Francisco Matos Paoli ante la literatura después de 1950


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

La imagen que Francisco Matos Paoli poseía de la literatura puertorriqueña cuando se publicó la entrevista con el poeta argentino y puertorriqueño Manuel de la Puebla en 1985, era el producto de todas aquellas corrientes interpretativas  que en él convergían. El poeta se sentía acusado de ser un “evasor de la realidad” (De la Puebla 12) cuyo hermetismo favorecía la incomunicación (De la Puebla 16,18) y lo convertía en un ser contemplativo y ajeno a la acción (De la Puebla 28, 32). Desde su Idealismo Filosófico Objetivo, su Providencialismo y su Espiritismo Cristiano, las acusaciones no hacían sentido. Las promociones literarias posteriores al 1960 enfrentaban el asunto de la creatividad desde una perspectiva y con un bagaje filosófico distinto. Lo que habían sido valores universales eternos e inconmovibles para los pensadores de 1930 y el 1950, habían sido puestos entredicho por la Revolución Cultural de 1960 y por la crisis del sistema de industrialización por invitación que ya repuntaba desde 1964 al menos.

Luis Hernández Aquino, José Bretón y Francisco Matos paoli

Luis Hernández Aquino, José Bretón y Francisco Matos paoli

Matos Paoli fue muy sincero a la hora de cuestionar los avatares ideológicos que se imponían en aquella década de transición: “Odio lo manido, lo coloquial, lo sociologizante” (De la Puebla 39). En el territorio de las ideas literarias parecía reconocer que en Puerto Rico se estaba dando una revolución literaria en la cual la prosa narrativa se imponía con una discursividad atrevida e innovadora que, si bien los lectores disfrutaban, el poeta no aceptaba. En una reflexión sobre aquel tema Matos Paoli expresó cierto resentimiento contra el Realismo Socialista, movimiento al cual hacía responsable del fenómeno, porque este despreciaba al lirismo como una “tontería”, a la vez que lo acusada de poseer un carácter “sociologizante” (De la Puebla 13). A ese carácter “sociologizante” atribuía el hecho de que, en la década de 1980,  la novela fuese más aceptada que la poesía a pesar de que “el realismo enragé no es toda la realidad”. (De la Puebla 13).

Matos Paoli veía la novela como una empresa fútil que estaba destinada a “conformarse con la mimesis realista” (De la Puebla 15), es decir, con una imagen incompleta de la realidad. Después de todo, la “realidad” o la “materia” no eran la verdad. La verdad era la “idea”  o el “espíritu” como afirmaría cualquier Idealista Filosófico Objetivo. Para el poeta aquel arte “sociologizante”, es decir, comprometido con la interpretación social y con un proyecto de cambio social, era mera “moda”, un acto pasajero inaceptable para un poeta como él que sostenía “la primacía del yo, lo individual, lo específico de cada ser humano” (De la Puebla 14).

El mismo procedimiento interpretativo aplicaba al “realismo costumbrista que priva en la poesía insular” (De la Puebla 19) y a la poesía comprometida en general. Respecto al “pintoresquismo costumbrista” lo encuentra lleno de “superficialidad  y convencionalidad” (De la Puebla 41). En torno a la poesía de 1960 y 1970 era muy enfático: “Esta poesía comprometida que tanto se cultiva hoy en día, no prevalecerá. Es una moda irritante que pasará” (De la Puebla 39). Los argumentos son una reformulación de las ideas del Integralismo y el Trascendentalismo y una confirmación de su nacionalismo de buena fe.

La clave de la ideas literarias de Matos Paoli desde una perspectiva filosófica y política es que su nacionalismo no transige con el socialismo y el comunismo y los enfrenta con los argumentos del Trascendentalismo de la década de 1940: “El ensueño pervive siempre, a pesar  del materialismo rampante que ha puesto de moda el marxismo-leninismo” (De la Puebla 39). Una síntesis extraordinaria de cómo se ubicaba el poeta en aquel contexto literario deriva de la siguiente cita: “Yo he tenido la suerte de iniciar una escuela trascendental en mi devenir poético. Es verdad que existió un grupo trascendentalista en Puerto Rico iniciado por el poeta Félix Franco Oppenheimer, Francisco Lluch Mora y Eugenio Rentas. A ese movimiento debo yo influencias saludables…” (De la Puebla 36). Entre Matos Paoli y la literatura posterior al 1960 se encontraba el abismo de la historia.

Nota: Fragmento de la “Conferencia Magistral: Francisco Matos Paoli: literatura y nacionalismo” en Conmemoración del Centenario del Natalicio del Escritor y el Cincuenta Aniversario del Pen Club de Puerto Rico Internacional en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y El Caribe, 21 de marzo de 2015 en actividad auspiciada por el Pen Club de Puerto Rico. La misma fue ofrecida otra vez con algunas revisiones en la “Conferencia Magistral: Francisco Matos Paoli: literatura y nacionalismo” en Semana de Puerto Rico. Dedicada a Francisco Matos Paoli. Recinto Universitario de Mayagüez, Anfiteatro Ramón Figueroa Chapel, Mayagüez, PR, 17 de noviembre de 2015 en actividad auspiciada por el Departamento de Estudios Hispánicos.

Francisco Matos Paoli: su lugar en la literatura puertorriqueña


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

El poeta Francisco Matos Paoli ha sido asociado a un tipo de poesía caracterizado por su hermetismo y complejidad. Lo hermético es lo impenetrable al entendimiento y que, por ello, se transforma en un espacio limitado para iniciados. La incomunicación de las especulaciones herméticas limita el acceso a una elite de conocedores o inspirados. José Emilio González asocia el hermetismo puertorriqueño al barroco gongorino y, sobre esa base, mira la obra de Matos Paoli como la expresión de un poeta que tras una breve fase neorromántica y neocriollista, desemboca en el hermetismo desde 1939. (González 204).

La resistencia de Matos Paoli a que se le asociara a la tradición hermética es comprensible: desde su punto de vista la complejidad no conduce a la incomunicación. Su idealismo filosófico le ha convencido de que “el mundo y el trasmundo (como quien dice, la materia y la idea) es una sola realidad” (De la Puebla 15). La poesía, es decir la palabra o el lenguaje, es el medio para elevarse a ese “infinito” (De la Puebla 16). El costo es que la complejidad de la tarea, se imprimirá en la disposición del texto pero, insiste, “tengo mis pies muy firmes en la realidad” o, bien sea, “mi poesía es carne verdadera (…) espíritu verdadero” (De la Puebla 16). La respuesta que da es la de un idealista objetivo que presume que las ideas poseen una existencia autónoma por lo que la tarea del poeta se limita a transmitirlas. El producto no es una poesía “hermética” sino “pura”: “ofrezco al mundo una sintomatología de la pureza” (De la Puebla 16) entendida como esencialidad o como unidad última e indivisible. Después de todo, dice el poeta, la tensión entre la expresión y la comunicación en poesía “no se resuelve nunca” (De la Puebla 19) por lo que es un problema que no vale la pena enfrentar.

Francisco Matos Paoli y Luis Hernández Aquino

Francisco Matos Paoli y Luis Hernández Aquino

Hermético o puro, en la poesía de Matos Paoli se manifiestan una serie de corrientes literarias pos-realistas y pos-naturalistas filtrados en extremo por su genio. El poeta reconoce aquellas lecturas que le han marcado durante los años formativos en Lares, la Universidad de Puerto Rico y La Sorbona de París. La crítica literaria ha sido muy enfática en señalar la presencia de dos tradiciones europeas claves en su poesía. Por un lado, la de los Simbolistas Franceses. Stephane Mallarmé, a quien el poeta apela en reiteradas ocasiones, tiene por meta la búsqueda de la verdad absoluta desde la ambigüedad. El poeta es la plataforma de expresión sensible de lo absoluto que, en el caso de Matos Paoli como de otros metafísicos cristianos, se identifica con Dios. Desde esa perspectiva, el poeta ejecuta la función del filósofo y usa el lenguaje como instrumento epistemológico legítimo.

Por otro lado, es imposible desvincularlo de la tradición poética hispánica más significativa del siglo 20: la heterogénea Generación del 1927, cuyos fundamentos se levantaron sobre la base de un retorno renovador a la obra de Luis de Góngora durante la conmemoración del tercer centenario de su deceso. De ella Matos Paoli retoma el frágil balance entre lo intelectual y lo sentimental, entre la inspiración y la disciplina, entre la preservación y la innovación, entre la tradición y las vanguardias. Por eso su poesía manifiesta ecos de la “poesía pura” de Jorge Guillén, de la vertiente “creacionista” de Gerardo Diego, y del “surrealismo” muy hispano de Vicente Aleixandre. Matos Paoli acabará transformando el automatismo arracional y el libre fluir de la conciencia aleixandriano en inspiración mediúmnica, pero el efecto será el mismo.En un contexto puertorriqueño Matos Paoli es un pensador de la Generación de 1930 que manifiesta un poderoso influjo de la mirada de Antonio S. Pedreira en la suya. Lo es porque interpreta el nacionalismo como la marca más notable de la universalidad en nosotros como lo haría Johann Herder (1744-1783). En el caso de Matos Paoli, su nacionalismo viene acompañado de ese optimismo liberal que parte de la premisa de que el universalismo se consumará en la independencia y la libertad de la patria.

Otras dos tradiciones literarias que debían mucho a los debates de la Generación de 1927 y de la Generación de 1930 le marcaron: el Integralismo y el Trascendentalismo. Codificadas con “vanguardias tardías” por el poeta y crítico Luis Hernández Aquino en su clásico Nuestra aventura literaria (1964), se manifestaron en los cruciales años que corren entre 1941 y 1948. Es probable que la figura de Hernández Aquino haya tenido mucho que ver con la conexión del Matos Paoli con aquellas propuestas. El Integralismo y el Trascendentalismo se movieron entre los extremos de la “afirmación puertorriqueña y de los valores tradicionales” y la “afirmación de los valores esenciales (universales) del hombre” (Hernández Aquino 7). Una de las metas del Integralismo, siguiendo a Pedreira, era “cultivar un arte criollo de forma superior al de nuestro Manuel Alonso” con el fin de “universalizarnos en lo vital nuestro” (Hernández Aquino 130, 132).

El trascendentalismo buscaba “elevar al hombre a un plano de alta espiritualidad, sin olvidar su realidad humana” (Hernández Aquino 143) Filosóficamente la actitud implicaba una reacción al “cientifismo sin entrañas, desolador y burgués, y al materialismo sórdido que estrangula al mismo” (Hernández Aquino 144). Identificado con la obra de Ralph Waldo Emerson, su consigna era “realizar una obra de ancho aliento universal en que esté presente nuestra agonía” (Hernández Aquino 144). El Idealismo Filosófico y el Providencialismo de Matos Paoli convergían con aquellas propuestas que aspiraban a tomar distancia de un mundo material devaluado en el cual el poeta sobrevivía con incomodidad. La “agonía” que le consume es la colectiva, el desafío que representa la libertad de la Nación puertorriqueña irredenta.

Cancel_Matos_autografo2Matos Paoli habla de la Nación en el sentido en que la figuraron los románticos alemanes Johan Herder y Johan Ficthe (1762-1814). La Nación como ente y el Nacionalismo como su culto y explicación, poseen unos fuertes vínculos con el Idealismo Filosófico y múltiples puntos de contacto con el Providencialismo Cristiano. Herder y Ficthe asumieron el idioma, la cultura y la raza alemana, como la mejor respuesta a la presumida “superioridad francesa”. Con ello buscaban de legitimar la “autonomía moral” que necesitaba una Alemania dividida para reconfigurarse o modernizarse (Fernández Bravo 17). La lengua, la cultura y la raza alemana, representaban la expresión de una etnicidad única, tan única como la lengua, la cultura y la raza francesa o inglesa. Matos Paoli, como Albizu Campos, adopta una actitud análoga cuando antepone la Raza Celta-Sajona a la Ibero-Latina. Bajo el dominio de un imperio u otro, la Nación Puertorriqueña seguía, lenta pero segura, la ruta hacia su telos o meta. En Matos Paoli el Idealismo Filosófico, el Nacionalismo y el misticismo cristiano y espiritista, lo condujeron a equiparar la búsqueda de la libertad política con la salvación del alma, la salvación del geist (espítitu o alma) y del volkgeist (espíritu o alma del pueblo) iban la una de la mano de la otra.

Nota: Fragmento de la “Conferencia Magistral: Francisco Matos Paoli: literatura y nacionalismo” en Conmemoración del Centenario del Natalicio del Escritor y el Cincuenta Aniversario del Pen Club de Puerto Rico Internacional en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y El Caribe, 21 de marzo de 2015 en actividad auspiciada por el Pen Club de Puerto Rico. La misma fue ofrecida otra vez con algunas revisiones en la “Conferencia Magistral: Francisco Matos Paoli: literatura y nacionalismo” en Semana de Puerto Rico. Dedicada a Francisco Matos Paoli. Recinto Universitario de Mayagüez, Anfiteatro Ramón Figueroa Chapel, Mayagüez, PR, 17 de noviembre de 2015 en actividad auspiciada por el Departamento de Estudios Hispánicos.

Poesía Puertorriqueña: una reflexión (5)


Quinto de una serie de seis basada en la charla “La tradición poética puertorriqueña” dictada en  Apertura cultural. Departamento de Humanidades. Universidad Interamericana de Puerto Rico. Recinto de Aguadilla, 16 de noviembre de 1995.

 

La entrada de Puerto Rico a la Modernidad ha sido fijada de la manera más conservadora al periodo histórico que inicia en  1750. Con ello se paga una deuda simbólica con la Ilustración y el Racionalismo que tuvieron su expresión más madura en el periodo del Despotismo Ilustrado. En Puerto Rico el fenómeno iniciático se ha asociado al Reformismo Ilustrado, praxis que por reformista e ilustrada no resultó menos autoritaria. La modernización de la colonia en el siglo 18 fue una interesante imposición. La utilidad de esa presunción radica en que e facilita la inserción de nuestro país en el Relato Liberal Hegeliano dominante con cierta seguridad, a la vez que marca el triunfo de una imagen en la cual la cultura formal y académica, el papel de la gestión oficial acorde con los modelos europeos, cumplirá una función protagónica en la respuesta de la gran cuestión del siglo 19: qué somos, cómo somos y por qué somos los puertorriqueños globalmente con­siderados.

Manuel Alonso Pacheco

Desde mediados del siglo del siglo 18 hasta mediados del siglo 20, la poesía puertorriqueña se transformó en el espejo para la invención de una expresión legítima del Yo. Apoyada en el comentario o apostilla de las tradiciones locales, siempre dentro de los moldes estéticos impuestos por la tradición europea. En cierto momento, nacionalidad y europeísmo se confunden. Después de todo, la Nacionalidad es, como sugirió Pelai Pages en un comentario sobre el asunto, es el artefacto ideológico más acabado de la intelectualidad europea, equivalente al “Dios de la Modernidad”. La tradición poética puertorriqueña sólo será concebible como un gesto de la expresión europea y occidental.

Después de todo, los primeros poetas insulares, criollos, puertorriqueños o nacionales, habían tenido una formación europea porque no les quedaba otra alternativa y, en el contexto de la cultura occiden­tal, aquel continente se había constituido en un canon y estaba a la vanguardia económica, política y culturalmente hablando. El primer poeta puertorriqueño de nombre conocido Francisco Ayerra Santamaría (1630–1708), se expresa como un poeta barroco mexicano que, a la vez, actúa como censor del Virreinato en la Ciudad Capital. El primer historiador criollo resultó ser Diego de Torres Vargas (1615-1688), un experto en cánones que escribió una historia eclesiástica por petición para Gil González Dávila, autor de una Teatro Eclesiástico de las Primitivas Iglesias de las Indias Occidentales (1649). La eficacia de ser escritor y puertorriqueño se medía por la capacidad de los autores para parecer que eran otra cosa: europeos.

El Romanticismo y el Nacionalismo cultural y político, caminarán de la mano para construir una idea que hoy puede considerarse fracasada respecto a cómo somos los puertorriqueños. En términos de su creación literaria y poética, Puerto Rico es más europeo durante el siglo 19, cuando su clase intelectual se preciará de sus esfuerzos por validar la concepción de que mientras más europeos parezcan ser,  más puertorriqueños se sentirán.

El Costumbrismo de El gíbaro (1849) de Manuel Alonso Pacheco y los de su generación, observaba las peculiaridades de lo insular / nacional pero, cito a Josefina Rivera de Álvarez, “los poetiza en expresión culta”, los desnaturaliza en la medida en que los acomoda. El fenómeno se reiterará en pleno siglo 20 cuando Luis Palés Matos trabaje el tema del negro y la expresión afroantillana, proceso por medio del cual será capaz de inventar negro novedoso pero inexistente. Es estos textos las costumbres a las que se alude parecen parte de un muestrario antropológico frío o un preciado objeto de museo que los poetas del nuevo siglo, aquel en que se entronizarán las Ciencias Naturales y las Sociales, otea con asombro como si hubiesen sido sustraídas de un Libro de las maravillas de un moderno John de Mandeville.

José Gautier Benítez

El colorismo de lo popular sorprende al poeta costumbrista porque él dejó atrás ese pintoresquismo hace tiempo en nombre de la Racionalidad: en realidad ya no le conmueve. Se trata de un costumbrismo correctivo y balsámico. Por eso las escenas son incapaces de integrarse al corazón o a la sensibilidad del hombre culto: el espécimen del puertorriqueño educado reconoce que no pertenece a aquella realidad. El es moderno y, por ello, su fin es transformar, reformar se dice en Puerto Rico, aquel orbe primitivo y elemental que inventó la poesía popular antes que la academia. La versión criollista es una máscara que se adopta, me parece, pero nada más que eso. Las versiones popula­res, que son las voces de los otros puertorriqueños, no están en ese criollismo de universitarios refinados sino en la forma de un reflejo deformado de ellas. La concepción criollista es una ficción.

José Gautier Benítez cantó y poetizó el mundo y al leer su poesía, el lector hallará en ella desde rasgos neoclasicis­tas, resonancias españolas e incluso, en lo que la crítica llama su segunda época, elementos parnasianos y pre-modernistas. La idea es que se le apropie como un adelantado siempre que se le piense desde el punto de vista de la retórica europea. El efecto se consigue a plenitud: lo que hace que Gautier sea el poeta por antonomasia de aquel momento, es la aceptación de que el escritor mira la realidad que le rodea con la óptica de un europeo. La nacionalidad, la puertorriqueñidad se crea a sí misma cuando acepta como definitivos los valores del continente que la ha conquistado y la ha civilizado; cuando está convencida de que es  un gesto maduro, muy a la manera del paternalismo de Pedreira,  del Occidente todopoderoso que ha dictado las pautas culturales del mundo. Entonces, de un modo equilibrado, puede plantearse el proyecto de separarse de su ­ma­dre/pa­dre España.

El lector está condenado: no puedo dejar de pensar en Dante o Goethe cuando lee La sataniada de Alejandro Tapia y Rivera. Tampoco puede desprenderse de Allan Kardec cuando rememora el ciclo de Póstumo. La Modernidad había convertido a la puetorriqueñidad en la figura de un hermafrodita que se mira en las aguas de una fuente y se sorprende de su presumible hermosura como un Narciso. La poesía ha estado en la base de la construcción de ese canon. No en balde el himno nacional rebelde nació de la voz de una poeta dura de San Germán: Lola Rodríguez de Tió. La tradición poética puertorriqueña decimonónica ha sido uno de los pilares en la construcción de esa idea de lo nacional que todavía  hoy se atesora como auténtica. Pero esa idea se estaba construyendo al margen de los sectores populares y desde una posición de poder que la facultaba para ello.

Los momentos del Realismo y el Naturalismo, sigo la línea evolutiva de las letras europeas porque es la predomina en la crítica desde el siglo 19, parecen un campo yermo e inhóspito para la poesía. La invectiva y la sátira del Romanticismo y el Costumbrismo dominaron entonces. El mundo de los géneros literarios se impuso. Narrativa, teatro y ensayo dominaron la expresión culta entre 1880 y 1900. El subterráneo poético, como un maltrecho y vencido Quijote, se abrazó a un romanticismo soso y trasnochado al que nunca arribó la rabia vital de los Malditos o los Parnasia­nos.  En Puerto rico no se podía ser Decadente. Todo condenaba a los intelectuales a la enfermedad del Progresismo. Apenas se precisan algunos modestos matices de Arthur Rimbaud, de Stephan Mallarmé o de Charles Baudelaire, en ciertos poetas que siguen mirando a Europa como modelo. Nadie parece recordar la creativi­dad llana y simple del jíbaro o del hombre común que seguía inventándose. Los jibaristas y los poetas eran entonces gente de librea y bastón, titulados con todas las formalidades. Habría que esperar al modernismo literario de principios del siglo 20 llamado a veces antirroman­ticismo, para que se pudiese reconocer que la tradición poética puertorriqueña no estaba muerta.

 

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