: la estrecha relación entre los libros y la nación. El problema no es exclusivo de las colonias esquizofrénicas y olvidadizas. Es curiosa a propósito la queja de George Steiner sobre la “educación amnésica” que sacudió la estabilidad del canon de la cultura occidental a partir del 1968. Los excluidos por razones de género raza y opresión política han levantado sus cánones alternativos en campos discretos: literatura queer, literatura feminista, literatura post-colonial, para-literatura. Corren el peligro de constituirse en guetos igualmente excluyentes, y lo saben.

Mientras haya un lugar de enunciación marcado por la experiencia colectiva, se podrá hablar de literatura puertorriqueña, siempre que se conciba no como una imposición de autoridades imprescindibles y modos de lectura monolíticos sino como el cruce inagotable de lugares sociales e históricos marcados por las experiencias de género, sexualidad, clase, lenguaje, migraciones, raza, placer y pensamiento.

¿Cómo inducir a la lectura para que el enigma del texto nos impela al conocimiento de esos conflictos, más reales que los símbolos estables de una nacionalidad inmóvil? La experiencia de leer es movediza. Leer es improvisar a partir de reglas e ingredientes precisos. Se aprende a leer como se aprende una receta para hacer un plato que integrará el sello particular –nuestro invento– a las carnes propias. Como se aprende la lengua misma, que vincula el origen de la especie con la singularidad local y personal.

El placer de la lectura no es otra cosa que el placer del conocimiento, por más duros que sean sus procesos y horripilante la conciencia de nuestras circunstancias. Los lugares donde se concibieron los textos nuevos están presentes, nos movemos en esos contextos. Los contextos de los textos viejos son más enigmáticos, pero ese misterio puede abrir puertas, como un aperitivo, en vez de añadir con cada libro un ladrillo a la muralla. Quizás lo único que deba transmitir una maestra o un maestro es que antes de leer todos somos ignorantes, que la lectura debe ser una ceremonia cotidiana para enfrentarse a la propia estupidez y que los textos viejos no son mudos. Pueden andar acompañados de claves que les ayuden a hablar y a revelarnos el celaje de sus enigmas. En ese sentido de acompañante en el diálogo radica para mí la utilidad de una edición crítica, como esta de La resaca.

Publicado en Claridad-En Rojo el viernes 2 de octubre de 2009


[1] Editorial Plaza Mayor, 2009.

[2] López Labourdette, Adriana. El canon literario y Jorge Luis Borges. Zurich: Georg Olms Verlag, 2008.

Literatura y censura


Comunicado de Prensa

PEN CLUB DE PUERTO RICO REPUDIA CENSURA DE LIBROS

San Juan, Puerto Rico, 14 de agosto de 2009,  “Efectivo de inmediato, queda terminantemente prohibido el uso de los siguientes textos: Antología personal de José Luis González, El entierro de Cortijo de Edgardo Rodríguez Juliá, Mejor te lo cuento: Antología personal de Juan Antonio Ramos, Reunión de espejos de José Luis Vega, Aura de Carlos Fuentes,” así lee el documento que censura obras de nuestra literatura. Hay que hablar claro. Existe el censor y existe la obra censurada. El escritor tiene la pasión por hablar y escribir. El censor vive de amordazar. Impedir que cinco obras fundamentales de la literatura latinoamericana sean leídas por estudiantes de undécimo grado de las escuelas de Puerto Rico, es censura. El “Indice de libros prohibidos”, la lista de obras que desde el 1559 al 1948 fueron recopiladas y prohibidas, y sus autores condenados por heréticos, porque sus obras “corrompían a los fieles”, no es cosa del pasado. El Index sigue vivo y es peligroso.

censuraHoy en pleno Siglo XXI, en nuestro propio suelo, revive este peligroso movimiento que contradice los propios cimientos de nuestra constitución: la libertad de expresión. Ninguna sociedad puede evadir el que exista la palabra del poder y la palabra del pueblo, el discurso del aparato del estado o “establishment”, y el discurso que emana de las fuentes de la cultura. Recordemos que toda una tradición de dictaduras en América Latina buscó su fundamento en la censura, el analfabetismo, la ignorancia y la pobreza.

Aclaremos: toda censura a un autor es también una censura a sus lectores. Esta desatinada determinación de parte de las autoridades del DE prohibe que nuestros jóvenes tengan la oportunidad de conocer esta importante literatura como ejercicio pleno de su libertad de conocer y de conocerse. Todo libro que despierte conciencia en los ciudadanos de su sentido de identidad, que nos identifique como puertorriqueños y que declare nuestra historia, lucha, y persistencia como pueblo y como parte de una tradición hispana, tiene como riesgo la censura en Puerto Rico. Esto es intolerable y reaccionamos enérgicamente contra todo atentado de censura a nuestros escritores y hermanos latinoamericanos, en este caso Carlos Fuentes, en un acto contradictorio para la democracia y el crecimiento maduro de nuestros jóvenes.

En momentos históricos de apertura, globalización, mega-comunicaciones, un Puerto Rico castrado y enmudecido por la censura constituye triste espectáculo internacional que nos anticipa un retroceso en la historia de las libertades democráticas.

La acción de censura del Secretario de Educación,  Sr. Carlos Chardón, es intolerable. Hacemos un llamado a él y al Señor Gobernador de Puerto Rico, Luis Fortuño, a que rectifiquen el acto anticonstitucional y antidemocrático cometido por la oficina de Asuntos Académicos del DE, episodio dramático que atenta contra la libertad y la expresión de las ideas, amenaza la enseñanza adecuada y plural de nuestros jóvenes, y nos entorpece el acceso a las realidades urgentes que deben discutirse en el aula escolar.

  • Mairym Cruz-Bernal
  • Presidenta
  • PEN CLUB DE PUERTO RICO
  • Suscrito al PEN-INTERNATIONAL con sede en Londres

Declaraciones de escritores:

  • Mayra Santos Febres

El principal deber de un maestro es educar. Educar no es proveer datos y reglas de moral sino despertar en el estudiante la curiosidad por saber. ¿Qué curiosidad por el saber van a desarrollar los estudiantes si se les priva de textos contemporáneos, de textos de probada  excelencia literaria, textos controversiales, difíciles, que nos presentan “el bien y el mal” de manera fácil, predigerida? ¿Cómo van a aprender a pensar nuestros estudiantes, si no tienen en su currículo libros -es decir, material de reflexión- qué conectar con su vida?

  • Luce López-Baralt

Deseo por medio de estas líneas mostrar mi más férrea oposición al intento por parte del Departamento de Educación de censurar y de eliminar del currículo obras literarias de primera importancia debido a su alegado contenido sexual impropio. El desconocimiento literario que esta medida implica es lamentable pero evidente: de seguir fielmente estas directrices, tendríamos que retirar del currículo las obras más importantes de nuestras letras, pues, leídas por un lector avisado, todas tienen, de un modo u otro, alusiones sexuales que el Departametno de Educación consideraría “impropias”. Me refiero al “Libro de Buen Amor” del Arcipreste de Hita, a “La Celestina”, al “Lazarillo de Tormes”, y al mismísimo “Quijote”, que los censores de antaño, y hablo literalmente, consideraron inaceptable por “lascivo”. Un maestro que enseñe con madurez y con conocimiento literario auténtico todas estas obras sabrá dirigir al alumnado en la lectura y estudio de las mismas sin crearle escándalos falsos ni mucho menos fomentarle actitudes represivas y fundamentalistas. De no ser así, ninguna obra literaria válida podría ser enseñada a los alumnos puertorriqueños, que quedarían reducidos a textos “recortados” de cualquier expresión o símbolo amoroso o erótico considerado por los censores como escandaloso. Reitero mi oposición a tales medidas represivas.

  • Mario R. Cancel

Siempre llaman la atención los resortes que se mueven en el momento en que una autoridad oficial ejecuta un acto de censura. La acción demuestra el poder del censor, pero también manifiesta sus miedos, sus pesadillas y su flaquezas. La impresión que dejan situaciones como esta es que estamos sentados sobro un barril del pólvora  a punto de explotar. Confirma, por otro lado, el poder subversivo de la palabra. Las reservas morales manifiestas por las autoridades de educación no les permiten comprender que los problemas que reconocen en las generaciones jóvenes dependen menos de lo que leen -o podrían leer- que de lo que ven cotidianamente en la vida pública. Censurar las presuntas inmoralidades de unos cuantos libros mientras se tolera la inmoralidad en los nichos del poder es injusto.

  • Marta Aponte Alsina

La censura es un indicio de los miedos de los censores. Paradójicamente logra lo contrario de lo que se propone: despertar el interés en textos que de otro modo se leerían a regañadientes por cumplir con un requisito escolar. Ha sucedido antes, no es nuevo el debate sobre la “pertinencia” y la “moralidad” de los libros que se asignan como lecturas obligatorias. Hay que cuestionar minuciosamente a los burócratas actuales del DE sobre los valores, gustos y criterios que aplican para seleccionar unos libros y censurar otros. Después de todo son empleados gubernamentales, y los libros se compran con fondos públicos. Al mismo tiempo se abre una oportunidad para debatir, con la mayor amplitud, el lugar de los libros y la lectura en los procesos de formación social y personal.

  • Arturo Echavarría

La iniciativa tomada por el DE tiene consecuencias gravísimas, y, como tal, merece nuestro repudio más enérgico. Se trata no sólo de una intervención indebida que coarta el derecho que tiene el estudiante puertorriqueño a conocer su propia tradición literaria, sino que atenta contra la libertad en que se fundamenta toda expresión artística.

  • Aurea María Sotomayor

Los burócratas de la educación en Puerto Rico se autorizan primero como ignorantes para ejercer su función. Distinto y peor a aquel juez que reconocía la obscenidad cuando la veía, éstos no tienen que leer para reconocer que todo podría ser obsceno, y por tanto, no apto para “menores”. Como no saben, porque no han leído, es imposible argumentar con ellos absolutamente nada. Paradójicamente, el propósito de estos promotores de la educación es regar la ignorancia sistemáticamente y obstaculizar el pensamiento.

  • Néstor Barreto

Toda censura es deleznable.  En su afán de ocupar todos los espacios de poder posibles este gobierno muestra características protofascistas que ya debían  ser obvias para los que en su rol de intelectuales velan por no perder y en todo caso ampliar las modestas conquistas de nuestros productores culturales en el ámbito editorial y educacional. Esas características son obvias para mí por lo que deploro y condeno las acciones del departamento de educación usando como excusa valores y mores puertorriqueños supuestamente comunes y que terminan siendo al final muestras de un auto-odio feroz, inflamado por una idea de mandato que empaña su visión y deforma demasiadas de sus acciones. Parecen estar en un momento frenético de desconstrucción  que requiere de concertaciones a las que habíamos perdido costumbre.

  • Tina Casanova

Es con gran estupor e indignación que me entero de la censura del DE a las obras literarias de compañeros escritores utilizadas en los currículos de nuestras salas de clase.  ¿Qué más esgrimirán contra nosotros los escritores de esta bendita patria?  No basta con reducir los espacios literarios en los medios de comunicación.  Tampoco con que las pequeñas librerías  hayan sido devoradas por Borders y no tengamos dónde vender nuestras obras. Ya han comenzado a desmantelar el programa Lee y Sueña donde nuestras obras infantiles se hacían accesibles a los lectores jóvenes de los pueblos que no tienen librerías.  Y ahora esto.  Nos acorralan, nos eliminan con superfluos argumentos hipócritas.

  • Etnairis Rivera

Censura es sinónimo de tiranía. Trágicamente, en Puerto Rico impera la ideocracia que tan bien definió y discursó Don Miguel de Unamuno: “de las tiranías todas, la más odiosa, es la persecusión  en nombre de unas ideas.” O será que también censurarán al ilustre y preclaro filósofo, humanista Unamuno, censurado ya en su propia época.

  • Lilliana Ramos Collado

Curiosamente, los libros suprimidos son obras dirigidas a la crítica social del presente histórico, y el uso de “malas palabras” es apenas indicador de ese interés en reflexionar sobre el aquí y el ahora. Sabemos que las “malas palabras” siempre pertenecen a su época. Lo que se censura aquí no es hablar “malo”, sino hablar del presente, como si el presente fuera inmencionable e inhistoriable. Como si el presente no fuera nuestro. Si bien los libros censurados hoy no son de historia, sí interpelan al lector —sobre todo al joven lector— a pensar en su situación vital en el presente. Los jóvenes no son tontos, y en una isla familiarizada con la vulgaridad mediante la radio y la televisión (local y extranjera), nadie se llama a engaño. Esta censura tardía nada tiene que ver con la moral, sino con el gesto torpe de acallar la reflexión acerca de los que nos rodea.

  • Marie Ramos Rosado

La censura de obras literarias en pleno siglo XXI nos hace retroceder en tiempo y pensar que volvimos a los tiempos de la Inqusición. Además, entre los objetivos primordiales del siglo XXI, en el sistema educativo  están el desarrollo de un pensamiento crítico, para poder instaurar una sociedad más liberadora. Por otro lado, escuchamos por radio y televisión a líderes políticos y desarrolladores gubernamentales como el Sr. José “Cheo” Madera tildar al pueblo  con palabras  como: “crápulas, garrapitas y vividores”; palabras que resultan ofensivas para la autoestima e identidad nacional. Pues estos motes afectan más que nada a la “psiquis” maltrecha de nuestro pueblo. Sin embargo, el Departamento no censura estas acciones de nuestros líderes. Mientras los escritores y artistas de las  palabras utilizan esas llamadas “malas palabras” como imágenes poéticas y metáforas que irradian belleza a sus textos literarios. Nos oponemos enérgicamente a esa actitud fundamentalista e inquisitoria del Departamento de Educación Pública de Puerto Rico.

  • Alberto Martínez-Márquez

La decisión del Secretario de Educación concerniente al retiro de varias obras sobresalientes de la literatura puertorriqueña, debido a su lenguaje burdo y soez, no es sino la puesta en práctica de un nuevo puritanismo que pretende complacer al sector anti-intelectual del PNP, a los fundamentalistas cristianos y a los sectores moralistas del país.  Las declaraciones del Sub-secretario para asuntos académicos del DE, Juan J. Rodríguez va en detrimento de la pertinencia y excelencia de los libros que han sido censurados. Lo expresado por Rodríguez deja mucho que desear viniendo de una persona que ostenta el grado de académico de la primera institución universitaria del país, demostrando así una crasa ignorancia por la producción e historia literarias de nuestra nación boricua. Con respecto a la censura de libros de autores/as puertorriqueños/as hay que destacar que es parte de una agenda de los gobiernos anexionistas que han gobernado nuestra isla. Es necesario señalar que durante el romerato se censuraron libros de Juan A. Corretjer y de René Marques y que durante el rosellato se censuró una novela de Olga Nolla. El Secretario de Estado, Kenneth McClintock, ha hecho unas declaraciones muy desafortunadas para justificar la acción del DE de censurar los libros de José Luis González, Juan A. Ramos y Edgardo Rodríguez Juliá, entre otros. Denunciamos la errada determinación del DE de privar a nuestro estudiantado de una literatura de gran calidad que forma parte de nuestro acervo cultural.

  • Ana María Fuster

La censura es uno de los recursos del miedo fundamentalista.  Esa ignorancia retrógrada y mezquina unida al poder es la peor receta. Si el pueblo recibe un tapabocas gubernamental, tiene que gritar aún más fuerte, que protestar y defender la libertad de expresión, la cultura y la identidad. La juventud no es bruta ni ciega.No dejemos que los buitres del poder nos conviertan en robots, por decirlo de una forma elegante. Tenemos derecho a crear, a deleitarnos de nuestra cultura, de todas las culturas; a pensar y pasar juicio sobre el arte, pero aún más sobre los actos de quienes disfrazan de vulgar paternalismo, unas estrategias para matar lo que somos y lo que podemos ser. La literatura es la sangre de la cultura.

  • Ana Lydia Vega

Tradicionalmente, la censura oficial de una alegada “obscenidad” literaria ha sido pretexto fariseo para la supresión de ideas incomodantes.  Desde esa perspectiva, mueve a  sospecha el proceso de saneamiento moral que ha emprendido el Departamento de Educación de Puerto Rico a fin de excluir libros asignados de escritores reconocidos. ¿Disimulará el argumento de las “malas palabras” alguna torpe maniobra de purificación ideológica? No se puede olvidar el historial de persecución y marginación que, en nuestro país, ha sido la maldición continua del pensamiento disidente.

  • Elsa Tió

Recuerda las palabras de Carlos Fuentes  ” la censura es como una hiedra venenosa que se arrastra  por el suelo, sube por las paredes, invade las ventanas y las fachadas y nos deja sin luz.” La literatura es un referente para entender la sociedad , el mundo en que vivimos. La censura  tiene un efecto desvastador sobre la literarura , la educación y la libertad. La calidad debe ser el criterio, no un fundamentalismo, sin fundamento. Pero nadie se llamé a engaño la pasión del gobierno por silenciar a nuestros escritores,  no es nueva, y disfraza la verdadera intención de ir eliminando poco a poco una literatura que nos afirme como puertorriqueños, y latinoamericanos, por entender que es un obstáculo para la estadidad. La censura  es una especie de remolino que pretende tragarse la imaginación,  y el derecho  de los pueblos,  a pensar y crear con libertad.

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