Historias que cuentan: nuevo libro de Lissette Rolón


Para muchos, la historia es una materia que se limita a documentar las fechas de los sucesos importantes de un país o determinado lugar desde una óptica particular. Pero, ¿acaso todos cuentan la historia de la misma manera? ¿Cuán fiel es esa versión de los hechos?

Con esto en mente, la doctora Lissette Rolón Collazo, catedrática del Departamento de Humanidades del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM), recogió en su trabajo investigativo Historias que cuentan: El motín contra Esquilache y las mujeres dieciochescas las distintas manifestaciones históricas, literarias y cinematográficas de ese incidente para recontarlo a través de los ojos de las clases marginadas, a quienes la historiografía tradicional parece haber omitido.

La publicación, estuvo a cargo del Centro de Publicaciones Académicas (CEPA) del Decanato de Artes y Ciencias junto con la casa editora Aconcagua Publishing, de España. La presentación del libro contó con la participación del profesor Mario Cancel y Beatriz Llenín Figueroa, quienes colaboraron en la creación del texto.

“El conocimiento no es algo que simplemente está ahí, sino que se genera”, explicó Cancel, quien escribió el prólogo. La historia, a su parecer, es reconstruida e interpretada cada vez que se evoca. Por tal razón, es una materia dotada de una amplia gama de significados e implicaciones, muy a la par con el campo de la literatura y las artes, afirmó el catedrático.

Por su parte, Beatriz Llenín Figueroa, subrayó cómo la historia escrita con ‘letras mayúsculas’ silencia aquella historia en ‘minúscula’, que es ignorada y que proviene de los sectores menos privilegiados de la sociedad. Estas perspectivas, al ser menospreciadas, contribuyen a una historia incompleta o parcializada.

Para la doctora Rolón, el texto también representa un intento de “ofrecer un modelo teórico y una aplicación de cómo relacionar la historia y la literatura”. Al preguntársele por qué eligió el motín como eje central de su texto, la profesora contestó que ella no lo escogió, fue a la inversa.

“Me escogió por mi interés en cómo escritores del ‘medio siglo’ repensaban el siglo 18”, explicó a la vez que destacó a Antonio Buero Vallejo con su obra Un soñador para el pueblo, donde se cuenta el motín desde el punto de vista del mismo Esquilache, lo que añade una faceta pocas veces visitada por quienes leen acerca del suceso.

La autora concluyó esta investigación durante una licencia sabática otorgada por la Facultad de Artes y Ciencias. Con la creación de este libro, Rolón pretende inspirar otros trabajos en esta misma dirección. La catedrática analizó por capítulos una novela histórica, una película, textos históricos y otras fuentes que varían en cuanto a su manera de percibir el evento y sus causas.

El llamado “Motín contra Esquilache” se refiere a una revuelta ocurrida en España, en marzo de 1771, bajo el reinado de Carlos III. La misma resultó en el derrocamiento del Conde de Esquilache, un funcionario corrupto del rey. Los conflictos suscitados por el motín marcaron la transición entre la monarquía absolutista y el liberalismo floreciente en la España del siglo 18.

Tomado de Recinto Universitario de Mayagüez

Historias que cuentan: Una metáfora y un juego (fragmento de un prólogo)


  • Mario R. Cancel
  • Escritor

El volumen Historias que cuentan: el Motín de Esquilache en Madrid y las mujeres dieciochescas según voces del siglo XVIII, XIX y XX me ha planteado una serie de retos. A través de sus páginas se pueden establecer los parámetros generales de un debate que, todavía hoy, inquieta a numerosos estudiosos. Se trata de la querella en torno a la cuestión de la interpretación, la cual, desde mi punto de vista, no se limita a los simples polos binarios de la era de la razón y la ciencia positiva. Las preguntas o pretextos de la discusión son otros. En el proceso hay que convocar la cuestión de la historicidad y su impacto en la generación de la gnosis. Y, desde que se establece la pregunta, resulta ineludible cuestionarse en torno a las tensiones del presente con el pasado y viceversa y el papel protagónico en todo este juego del intérprete.

Lissette_RolonSobre este libro

El sitio histórico al que mira el libro Historias que cuentan es el motín contra Leopoldo de Gregorio, Marqués de Esquilache, Ministro de Hacienda de Carlos III ocurrido entre el 23 a 26 de marzo de 1766. El motín mismo es un pre-texto. La aclaración historiográfica del acontecimiento no es la meta. La intención es comentar la construcción del acontecimiento y las complejidades de las miradas que se echan sobre el mismo desde una diversidad de locaciones.

Las locaciones, los puntos de vista móviles o la situación del intérprete y de la mirada, fluyen desde la contemporaneidad del motín hasta el presente. El hoy más inmediato, en última instancia, es la voz de Rolón Collazo. Desde cada una de ellas se narra la historia por lo que cada locación puede considerarse la metáfora de un meandro. Los elementos que median la narración no se limitan a la cuestión de la historicidad o a la conciencia de la ubicación en el tiempo-espacio. Se parte de la premisa de que esa no es más que una invención imaginaria incierta.

Los soportes narrativos de cada mirada resultan cruciales a la hora de elaborar el cuadro. La propuesta detrás de este texto parece simple. La narración o articulación del acontecimiento derivada directamente del registro documental, traducida al drama romántico y al de la segunda posguerra, a la novela, a la zarzuela y a la cinematografía afirman la pluralidad de la mirada. Los soportes y las locaciones, mediadas por el sujeto interpretativo inventan una y otra vez la imagen del pasado acorde con un presente apropiado en su fluidez.

El otro componente que completa la discursividad de Rolón Collazo es la mirada de los márgenes. No creo que sea necesario establecer que la fluidez del presente y la interpretación y la contingencia de la gnosis se traducen en la movilidad de los márgenes. No se trata de percibirlos como más o menos inclusivos o microscópicos. En el contexto del 1789 de la aristocracia liberal, los márgenes se buscaban en el Tercer Estado. Pero, abierto el camino del jacobinismo había que mirar hacia un oblicuo Cuarto Estado suprimido por la Era Napoleónica. Cuando se mira con cuidado otro interesante nudo revolucionario, el que se extiende desde 1905 a 1917 en el Imperio Ruso, la asociación de la noción clase a la de pueblo se profundizó. Las teorías políticas que privilegiaron al proletariado como redentores de un destino para el género humano, su identificación con el pueblo e incluso con la humanidad no alienada, se generalizó. Los modelos del uso y el abuso de la noción pueblo en los historiadores liberales francesas de la era de la Restauración, pienso en François Guizot, Jules Michelet o el Conde Alexis de Tocqueville, podrían resultar prolijos.

Rolón Collazo apropia el mundo de los márgenes sobre la base de los criterios del género. Por eso las miradas desde las diversas locaciones y soportes llaman la atención sobre las mujeres. El concepto toma distancia de la vacía noción de “la mujer” del humanismo tradicional, llenándolo de contenido y carnalidad. El cuadro para comprender las ausencias y los silencios en cada locación y soporte está preparado. El lector se encuentra listo para confrontar los nueve capítulos del volumen.

El acontecimiento del ministro reformista, ilustrado y extranjero del siglo 18, articulador de un proyecto ilustrado, entiéndase modernizador, para la monarquía hispana, se convierte en un fractal. El modelo elemental de 1766 ofrece pistas para comprender situaciones análogas a través del tiempo y el espacio.

La lectura

La lectura de Historias que cuentan invita a reiniciar la reflexión sobre la experiencia puertorriqueña del reformismo ilustrado desde la postmodernidad, es decir, cuando aquel proceso no tiene que interpretarse como un antecedente legítimo y esencial del presente, sino como un asunto que debe deconstruirse con sospecha. Los casos emblemáticos de reverencia moderna en la historiografía y el análisis cultural puertorriqueño tiene también sus Esquilache: el investigador irlandés Alejandro O’Reilly y el administrador español Alejandro Ramírez.

Historias_que_cuentanLa mirada sobre el Motín de (o Contra) Esquilache despierta la tentación de reflexionar sobre la resistencia al cambio y a la modernización como una oposición al orden y a la estructura. El sueño de la modernidad se convirtió en la pesadilla de muchos. En el Puerto Rico de la transición del siglo 18 al 19, la administración racional del poder atentó, desde la Capital, contra la anarquía y la acracia que caracterizó el orden de la ruralía o la llamada Isla desde el siglo 16. La pregunta obvia es sobre cuál de aquellos dos orbes se manufacturó el imaginario nacional durante el siglo 19. Sobre cuál de aquellos dos orbes se reinventó en el siglo 20 americano y la modernidad populista. La pregunta no es difícil de responder: se cimentó sobre los valores determinados por el orden instituido desde la capital. La situación demuestra que, incluso las aspiraciones más radicales de la modernidad, pueden ser domesticadas y docilizadas.

¿Qué es un motín? El concepto proviene del francés mutin que significa insumiso, rebelde. El detalle sobre el origen galo del término no debe ser pasado por alto. El diccionario de la Real Academia Española lo define como un “movimiento desordenado de una muchedumbre, por lo común contra la autoridad constituida.” Los motines no se ajustan a la noción orgánica de un pueblo que lucha por una causa loable. Esto me conduce a preguntarme por los usos del concepto motín en la discursividad historiográfica puertorriqueña.

El “Grito de Lares” en 1868 fue codificado por la historiografía autonomista como una mera algarada. El concepto se asocia al tumulto y al motín. Una codificación de esta naturaleza tiene que ser tomada en cuenta porque, como se sabe, no existe tal cosa como un texto o juicio inocente. Los debates sobre esa percepción de Salvador Brau, historiógrafo autonomista, han sido motivo de discusión desde la discursividad nacionalista e incluso social. El fracaso militar del movimiento rebelde y su parcial fracaso simbólico hizo muy cuesta arriba devolverle su condición de revolución.

Lo curioso es que por aquel entonces el lenguaje codificador de las resistencias cambió y el concepto motín fue sustituido por la moderna noción de protesta. Ejemplo de ello es la “Protesta contra la Ley de Tarifas” ocurrida en 1892 la cual culminó con un piquete frente a la Fortaleza, el signo de poder y piedad más notable hasta el presente. La dispersión de la multitud correspondió otra vez a la Guardia Civil. La ley que produjo el conato, sin embargo, fue eliminada en 1893. Algo parecido ocurrió con la “Protesta de los fósforos y petróleo” en 1894. La venta de los monopolios sobre esos dos productos de consumo cotidiano a las compañías Bolívar, Arruza y Compañía y la Standard Oil Company, representada en la isla por Sobrinos de Esquiaga, generó un boicot a ambos. Las expresiones públicas se sucedieron y, con ellas, las presiones a la prensa y los arrestos.

Las protestas resultaban más racionales que los motines. Por definición expresaban la oposición a algo específico. Tenían un propósito definido y circunscrito y, además, esperaban una acción del poder que respondiera al reclamo. Su solución tenía también un efecto legitimador del orden. En el caso de Puerto Rico las protestas se asociaron de inmediato a las clases artesanales y obreras o a sectores particulares como las amas de casa. No sería errado decir que protestar era más moderno que amotinarse.

Al cabo el volumen Historias que cuentan: el Motín de Esquilache en Madrid y las mujeres dieciochescas según voces del siglo XVIII, XIX y XX de Lissette Rolón Collazo, es una velada invitación para reabrir la discusión sobre la agencia humana en los procesos de cambio y desmontar la discursividad heredada en torno a ese asunto en mi país. Los parámetros de la indagación son varios. Cuáles son los soportes legítimos de la resistencia. Cuánto es el alcance de la diversidad del discurso en el cual se apoyan. Cómo se entrelazan equívocamente la agencia intelectual y la popular en los procesos de cambio. Quién traduce a quién. Qué es el pueblo, dónde empieza y termina. En qué se diferencia el pueblo de una muchedumbre, de una simple e inorgánica masa.

Nota: Para más información sobre el volumen visite Aconcagua Publishing

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