Narradores 2000: José E. Santos, Trinitarias y otros relatos


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

 

Santos, José E. Trinitarias y otros relatos. West Virginia: Obsidiana Press, 2008.  111 págs.

 

Trinitarias: una lectura

Trinitarias (…) fue un volumen corto pero concentrado. Me ha tomado tiempo su redacción. Recuerdo haber comenzado “Trinitarias” en la oficina de Lite(ratura) Comparada en Río Piedras el semestre que estuve allí prestado, y cuánto tuve que volver sobre los detalles de Marcela para que fuera fiel al cuento de “Entrevista… Cano Rosario” de Archivo [de oscuridades] y, a su vez, reflejara una realidad independiente como la de toda mujer llamada Marcela. 
Y recuerdo el trabajo que me dio “La perfección y su reverso”; trabajar el paso de lo onírico a lo real fue algo gratificante pero puntilloso. Y recuerdo haber comenzado a escribir ese relato en tres servilletas en la barra del DRAGONFLY en la calle Fortaleza de San Juan. 
Podría contarte mucho de esa redacción. [E]se volumen ha cerrado un modo de representación en mi escritura.
José E. Santos

 

Trinitarias, colección de relatos de José E. Santos, ha sido para mí un hallazgo extraordinario. De un modo u otro estos textos, a pesar de la imbricación que tienen con el conjunto de la obra anterior de Santos, establecen una diferencia o una frontera con respecto al todo de la obra narrativa de este escritor. El volumen se elabora mediante un lenguaje distinto al que le conocía en Archivo de oscuridades (2003), Deleites y miserias (2006), Los Viajes de Blanco White (2007) y Los comentarios (2008). Por ello me parece que el texto forzará al lector que conozca sus antecedentes a apropiarlo de un modo distinto.

La fractura no es total. Las conexiones que se mantienen siguen afirmando la aspiración del autor de que su obra sea leída como un “universo” estructurado: se trata de los “episodios personales” de un artista de la “incomodidad existencial”.  Una de las tácticas de este juego consiste en estimular que los lectores persigan a una serie de personajes itinerantes que, me parece, traducen el conjunto de las piezas del rompecabezas que es el autor. Para ello el lector debe constituirse en un detective tan dispuesto al viaje imaginario como los personajes mismos.

José E. Santos

José E. Santos

Los casos concretos son significativos. “Marcela” y “José Santos”, los seres trágicos que centran la narración del cuento que da título al libro, “Trinitarias” (7 ss.)  y “La perfección y su reverso”  (30 ss) respectivamente, provienen de Archivo de oscuridades. Es cierto que en estos relatos se atan los “cabos sueltos” del otro volumen, pero su dependencia del pre-texto no mutila la fuerza y la autonomía de los mismos: se trata de un mero detalle.

Este tipo de ejercicio narrativo puede ser leído como una digresión muy rica, al modo en que José (Pepe) Liboy Erba re-escribe un relato una y otra vez en Cada vez te despides mejor (2003); o la manera en que Pedro Cabiya inserta notas al calce-cuento en algunos de sus ejercicios narrativos de Historias atroces (2003). Se trata de un valioso ejercicio que reinventa la “caja china” del relato tradicional —pienso en Las mil y una noches o en los Cuento del Vampiro—, y afirma que la narración continua y orgánica no es el único modo de contar cosas.

Por otro lado, el hecho de que, tanto en “Trinitarias” como en “La perfección y su reverso”, el acontecimiento que centra la diégesis sea la muerte, me parece muy apropiado para los propósitos escatológicos de Trinitarias y otros relatos.

La “Historia de los cinco cristianos” (81 ss.) está emparentada con “Mártires” de Los comentarios. Este cuento [“Historia…”] también termina con una muerte luminosa: la de Yusef Mariam–José María. Lo que se relata ahora es la muerte de Blanco White, el heterónimo del autor y, por lo tanto, de un José E. Santos que ya no será. La idea del límite está confirmada de varias maneras en estas narraciones.

TrinitariasEl “Divertimento” (100 ss.) refiere a la aventura del autor-personaje con “Sheila”, un poderoso mito sexual. En el relato se hilvanan una diversidad de fragmentos sueltos sobre la base del deseo erótico no consumado. Pero el relato termina por ejecutar una cómica propuesta post-sexualista en el espacio de lo onírico.  Esta “Sheila” transexual, que en cierto modo también muere por el hecho de que “se va de viaje”, proviene de un interesante cuento incluido en Deleites y miserias y que es re-creado en otro relato de Los comentarios. En esta ocasión, el personaje travestido pone en duda numerosas convenciones sexuales mediante un juego muy divertido.

Por último, “Desvío” (60 ss.) es la historia de una sordera. La discapacidad de Fernando Álvarez se convierte en el camino expedito para una renuncia y un nuevo encuentro con el mundo urbano, esta vez desde el silencio. La idea de que un “Fernando” muere para dar paso a otro que es el mismo, ratifica la metáfora del paso que estructura este trabajo de Santos. Lo que sostiene la tensión en “Desvío” y el ya citado “La perfección y su reverso” es el intenso juego de paso entre un orbe que se presume real y otro que se presume irreal. El tránsito se da a través del sueño y siempre se patentiza el deseo de permanecer en la irrealidad. Esta, me parece, es una de las notas dominantes en la escritura de Santos: la ansiedad de la utopía salvadora.

Lo valioso de esta colección es que los cuentos se sostienen sin necesidad de conocer los antecedentes o, siquiera, de verlos como lo que el autor pretende en su lectura personal. En efecto, si con Trinitarias y otros relatos (2008) se “cierra un modo de representación” de su escritura, debemos esperar otro tipo de escritura en sus futuros libros. La impresión que me da la lectura de este libro es la de un complejo “rito de paso” que no se sabe a dónde desemboca. Pero me consta que, aparte de lo que el autor se proponga, más allá se encuentra otro universo del lenguaje en donde José E. Santos será otro y del cual, en el futuro también habrá de escapar.

Este es un volumen bien escrito que atrapa al lector curioso de inmediato. La novísima narrativa puertorriqueña tiene una deuda con su autor.

 

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