Entrevista de Suzie Vieira a Mario R. Cancel


El texto que sigue es el manuscrito de una entrevista de la periodista francesa Suzie Vieira a Mario R. Cancel los días 26 y 27 de junio de 2010 para la revista cultural francesa de viajes Ulysse. El asunto discutido fue la imagen de Puerto Rico mirada desde adentro y desde afuera en el contexto del reciente Festival de la Palabra.

Cuándo un turista europeo se va a Puerto Rico, piensa encontrar una isla caribeña, un paraíso con palmeras, playas maravillosas, etc. Uno muchas veces tiene este cliché en la mente. Pero cuando se llega al aeropuerto ve a las autopistas, los grandes coches americanos, etc. En el taxi hacia San Juan, se ven los buildings. Y ahí uno se acuerda de que llegó a un territorio americano. Así que lo más sorprendente para el turista es este carácter híbrido que se nota en el Viejo San Juan: por un lado, las casas coloniales, los adoquines, la salsa tocando por la noche en la Plaza de Colón… y por el otro lado, las tiendas Ralph Lauren, Bank of America, Mc Donald’s, Wendy’s, etc. ¿Esta doble identidad, este carácter híbrido del Viejo San Juan cristaliza o materializa la esencia de este país, su identidad híbrida?

Me temo que es la nota distintiva de la Nación. También la más difundida en los medios: atrae turistas con dinero. Ello puede haber sido una clave en el proceso de distanciamiento -cultural, espiritual, político, económico y social- que caracteriza las relaciones de nuestro país con el orbe europeo o el iberoamericano. Puerto Rico es ex europeo y ex iberoamericano. Allí radica parte de la riqueza caótica que caracteriza eso que denominas nuestro carácter híbrido. Algunos pueden verlo como una tragedia pero cada vez son los menos.

Por otra parte, muchos de esos distintivos son signos y artefactos de mercado que se multiplican día a día como por la orden de un dios omnipotente: dios hizo la propiedad y la American Express y vio que eso era bueno. En ese sentido, la hibridación a la manera global, no garantiza ninguna exclusividad. Por el contrario, conduce a una homogeneidad que puede resultar aburrida. Nuestra única ventaja es que entramos en el sendero de la macdonalización, me gusta lo patético del concepto de George Ritzer, antes que otros pueblos Iberoamericanos. Me temo que también nos aburrirá más pronto que al resto de las economías en desarrollo.

El problema radica en que el Puerto Rico imaginario de los otros, se apoya en una fuerte dosis de desconocimiento y en algunas estampas que acaso tienen algún valor turístico o de mercado. El wikisaber puede ser tan tragicómico como la ignorancia, pero ambos suelen resultar creativos. El turista siempre es un Colón descubriendo su América, pero presumiendo que está en las Indias. Confieso que he aprendido a vivir en el “sueño americano tropical” y que no me produce mucha angustia. Todavía quedan algunas playas maravillosas con palmeras entre los hoteles para turistas.

¿Qué le inspira la ciudad de San Juan? ¿Cómo la definiría usted? ¿Cuál es su alma?

Primero, te aclaro que soy de la periferia, de las provincias, de la Isla Grande. Mi respuesta es la de un advenedizo y un transeúnte. Me inspira una sensación amarga de pasado-presente y viceversa. Se trata de un presente que ilusiona. En el proceso, trato de convencerme de que tiene un futuro promisorio. No cuestiono que tenga un futuro, el futuro es inevitable y hasta las piedras poseen uno. Lo que me atemoriza en el carácter que tendrá el mismo.

Me inspira la ilusión de poder o de capitas que expresa. Me emociona la gestualidad histriónica de su gente, sus pestes atemporales. Si encontrara un lugar en San Juan donde no estuviese nadie, me quedaría allí por algunos minutos. Una vez me pasó en el Callejón del Toro en la ciudad vieja y, poco después, escribí un cuento del asunto.  La defino como el objetivo de un atentado que hay que cometer. Puerto Rico es una metáfora de lo pequeño, pero si lo pequeño se reduce a una sola de sus partes, siempre seremos tuertos en país de tuertos.

San Juan es una equivocación y exabrupto. Tal vez sirva de algo la metáfora del tatuaje que sintetiza un discurso que te conecta con un grupo artificialmente constituido. Por eso me gusta, por sus contrastes. Allí están, en algún rincón, buena parte de mis conocidos. En esa ciudad me formé intelectualmente pero siempre con la sensación de la extranjería: el pasaporte que se pagaba para ingresar era barato. San Juan me inspira sensaciones incómodas: lo amo.

¿Cuál es el lugar de San Juan que mejor simboliza para usted esta ciudad? ¿Por qué?

Los callejones de la calle de la Fortaleza, la Luna o el Sol. El del Gambaro, el del Tamarindo el del Toro. Nacen y mueren en medio de  signos de poder, conducen por la sombra a unas calles llenas de comercios y turistas desde donde sientes el olor del mar. Esos predios poseen una larga historia de violencia y cultura que, por lo regular, resulta extraña para los transeúntes. Todo ocurre como en un cultivo de bacterias que se desborda.

El otro lugar que la simboliza son los jardines  de la Casa Blanca y su apoteosis, el rincón arábigo español donde algunos artistas van a ejercitarse dibujando detalles. Es como un agujero de gusano de los que habla Stephen Hawkings. Lo que me gusta es como allí se niega a la ciudad.

¿Cuál es para usted el más bello texto literario escrito sobre San Juan? ¿Puede citar unas o dos oraciones?

No recuerdo ninguno, no me fijo en esos detalles. Pero nunca olvidaré el siguiente que podría obrar en cualquier antología de micropoesía popular: “Sicópata es dios”, grafiti anónimo que encontré hace más de 10 años en un muro del cementerio de la ciudad vieja cerca del arrabal de La Perla. En el piso había varias agujas y algunas manchas secas de sangre.

¿Cómo definiría usted Puerto Rico si tuviera que hacerlo en una sola frase?

No podría hacerlo.

Para algunos extranjeros, San Juan aparece como una gran ciudad moderna sin alma, con todas las características del American way of life. El Viejo San Juan, Ocean Park e Isla Verde tienen mucho de algo como el “showcase” caribeño de Estados unidos. Pero unos pocos kilómetros más lejos, en el camino hacia Piñones, parece que entramos a otro Puerto Rico: más criollo, más mestizo, más negro… ¿En Piñones empieza el verdadero Puerto Rico?

Creo que los dos son igualmente falsos. No hay tal cosa como un verdadero Puerto Rico. Como tampoco hay una verdadera Francia o una verdadera Cuba, que se alcen ante otra que no lo es. La Nación es un concepto frágil, abierto, dúctil y maleable, como esos uniformes futuristas que se ajustan a la forma del cuerpo humano y su diversidad y sus volúmenes. Me puedes pedir un Puerto Rico particular y bizarro, y te aseguro que en algún lugar lo conseguiré. Pero también encontrarás alguien que lo niegue.

A mí en lo particular no me gustan todos los puerto ricos que conozco, pero esa diversidad es inevitable cuando se trata de un concepto al cual todos apelan desde diversas posturas y con variadas finalidades. La Nación de Emilio S. Belaval, la de Enrique Laguerre y la de Pedro Albizu Campos, cuentista el primero, novelista y maestro el segundo, abogado y activista el tercero, no es la misma. Depende de la mirada.

Identificar un verdadero Puerto Rico con el de la cultura popular significa ver a los otrora invisibilizados. Esa es una postura válida propia de una parte de la intelectualidad de fines del sesenta y principios del setenta del siglo pasado. En Puerto Rico la sintetizaron escritores desde Luis Rafael Sánchez hasta Edgardo Rodríguez Juliá. Pero cuando ello se toma a la ligera, puede justificar la invisibilización de los demás y la obnubilación  de una diversidad contenciosa que también posee su riqueza. En la Milla de Oro hay un cafetín pequeño que salta a la vista por su rusticidad. Como quien dice, la banca bebe allí: cosas veredes.

Creo en la diversidad y la pluralidad de puerto ricos en el sentido más preciso de la palabra. Hoy por hoy Piñones y la mulatería, las artesanías y los cuchifritos, son también parte del “showcase” o vitrina del capital americano en el país. Lo son en la medida en que venden un exotismo fácil que alimenta el aventurerismo y afirma la capacidad americana de apropiar la diversidad.

En una entrevista, Héctor Feliciano, para describir la invisibilidad internacional de Puerto Rico y reivindicar su posición de cruce insular, utiliza esta imagen: “En los atlas, Puerto Rico sale siempre en este lugar incómodo y cóncavo que queda entre dos páginas enfrentadas”. ¿Qué piensa usted?

Bueno, si se trata de mapamundis proyección Mercator en tamaño coffee table book, puede ser. Es una metáfora muy gráfica pero también muy superficial viniendo de un intelectual de un país invisible. Me suena a lamentación y encono. Mi respuesta es algo cínica pero para una metáfora superficial, una respuesta cínica. Cada vez que alguien dice algo como esto sobre nosotros produce un sobresalto. Julio Ortega desde una ubicación visible, lo hizo en el 2005 y provocó un interesante y curioso revuelo entre la intelectualidad joven.

El planteamiento de Feliciano dice algo que todos sabemos. Incluso tenemos una larga lista de respuestas y explicaciones-justificaciones para esa situación. Quizá lo más urgente sea la búsqueda de soluciones -si las hay-, y no sé si Feliciano, con sus luces, ideó alguna. Tal vez haya que preguntarse  qué significa la invisibilidad y qué ventajas reportaría el ser visible. Sobre todo, ¿visibles para quién y bajo qué circunstancias? ¿Qué nos aportará esa visibilidad? ¿Es la invisibilidad un hecho absoluto?

Ahora una broma de mal gusto. Según derivo de algunos libros de espiritualismo -es un tema que trabajo como historiador cultural-, los seres invisibles se ven a sí mismo en su incorporeidad. Vaya, los invisibles solo lo son para los visibles.

Suzie Vieira, Mario R. Cancel

He leído que la renta per capita de Puerto Rico es mayor que la de Chile, el vecino más rico del sur, pero menor que la de Mississippi, el estado más pobre del vecino del norte. Desde una perspectiva geopolítica y también económica, ¿será Puerto Rico la cola de león respecto a Estados Unidos y la cabeza de ratón respecto a la América hispana?

Te lo digo con una fórmula espontánea. Puerto Rico sintetiza las ensoñaciones de consumo conspicuo de buena parte de los iberoamericanos que nos desconocen tanto como nosotros a ellos. Estados Unidos  sintetiza las ensoñaciones de consumo conspicuo de buena parte de los puertorriqueños que desconocen ese país tanto como ellos a nosotros. Cola de león y cabeza de ratón parecen versos africanos ¿por qué no un jaguar y un mico tití? Broma aparte esto tiene que ver con nuestra condición de eslabón y vitrina entre el mundo sajón y latino, heredada del Populismo.

Por un lado, el primer indicio de inutilidad radica en que la idea bolivariana de que Puerto Rico sea un problema para Iberoamérica, o la idea de Albizu Campos de que Puerto Rico sea una clave para el futuro de América me resulta hermosa y romántica, pero vacía.

Por otro lado, el(los)  problema(s) de Puerto Rico, cuando se reducen a estadísticas como esa resultan reduccionistas y no me dicen mucho de lo que ocurre aquí. Si se tratara de un problema de ingreso per capita y posibilidades de consumo, solo tendríamos que hacer un plan distinto para que la gente de cada orbe pudiera pagar sus tarjetas de crédito a un ritmo más acelerado o más lento, o con tasas más altas o más bajas de interés. Pero ya sabemos que la crisis financiera azotó a todos por igual. Lo que te digo es que el dato del ingreso per capita es solo eso, un dato.

La cuestión del estatus de “estado libre asociado” parece ser muy importante en el debate político de la isla como para los representantes de la cultura. Pero al pueblo parece que le conviene esta situación si consideremos los resultados del referéndum sobre el estatus en 1998. ¿Cómo los puerto-riqueños viven esta cuestión del estatus?

En la medida en que la situación  les permite acceso al sueño americano, lo toleran y hasta lo disfrutan. Eso es válido lo mismo para el pueblo que para los intelectuales. También lo hacían los caribeños e iberoamericanos que desembarcaban del Ferry que atracaba en el muelle de la Ciudad de Mayagüez, el viejo oeste, y peregrinaban hacia el Walmart que ubica en el Mall que está a unos kilómetros de mi casa. Hay que verlos en su camino sacrificado a ese nuevo Montserrat.

Pero me parece que reducir el “problema de Puerto Rico” al estatus como lo hizo la Generación del 1930 y el 1950, ya no es aceptable. Implica una imposibilidad y una utopía: que resolver el estatus y entrar en el derrotero del Metarelato Liberal y Progresista es la panacea. La impresión que tengo es que la preocupación de la gente y la de los intelectuales no convergen. Me temo que nunca han convergido del todo.

En alguna ocasión he dicho que, incluso, en las generaciones intelectuales más recientes, esa preocupación moral por el estatus se ha moderado de manera visible en la medida en que la relación de los representantes de la cultura con la gente ha ido cambiando en la postmodernidad. Una de las maneras de afirmar la revisión de la herencia del 1970 en las promociones de fines del siglo 20 fue precisamente esa. En el prólogo de la antología El límite volcado (2000) la denominé con la metáfora del “callado compromiso”. A la altura del 2010 me reafirmo en esa propuesta. No se trata de que los intelectuales sean menos sensitivos ante la cuestión colonial o la de la crisis social. Se trata de que son más reservados porque reconocen que el papel de la creación cultural e intelectual en el proceso de transformación social es relativamente menor en el presente.

Cuando yo estuve en San Juan para el Festival de la Palabra me dieron un papel reivindicando el uso del idioma español y reclamando su defensa. ¿Por qué este tema del idioma es tan importante para los puerto-riqueños?

Es importante para aquel sector intelectual que todavía tiene de la  Nación una concepción herderiana, genética y esencialista. Para los constructivistas y los relativistas culturales, su relevancia es menor. La percepción del inglés como una imposición de los invasores que era válida por lo menos hasta 1950, tiene mucho que ver con eso. En el presente, dado que quien impone el idioma es el mercado, los artefactos de la revolución informática, los medios masivos de comunicación controlados por el otro, la resistencia a la imposición se ha atenuado.

Yo creo que se puede ser puertorriqueño o bohemio en francés: Betances y Kundera lo fueron. No creo que el idioma siga teniendo la misma importancia en el discurso de la resistencia en tiempos del hipermercado global. Hablar buen o mal español, o buen o mal inglés, es un componente secundario a la hora de una Revolución o de una caricatura de la misma.

En un artículo de El País, Mayra Santos Febres hablaba de un “espíritu corsario” de los puerto-riqueños, heredado del pasado de la isla, para explicar la doble cara de esta nación: la de la legalidad, y la de la ilegalidad, de esta actividad subterránea muy común en todo Puerto Rico. ¿Puerto Rico tiene para usted una forma de espíritu “corsario”?

Si me ubico en el imaginario de Pirates of the Caribbean, preferiría el espíritu pirata por su apelación a la anarquía y a la solidaridad que me recuerda el mito del Estado Natural rousseniano.  El pirata Cofresí me estimula más que el corsario Henríquez o, bien sea, que Pedro Vicente de la Torre, para escoger un corsario blanco como Cofresí. Recuerda que la duplicidad entre legalidad e ilegalidad del corsario dependía de la patente y la autorización de un poder: su amparo seguía siendo el Estado. Me pregunto, como si fuera una broma ¿quién expidió la patente del “espíritu corsario” puertorriqueño? ¿La Hispanidad o la Americanidad?

La mayor parte de la gente o del pueblo está ajena a lo que implica simbólicamente el corsariado pero eso solo lo digo para salvar mi responsabilidad como historiador. Creo que muchas de la metáforas que construyen nuestros escritores como un emblema de los somos colectivamente chocan con dos problemas. Primero, nos representan con un lenguaje que no le dice mucho a la gente. Segundo, apelan mejor al interés de otros intelectuales que al pueblo que quieren representar.

Por lo demás, el concepto me parece interesante en la medida en que muestra a Mayra como una continuadora de la tradición que identifica a un verdadero Puerto Rico con el de la cultura popular. Ya te dije lo que pienso de eso.

¿Se podrá resumir la historia de Puerto Rico en una serie de conquistas, anexiones y colonizaciones? ¿Un país que nunca fue independiente y no tiene muchas ganas de serlo?

Sería un procedimiento tan reduccionista como el de las estadísticas de ingreso o renta per capita. La primera parte, “país que nunca fue independiente”, es cierta. Supongo que por allí habrá otros países inexistentes con el mismo estreñimiento o incapacidad: Quebec, Vasconia, qué se yo. La segunda, que “no tiene muchas ganas de serlo” resultaría problemática para muchos intelectuales que podrías entrevistar en el futuro en este país. Los incomodaría pensar que ese presunto destino liberal está cancelado. A mí no.

Ya sabes: desde el siglo 18 los intelectuales están seguros de que son responsables del futuro de la Humanidad y de que la Razón les ha convertido en unos iluminados o Mesías guía de un pueblo.  Incluso aquellos que identifican el verdadero Puerto Rico con el de la cultura popular, los populistas y neopolulistas más radicales, son intelectuales que  se perciben de ese modo. Creo que si alguien puede argumentar bien ambas posturas podría asumir la historia del país de ese modo tan simple. Los riesgos son suyos. No míos.

Entrevista al escritor Alberto Martínez Márquez


Alberto Martínez-Márquez: La crítica debe forzar el cuestionamiento de los órdenes culturales y establecer propuestas alternativas para que ésta sea una mejor sociedad.

  • Taty Hernández
  • Poeta y crítica dominicana

Muchos de los que reciben, en sus bandejas de correo, su “Poeta Invitado/a de la Semana” se refieren a Alberto Martínez-Márquez -Puerto Rico, 1966- como “el Profesor”. Su accionar va mucho más allá que impartir clases de Humanidades, Literatura, Historia y Cine en el Departamento de Humanidades en el recinto de Aguadilla de la Universidad de Puerto Rico. Entre otras cosas es poeta, narrador, ensayista, dramaturgo, antólogo y crítico literario. Recientemente ha sido elegido para presidir el capítulo puertorriqueño del PEN Club una organización literaria que reúne a destacados escritores a nivel mundial.

Con Alberto Martínez-Márquez dialogamos sobre la ruptura de esquemas en la escritura y su percepción sobre el presente y el futuro de la literatura en Puerto Rico, la crítica literaria y la literatura en Internet.

TH: Te consideras un heterógrafo…

martinez_nuevo_dia2AMM: Ciertamente. He acuñado este término, heterógrafo, heterografía, porque en él se basa mi escritura poética, mi acto creativo… El mismo proviene de dos vocablos griegos: Heteros, que significa lo otro y grafos que se define como escritura. Un heterógrafo es aquél que accede a lo que es diverso y divergente. En esto se cifra el universo plural de la palabra. Lo contrario sería una ortógrafos: orto, recto; grafos, escritura: el que escribe rectamente, unidimensionalmente… Por eso en mi poesía, como también sucede con mi narrativa y con mi teatro, hay una resistencia a seguir un patrón definido, formalmente y en términos del contenido, pues ya la temática es otra cosa. Nunca encontrarás dos poemas iguales, pues la búsqueda de expresión de esa diversidad y divergencia, de esa otredad imperiosa que se multiplica en el acto creativo, lo impide.

TH: Hablas de diversidad, divergencia en la expresión. ¿ Quiere decir que rompes esquemas?

AMM: Sí. Es parte de mi herencia vanguardista. Claro, que siempre he experimentado con la estructura del poema desde que comencé a escribir. Pero la ruptura con la sintaxis, con la cárcel de las reglas gramaticales, la tomé de las vanguardias de comienzos de siglo XX, de Apollinaire en adelante. Incluso Ezra Pound fue un modelo que tuvo gran impacto en mi poesía. Leí con suma fruición Los cantos, más por la arquitectura del verso y la construcción de su lenguaje poético que por su propio contenido. Yo no entendía lo que Pound escribía en términos del mensaje, pero sí creí entenderlo perfectamente en términos de la ruptura formal y estilística.

TH: ¿Por qué escribes?

AMM: Me llamó la atención que en una entrevista le preguntaran lo mismo a Italo Calvino, y que él contestara que escribía para dar un orden y una dirección a las palabras. Yo escribo para destruir la función consuetudinaria del lenguaje; escribo para patear al burgués; escribo para pervetir; escribo para dar qué pensar o no dar nada qué pensar; escribo para escribirme a mí mismo, y hasta la fecha el autorretrato que hago de mí con palabras es bastante chueca, dislocada, deforme. Y eso me gusta. De otra manera, si escribo para referir las cosas tal y como son, entonces sería un poetastro, un patanatas. En resumidas cuentas, escribo, porque me gusta hacerlo, y es lo único que sé hacer bien (con excepción del amor)…

TH: ¿Cómo percibes el presente y el futuro de la literatura en Puerto Rico?

AMM: Cuando regresé definitivamente a Puerto Rico en 1995, luego de haber vivido y estudiado en los Estados Unidos por espacio de cinco años, descubrí un panorama cultural desolador. Yo había salido en 1990, en plena apoteosis cultural. De hecho, 1992 marcó un año extraordinario para todo tipo de artista. Pero luego vino un marasmo tremendo, creado por la situación política, que fue agravándose hasta que en 1995 parecería como que no había mayores opciones. No veía mucho futuro a las letras en el país, en nuestra nación. No obstante, ese panorama fue cambiando y fui conociendo a los escritores más noveles. Eso me entusiasmó muchísimo. De pronto, a partir de 1998, hubo una especie de explosión, y comenzaron de nuevo los recitales, las exhibiciones, las presentaciones, etc. Claro, yo estoy generalizando bastante. Ahora mismo hay una figuras jóvenes importantísimas en la poesía como Guillermo Rebollo Gil, Yara Liceaga, Julio César Pol, Iris Figueroa Cardona, Uroyoan Noel, Noel Luna, Raúl “Gorras” Morris, Jorge Acevedo, José Raúl González (Gallego), Eddie Ortiz Schiaffino y Jeannette Becerra. En la narrativa están unos escritores geniales como Pedro Cabiya (que también ha escrito excelente poesía), Max Resto y Juan Carlos Quiñones, alias Bruno Soreno. Gallego, Uroyoán, Guillermo, Iris, Noel, Eddie y Jeannette tienen libros publicados. “Gorras” tiene publicado un CD que contiene sus poemas recitados. Hay que ver a este tipo en acción. Su Ópera Rap es fascinante. En la poesía hay un regreso a la oralidad. Eso lo he conversado con el propio Gorras Morris. No sé cómo le podemos llamar a esta joven generación; mucho más joven que yo, con todo y mis 36 años. Su escritura me atrae porque de una u otra forma tienen puntos de contacto con mi propia poética. Hay otro joven poeta, su nombre es Jomi (José Miguel Curet) y en estos momentos se encuentra estudiando fuera del país. Acaba de publicar un libro artesanal titulado De visita: simples rutina, que es excelente. Se nota un trabajo disciplinado con la palabra. Oiremos más de él en un futuro. Quiero hacer un comentario sobre Yara Liceaga. Esta poeta ha publicado mucha poesía en revistas y suplementos culturales. También ha circulado sus poemas por Internet. En algún momento nos sorprenderá con un buen libro. Muchos poetas y críticos estamos esperándolo.

TH: ¿Y Mayra Santos Febres o Etnairis Rivera?

limite_volcadoAMM: Etnairis Rivera, que es una buena amiga y una extraordinaria poeta, es ya una figura legendaria, canónica. Por tanto, cualquier libro que ella publique siempre tendrá aceptación por parte de la crítica, de los lectores y de los propios poetas. En lo que a Mayra Santos se refiere, se trata de una poeta más joven que Etnairis. Junto a este servidor Mayra Santos forma parte de la Generación de Poetas de los Ochenta. En el año 2000 publicó un excelente libro de poesía que pasó lamentablemente sin pena ni gloria por la crítica literaria puertorriqueña, que mantuvo un silencio que yo no me esperaba pues en ese año ella había publicado la novela que la catapultó internacionalmente: Sirena Selena vestida de pena. El poemario al que me refiero se titula Tercer mundo y fue publicado por Trilce Ediciones de México. Fíjate, es una pena, porque Mayra se inició precisamente en la poesía. La crítica elogió sus primeros dos libros, luego vinieron los libros de cuento, igualmente elogiados y después la novela, que ha abierto un camino para muchos escritores de Puerto Rico en el plano internacional. Uno esperaría que su tercer libro de poesía sea igualmente recibido, pero la crítica guardó silencio. Como dato curioso, Etnairis, Mayra, Mario Cancel y yo fuimos premiados por el Pen Club en su edición para libros publicados en el 2000. Etnairis recibió una mención por El viaje de los besos, Mayra el primer premio de novela por Sirena selena.. y Mario y yo el primer premio de antología de poesía por El límite volcado: antología de poetas de los ochenta, donde también figura Mayra como poeta.

TH: ¿Cuál es el rol que ha desempeñado la generación del 80?

AMM: La Generación de Poetas de los Ochenta en Puerto Rico realmente puso en función la multiplicidad de temas y formas escriturales que los poetas de los 70 propugnaron pero que no pusieron en función a cabalidad. Con sólo mirar El límite volcado: antología de poetas de los ochenta, que preparamos Mario Cancel y yo, y que fue editado por Isla Negra, uno se topa con una diversidad de dicciones poéticas, de formas escriturales, de temas. El 70 se opuso a la poesía militante, y trajo una propuesta de apertura, que como ya indiqué estuvo bastante limitada. El 80 es la primera Generación que no se opuso a nada. De hecho, tomaron al 70 como punto de partida. Eso es un momento importantísimo en la poesía puertorriqueña. El 70 fue una influencia para la gente del 80, y la gente del 80 se desplazó a zonas donde los poetas del 70 no habían llegado.

TH: ¿Cuáles criterios utilizaron tú y Mario Cancel para realizar la antología El límite volcado?

mario_cancel_lectorAMM: Cuando Mario y yo decidimos hacer la antología, ya teníamos una idea de quiénes la iban a componer. Nosotros fuimos poetas activos en los 80, Mario en el área Oeste de Puerto Rico, y yo en la Zona Metropolitana, y continuábamos siéndolo cuando nos conocimos en 1997, porque seguíamos escribiendo. Lo que hicimos fue acercarnos a esos poetas con quienes compartimos, y ellos nos respondieron. En el trayecto descubrimos al poeta Juan González Mendoza, que no había publicado nada, nunca. Pero cuya poesía fue escrita durante esa década y en cuanto a lo formal, lo temático y el contenido, tiene unas afinidades tremendas con la poética de los 80. A Juan lo incluimos como un ejemplo del poeta escondido que es preciso rescatar.

TH: ¿Confías en la literatura en Internet? ¿Por qué?

AMM:Con respecto a esto, sólo tengo que decir que hay excelente, buena, deficiente y malísima literatura circulando en el ciberespacio. Lo único que uno tiene que hacer es ser selectivo y escoger de acuerdo a los criterios estéticos que uno tenga. Pero definitivamente la Internet ofrece una oportunidad a los escritores que ningún medio informativo y tecnológico podía ofrecer hace quince años atrás.

TH: Estás haciendo una excelente labor de difusión utilizando la red de Internet esto me induce a cuestionarte si piensas que acrecienta las oportunidades de los escritores y escritoras. Si es así, ¿en qué sentido?

AMM: Internet te conecta con el mundo ipso facto. Es una forma de proyectarte en otros ámbitos, en otras latitudes, en otras regiones del mundo donde nunca antes pensaste llegar. Yo me he encargado de servir como difusor de escritores de lengua española, de la misma manera que otros escritores y activistas culturales se han encargado de difundir mi obra. Es una labor recíproca, como toda labor cultural y literaria debería ser. Internet es una utopía funcional, no exenta de fallas y de errores, pero está funcionando y he podido ver sus frutos. Ahora llegan muchos mensajes a mis diversas cuentas de correo electrónico, pero también ha aumentado el volumen de mi correo regular con el envío de libros, revistas y comunicación varia de escritores de Argentina, República Dominicana, España, Estados Unidos, Ecuador, etc. Incluso de otras partes de la nación puertorriqueña.

TH: ¿Cómo concibes la crítica literaria?

AMM: La crítica literaria puede operar de dos formas: reducirse al entorno académico; obtener una mayor difusión creando amplios espacios opinantes. En ambas, la tarea de la crítica es vital, pues ofrece claves para la interpretación de textos e incluso puede estimular a un público lector. A mi entender, la crítica debe forzar el cuestionamiento de los órdenes culturales y establecer propuestas alternativas para que ésta sea una mejor sociedad.

TH: ¿Es paternalista la crítica literaria en Puerto Rico?

AMM: En estos momentos la crítica literaria en Puerto Rico, fuera de la academia que es otra cosa, es casi inexistente. Aún así, dentro de la carencia de críticos, continúa imponiéndose una crítica de corte paternalista en tanto y en cuanto quiere apadrinar a ciertos escritores y a ciertos grupos. Nosotros, los de la Generación de Poetas de los Ochenta, fuimos vilmente vapuleados en un escrito de Carmen Dolores Hernández, crítica “oficial” de Puerto Rico desde el diario de mayor circulación. Ella se ha encargado de dar mayor relieve a algunas de las figuras jóvenes como si con ello nos echara tierra encima. Sin embargo, como tenemos muy en cuenta lo que hay detrás de todo esto, no nos hemos ensañado en lo más mínimo con estos escritores, ellos no tienen la culpa de que alguien nos quiera indisponer. Al contrario, hemos mantenido unos canales de comunicación y colaboración muy abiertos. Lo que me parece óptimo y productivo.

Tomado de Perspectiva ciudadana, 2 de octubre de 2002 . Editado en su contenido.

Entrevista al escritor Mario R. Cancel


 

  • Melissa Pagán Acevedo
  • Estudiante Subgraduada de Historia (RUM)

 

melissa_paganEn 1995, la Asociación Puertorriqueña de Historiadores y la editorial Postdata, publicaron el volumen Historia y literatura. En el mismo participaron la narradora Ana Lydia Vega, el crítico Juan G. Gelpí y los historiadores Fernando Picó y Mario R. Cancel. El volumen contó con dos valiosos prólogos firmados por el escritor Rafael Acevedo y la historiadora Silvia Álvarez Curbelo.

 Historia y literatura fue un intento de revisar los vasos comunicantes entre la narración y la invención historiográfica y las ficciones literarias. La rica experiencia de deslizamientos entre uno y otro campo que caracterizó a la llamada Generación del 1970 en nuestro país, fue un componente de un debate inacabado. En esta entrevista se vuelve sobre aquel problema y las circunstancias que favorecieron la discusión.

MPA: ¿Se le pidió que hiciera el análisis entre historia y literatura con propósito de la publicación del libro, o lo decidió hacer por su propia cuenta? ¿Qué lo motivó?

MRC: El Foro de 1994 sobre la relación de la historiografía y la literatura, fue parte de un proyecto de revisión de la relación entre ambas disciplinas que desarrolló la Asociación Puertorriqueña de Historiadores, organización que yo había ayudado a fundar. El tema había sido de mi interés desde 1985, año en que fundé la revista Islote con el novelista Carmelo Rodríguez Torres. Islote era una publicación dedicada a ambas disciplinas. En la década de 1990, cuando se generalizaba el debate sobre el postmodernismo en Puerto Rico, se hacía necesario abrir aquel tipo de discusiones. La propuesta de que la historiografía es un tipo de discurso narrativo análogo al literario y que puede ser interpretado como un discurso literario, siempre ha sido una de mis pasiones. Mi interés por la historiografía cultural, por la investigación histórica y por la escritura creativa, explican mi disposición a trabajar el asunto desde aquel momento.

MPA: ¿A qué cree se debe el que profesionales de los campos literario e histórico se sientan incómodos con la ‘invasión’ a su campo de parte del otro?

MRC: Creo que tiene que ver con una tradición muy remota que establece fronteras entre un discurso racional y otro que se presume que no lo es; o entre un discurso científico y otro que se cataloga como su opuesto. Es una herencia problemática de la Ilustración y la Modernidad o, si lo planteo desde una perspectiva historiográfica radical, de la cultura burguesa que dominó a Occidente desde el siglo 19. El hecho de que se denomine “invasión” al ejercicio interdisciplinario, es un indicador curioso. Presume que la discursividad es un mundo “privado” y “exclusivo”, le otorga características semejantes a las que da a la “propiedad” que la modernidad sacraliza. La “invasión” se interpreta como una “agresión” foránea amenazante. Entre la cultura científica y la humanista se estableció un muro. Una tercera cultura que apropie la relatividad del saber de una manera madura me parecía entonces una promesa excelente.

MPA: ¿Por qué dice usted que el carácter híbrido de los discursos, ya literarios o históricos, que se adentran en el otro campo es “fácilmente desdeñable”?

MRC: La Modernidad, la Ilustración y el pensamiento académico formal, valoran el saber por su pureza y su estructuración. La hibridez o la impureza es lo que la Modernidad, la Ilustración y el pensamiento académico formal, consideran la principal agresión a esa pureza. Es algo así como un catarismo radical aplicado al saber. En la medida en que se viola el canon clásico, que es la medida, modelo o paradigma de lo perfecto, desechar al que ejecuta la violación parece justificado. Pero esa hibridez, que no es una novedad, es una manera alternativa y sugerente de “saber las cosas” de maneras alternativas y de enriquecer la cultura colectiva. La idea es evitar una sola mirada y estar abiertos a la pluralidad de la s miradas.

MPA: ¿Qué relación hay entre la técnica de escritura y su percepción por el lector? Es decir, ¿Por qué cree usted que a los lectores les “está malo” un análisis histórico con tono de cuento y un cuento con tono de análisis histórico?

MRC: Me parece que en esto juegan un papel fundamental los sistemas educativos a los cuáles están acostumbrados los potenciales lectores. Ese planteamiento era crucial en 1994. Entonces estábamos en medio de una batalla contra unos estilos tradicionales de enfrentar el saber. El muro entre los saberes tenía todavía cierta legitimidad entre los consumidores de la cultura. Pero no estoy en posición de decir que todavía sucede lo mismo en 2009. Las formas y los contenidos de la discusión cultural han cambiado mucho desde entonces a esta parte. La lectura de la producción literaria e historiográfica reciente, me indica que la situación ya no es la misma.

MPA: ¿Qué, además de documentos, considera usted le da autoridad al discurso histórico?

MRC: Creo que valdría la pena definir con propiedad que es “documento”. También ese concepto sufrió una revolución extraordinaria desde el momento del positivismo hasta el presente.  “Documentarse” ya no significa lo mismo que en el siglo 19. Aclarado eso me parece que varias cosas son cruciales. Que se ocupe de asuntos que apelen al presente, que no divorcie el pasado del presente pero que acepte que el pasado es una invención que siempre se elabora desde un presente cambiante, que el historiógrafo acepte que su discursividad no es definitiva sino que posee la plasticidad de una interpretación más, y que sea un discurso bien articulado en el cual incluso el cabo suelto tenga su razón de ser. El pasado es como un verso polisémico de infinitas posibilidades. El presente también. Me parece crucial que el historiógrafo ofrezca una imagen del pasado que no sugiera que somos esclavos del mismo y, mucho menos, que ese conjunto de cosas nos ha conducido al “callejón sin salida del presente”. Verlo así sería como equiparar la “Historia” a “Dios” y ambas siempre me han parecido dos autoridades dictatoriales que mutilan la posibilidad del cambio y de la libertad del ser.

MPA: ¿Qué tiene que decir sobre los relatos históricos a los cuales se les ha dado tanta validez y que luego resultan ser erróneos? ¿Qué efecto, si alguno, tiene esto en la noción del público de que la historia es infalible y concreta?

MRC: Si aseveró que todo relato historiográfico es una versión del pasado desde un presente, no hay tal cosa como “relatos erróneos” y “relatos correctos”. Solo quedan los relatos. Un Quijote del presente posiblemente enloquecería con la lectura de novelas de ciencia ficción cibernética y viajaría el país en bus o en motocicleta. Eso no hace incorrecto el Quijote de Cervantes. Solo invita a que se le entienda en su contexto. Lo mismo sucede con una versión de la historia que ha perdido su legitimidad. Ella no es más que una versión que traduce ciertas estructuras de poder concretas las cuáles ganaron una legitimidad que luego perdieron. Me parece que aceptar que la historiografía no es infalible es un logro tan importante como aceptar que no hay literatura de belleza perfecta que siempre deba ser imitada con el respeto que se le da a un clásico inconmovible.

MPA: ¿Qué opina usted sobre el comentario de Juan Manuel García Passalacqua de que “la historia siempre es escrita por los que ganaron”, y que esto le quita credibilidad a la misma?

MRC: Creo que se equivoca pero que su comentario acierta en alguna dirección. También los derrotados piensa, inventan y hasta escriben su historia. Lo que me parece que quiere decir Juan Manuel es que la historia que difunden las instituciones del poder es la de aquellos que vencieron. De eso no me queda la menor duda. Pero dado que yo no creo que haya “una historia” y prefiero hablar de “muchas historias” o “versiones”, el asunto no me parece medular.

MPA: ¿Cómo ve usted la relación entre historia y literatura a 14 años de haberla discutido en su ensayo? ¿Cree que los muros entre las disciplinas aún están allí?

MRC: He aprendido a vivir con ambas. La bigamia es sabrosa. Dije lo mismo sobre las dos seductoras amantes, lectura y escritura, que me habitan desde la adolescencia. Puedes ver ese comentario en Una reflexión sobre la escritura  texto que publique hace algún tiempo. Te aseguro que la situación ya no es la misma que en 1994. En Puerto Rico se estila otra literatura y otra historiografía que se miran mutuamente con otros ojos. Eso sí, me parece que la riqueza de la literatura es más notable que la de la historiográfica y que todavía hay que hacer mucho desde la zona de los que dicen que miran al pasado.

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