Divertimento: Reflexiones de un escritoriador (2)


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador o escritor

En una ocasión me encontraba de viaje de incógnito fuera del país y unos aspirantes a historiador me preguntaron sobre sus homólogos de Puerto Rico. Los buenos historiadores puertorriqueños, les dije, son una especie anómala.  Los viejos historiadores imaginan que son la conciencia ínsita y preclara del país y que caminan sobre hombros de gigantes. Confían en que la edad les ha refinado la capacidad de ver no solo el pasado, sino también el presente y el futuro. Están seguros de que una diferencia de opinión con ellos siempre será un error interpretativo y suponen que cualquier apelación a su saber es un reconocimiento  de su superioridad o un acto de nostalgia sumisa de quien la pronuncia.

Algunos piensan que el tiempo histórico terminó con la colonización española, otro que inició en el siglo 18 y acabó con la invasión yanqui pero los más simpáticos y visibles están seguros de que todos se equivocan porque el alfa de las cosas comenzó después de la Segunda Guerra Mundial y piensan que la geopolítica es el oasis infalible de todos los saberes. A ese fenómeno, entre otras cosas, denominan especialización o escuela historiográfica. Los únicos que se resisten a ese criterio son los que afirman que todo empezó con la abolición de la esclavitud y el desenvolvimiento  de las modernas luchas de clases en el país y que esa es la quintaesencia o la piedra filosofal añorada.

"Melancolía" de Munch

“Melancolía” de Munch

Aquel historiador, viejo o no, que quiera hacer la historia de una idea, de una moda cultural o de un tema de los márgenes, será acusado de filósofo, antropólogo o sociólogo e insistirán en que tome un tratamiento intenso de archivos tradicionales -el General o el de Indias- para que mejore su estado espiritual. Los críticos más furiosos de ese tipo de libelo asegurarán que aprendió el oficio de historiador en la academia estadounidense o que se ha degradado a la condición inicua de postmoderno.

Los viejos historiadores están seguros de que si se es monje jesuita o pastor presbiteriano, habrá más posibilidades de convertirse en una vaca sagrada. Después de todo, los cristianos concibieron la historia tras reinventar la tiranía del dios de los judíos sobre su pueblo elegido y convertirla en la tiranía de la razón y la naturaleza sobre su civilización elegida. Todos están contestes en que los independentistas y los estadoístas no pueden ser buenos historiadores: el hecho de que ambos aspiren a un proyecto por hacer los transforma en activistas, pero la discusión de lo que ya está hecho -reconocidos sus defectos- se equipara con la imparcialidad.

Aseveran que ejercer la profesión de manera seria es un privilegio de la universidad porque el escenario burocrático intrincado y la cercanía a los focos de poder así lo posibilita: allí están los presidentes y sus becas, los espaldarazos, los apretones de mano y los candidatos perfectos para asesorar al gobierno fugaz que se imponga un proyecto administrativo fracasado cuatro años.  La circunspección los caracteriza. Insisten en que la adolescencia senescente y la alegría de vivir es un pecado de lesa humanidad impropio para un historiador y que ser parte de esta clase debe apropiarse como una profesión de depresión: la risa es pecado de novelistas, no de historiadores. Están convencidos de que la condición de historiador sesudo debe sazonarse con una dosis de seriedad senil y aristocratismo vacilante propia de jubilados achacosos. Para garantizar esos fines se reunirán en asociaciones y academias para discutir cuánto pagarán de cuota de membrecía, dónde será la próxima reunión y en quienes desplazarán la tarea de pensar libremente, capacidad que en general, perdieron debido a su avanzada edad.

Por último, imaginan que todas las disciplinas sociales y humanísticas son auxiliares de la historia pero que la suya no tiene porqué auxiliar a ninguna de ellas y están contestes en que aquellos historiadores que se acercan a la literatura creativa han sido atacados por un virus letal que promueve la vacilación entre el esplín y la excitación. Recomiendan que aquellos que se sientan tentados a escribir poesía o cuento, lo hagan en secreto o lo dejen para después de su retiro y difundan su producto en los espacios más ominosos o invisibles que puedan encontrar. Nunca los detectarás en los medios cibernéticos a menos que sea citados por otros y ocultarán su incapacidad para manejar esos espacios detrás de la máscara elitista de que la Internet es un lugar que abre paso a la imbecilidad, condición sobre la cual ellos parecen reclamar la posesión de un monopolio.

Los jóvenes historiadores son más sumisos que los jóvenes aspirantes a escritor: la autoridad de un viejo historiador se presume más ponderada que la de un viejo escritor. Nacen con un microchip o un código genético activo que les conduce a convencerse de que los buenos historiadores son los que les antecedieron y escribieron los libros que les asignan un montón de maestros que fueron discípulos sumisos de aquellos. Por ello no son capaces sino de figurarse como simples acólitos, adláteres o repositorios. La familia patriarcal judía y cristiana es reproducida con precisión: papá historiador modela a hijo historiador aunque mamá historiadora no se encuentre en el panorama. Me parece que se trata de un fenómeno de generación espontánea pero ello sigue siendo un misterio.

Se pasarán la vida leyendo a la misma gente, tratando de pensar como la gente que leyeron y convertirán el inmovilismo y el estancamiento en una virtud. Hay sectores que tienen la esperanza de que algún día aprenderán a escribir y podrán aspirar a ser algo más que un maestro. Evitarán conversar sobre el presente inmediato por temor a que se les confunda con un activista o un escritor de ficción y, si se les cuestiona sobre ello, responderán con monosílabos y bisílabos agresivos: je, mierda, cabrón. La situación los ha conducido a suprimir sus curiosidades más dulces, padecen estreñimiento en el órgano de la originalidad y calambres en las extremidades del atrevimiento. Lo más interesante es que tanto los viejos como los jóvenes historiadores son invisibles para todos los casos porque siempre hablan de “lo que pasó” o “creen que pasó”. Por ello precisamente  son fáciles de diferenciar de los científicos políticos y de los economistas quienes siempre hablan de “lo que pasará” pero “nunca pasa”.

Con todo los admiro frenéticamente. Son más humanos  y menos obtusos que sus pocos ancestros del siglo 19 y de principios del siglo 20. Aquellos historiadores estaban hipotéticamente dispuestos a morir por la patria suya (España) o por la ajena (Estados Unidos)  o por una copa de vino tinto y, aunque muchas veces lo afirmaron con fervor, pocas lo hicieron. Estos del presente prefieren vivir hasta el último segundo y manifiestan la fina ironía de un gato callejero del Paseo de la Princesa cuando algún turista se les acerca a darles de comer.

¿Defectos? Tienen y muchos, como cualquier ser humano común o como los historiadores de cualquier parte del mundo. Lo digo porque soy uno de ellos, ni viejo ni joven eso sí,  o al menos eso intento muy de vez en cuando…

En Hormigueros, 15 de julio de 2016.

 

Conversación con Mario R. Cancel Sepúlveda


  • Dr. Wilkins Román Samot

Mario R. Cancel Sepúlveda (Hormigueros, 1960-) es catedrático de Historia y Ciencias Sociales en el recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. También es docente de Estudios Puertorriqueños y del Caribe en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, allí en el viejo San Juan, Puerto Rico. Cancel Sepúlveda, contrario a otros, no llegó vacío a su cátedra universitaria. Junto a él trajo una caja de investigaciones, poesías y relatos realistas y no reales, producto de una vida prodigiosa de trabajo creativo desde los márgenes. Ya en la cátedra, ha mantenido una tendencia de profundidad y rigor intelectual que sin duda no creo mentir si le considero el principal historiador puertorriqueño de su generación. Tuve la bendición de encontrarlo en mi camino por la Universidad de Puerto Rico. Mario, como le decimos Carlos y yo me ha contestado unas preguntas con el mismo rigor con que investiga, educa y escribe. Comparto con vosotros sus atinadas respuestas.

1.1 Wilkins Román Samot (WRS, en adelante) – Lo conocí hace algún tiempo. Vos fue mi profesor, yo, un estudiante que aprendió a investigar y cuestionar con vos, como también lo hizo ese Carlos que nos une, y que tuvo la osadía de escribir un cuento de o sobre sus botas. Desde entonces, hemos mantenido cierto contacto dentro de la distancia, teniendo la oportunidad de reseñar parte de sus trabajos de investigación. Cierto es y sería decir que llegué, eventualmente, a estudiar al Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, Viejo San Juan, Puerto Rico, por esa lección de investigación que sin duda fue tomar con vos ese curso de Humanidades en la Universidad de Puerto Rico. Lo que digo, lo digo creo que también por ese Carlos que nos une, con quien he mantenido desde entonces esa cultura de intercambiar información entre nos, que aprendimos con vos hace ya más de dos décadas. Si algo, siempre he apreciado de vos, es su persistencia en escribir y re-escribir desde los márgenes de la historia la literatura y la historia desde la literatura, dentro del marco de la historia y la micro-historia, de la biografía y de los estudios culturales puertorriqueños y del Caribe. Hace unos días, nos hemos vuelto a encontrar, y me ha dejado constancia física de su nuevo trabajo de investigación histórica. Se trata de De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia (San Juan: Editorial 360 Grados 2016). No sabía que Hormigueros tuviera historia, menos una de resistencia, pero creo que vos sí, e insiste en que sí le tiene y vale la pena conocerle, recordarle y estudiarle. ¿De qué tratas en este trabajo de investigación micro-histórica? ¿Cómo integras vuestra formación trans-disciplinaria a éste y sus otros trabajos creativos como docente e investigador?
Wilkins Román Samot y Miguel Rodríguez López con el escritor

Wilkins Román Samot y Miguel Rodríguez López con el escritor

1.2 Mario R. Cancel Sepúlveda (MRCS, en adelante) –La historia es un relato de la imaginación que siempre se reinventa a la luz de las circunstancias desde las cuales se piensa. En ese sentido lo que hacemos con el pasado es una aproximación creativa y, por ello, exigente. Es una forma de la conciencia que todos los seres humanos y todas las comunidades poseen en el marco de los más diversos grados de complejidad. Cuando se afirma que Hormigueros tiene una historia que puede ser contada se señala lo obvio. Es posible que para historiografía tradicional el acontecer local no constituyese una historia legítima pero, después del desenvolvimiento de la Nueva Historia Social, la Historia Cultural y los Estudios Culturales en el siglo pasado sería una presunción paradójica.

La resistencia a la que se refiere el título se refiere a una diversidad de índices. Los ensayos de libros miran en varias direcciones. Primero, el relato panorámico del pasado hasta mediados del siglo 20. Segundo, un estudio denso de los antecedentes del culto de la Virgen de Monserrate, uno de los signos identitarios claves de la comunidad. Tercero, una revisión de la historiografía sobre Hormigueros desde 1898 hasta 1980. Cuarto, un ejercicio análogo desde 1980 hasta el 2000. Y quinto, un retorno al tema del culto religioso a la luz del 1898. El prefacio y el epílogo son reflexiones teóricas sobre lo que significa la historia, la microhistoria social y la cultural, en el proceso de reflexión.

El concepto resistencia apela a esos nudos que plantea el volumen y que marcaron el pasado local. Se manifiesta en la invisibilidad de un pueblo pequeño en el territorio de las miradas de la macrohistoria por su condición de zona de competencia entre dos poderes regionales de relevancia: Mayagüez, que desde el siglo 18 significó las fuerzas modernizadoras, y San Germán, que desde el siglo 16 representa la tradición. La identidad de Hormigueros se cuaja en ese escenario contradictorio compartiendo valores de ambos extremos. No en balde fue barrio de San Germán hasta 1874 y de Mayagüez entre 1898 y el 1912.

Resistencia también invoca a otras zonas de conflicto. El estudio de la microhistoria cultural me ha demostrado que las comunidades pequeñas se resisten al imperio o la autoridad de los relatos nacionales o a las presunciones totalitarias de la identidad colectiva. La identidad colectiva o nacional es un producto intelectual muy valioso de los últimos 250 años, pero la micro-identidad comunitaria es una praxis rica en matices que debe estudiarse con la misma intensidad.

Y resistencia porque esa micro-identidad comunitaria  presenta contradicciones que la enriquecen. En Hormigueros los elementos clericales y seculares, tradicionales y modernos se encuentran y desencuentran. En el cosmos local, como en el nacional, el poder institucional, el poder eclesiástico, las clases sociales que se mueven en el mercado, la intelectualidad y la gente, generan sus propios relatos que chocan y, en su oposición, validan un ejercicio como este. La búsqueda se da en todas esas orientaciones con el propósito de confirmar que “el pasado” es un mito: de los se trata es de buscar “los pasados” en plural.

2.1 WRS – En el 2007 presenté en el Museo de la Historia de Ponce, Historias marginales: Otros rostros de Jano (Mayagüez: CEPA 2007). Tratabas, en este libro, de historiar la historia de los márgenes desde los márgenes, bien la del espiritismo, la prostitución, la literatura no oficial o no canónica. Sé que no fue la primera ocasión en la que se acercaba así a lo marginal. ¿Cuál considera vos es su mayor contribución a la historia cultural y crítica dentro del contexto de este trabajo creativo de investigación y de esa manera de mirar desde los márgenes aquello que otros han marginado de su mirada histórica?

2.2 MRCS – No creo que yo sea la persona más indicada para hacer esa evaluación. Me he dedicado a seguir las pistas que más llaman mi atención. Investigo y escribo para saciar mi curiosidad y, me hago de la idea, de que mis respuestas tentativas pueden interesar a terceros. Mi contribución más significativa tiene que ver con la formación de mis estudiantes subgraduados y graduados. Si consigo estimular la pasión por la reflexión en algunos de ellos me siento satisfecho. Creo que la contribución, si alguna, de lo que hago es que mirar a tu alrededor y hacerte las preguntas pertinentes respecto a tu tiempo a la luz de tu yo es suficiente. Mis grandes intereses han sido tres: los temas de la microhistoria política y cultural, la producción creativa de lo que llamé alguna vez “mi generación”, y ese complicado tránsito del siglo 19 al 20, es decir, los dilemas de la identidad en todas sus manifestaciones bajo los dos imperios.

3.1 WRS – Si compara su acercamiento como investigador de la producción literaria puertorriqueña en Literatura y narrativa puertorriqueña: la escritura entre siglos (San Juan: Editorial Pasadizo 2007) con sus investigaciones previas y posteriores, ¿qué diferencias observa en su propio trabajo creativo de investigación además de su diferencia respecto a las disciplinas con las que trabaja y su contenido literario?

3.2 MRCS – He tratado de dejar atrás la comodidad que ofrecía el discurso manido de la identidad nacional y el imperativo moral que ello imponía a la escritura. Los requerimientos de ese tipo de discurso a veces se convierten en actos de censura. Cuando investigaba a los autores de “mi generación” ejecutaba un ejercicio en esa dirección. Pero metodológicamente no veo diferencia. Siempre he dirigido la mirada hacia los lugares invisibilizados por el canon literario o histórico porque ese pasado sacralizado enquista a la academia y a la universidad en unos lugares comunes. La intención no es revolucionar la academia o a la universidad ni producir un anticanon. No tengo tiempo para ello, solo se trata de llamar la atención sobre la diversidad de los problemas que están sobre la mesa y, a la vez, satisfacer una curiosidad morbosa. De la Nueva Historia Social, la Historia Cultural y los Estudios Culturales aprendí a mirar hacia el abajo social, hacia los márgenes, hacia las periferias, hacia las praxis y los discursos alternativos, hacia la vida de la gente como problemas, hacia la pluralidad de las percepciones de lo que aparenta ser transparente, hacia la fragilidad de las ideas que se presumían sólidas. También aprendí que todos esos lugares son porosos al arriba social y que hay una rica dialogía entre ambos extremos. Lo local y lo micro son una expresión de lo nacional y lo global en constante intersección.

4.1 WRS – Sé que vos tiene más de un trabajo sobre vidas ejemplares. Me refiero a Segundo Ruiz Belvis: El prócer y el ser humano (San Juan: Universidad de América/ Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe/ Municipio de Hormigueros 1994) y a Anti-figuraciones: Bocetos puertorriqueños (San Juan/ Santo Domingo: Isla Negra Editores 2003, 2011). Creo que ambos trabajos condensan un enfoque propio de como historiar la vida del procerato, uno en el que manejas la vida ejemplar desde lo personal con un enfoque o acercamiento personal. A su vez, no dejan de ser vidas marginales en cuanto a su entorno geográfico, la Isla, como algo que se nos viene distinto a San Juan, Puerto Rico, la metrópolis colonial desde la cual se cuece el régimen. ¿Qué es aquello que ha aprendido dentro del proceso creativo de dar forma y contenido a un corpus teórico propio de la historia y de los estudios culturales pero que no deja de ser un acercamiento íntimo a nuestra historia político-cultural?

4.2 MRCS – Creo que se sigue mirando con gran reverencia a la figura procera. Los lectores de historia siguen prefiriendo al personaje sobre la persona. Las biografías laudatorias siguen llamando más la atención que los estudios abiertos sobre las figuras públicas. Yo sé que es más fácil levantar un culto (o seguirlo emocionalmente) que comprender críticamente el objeto que se pretende cultivar. Eso es lo más difícil porque finalizas en manos términos con aquellos que articulan el culto y con los que quieren demolerlo. El pasado es político, lo sé. En la colonia los contenciosos de todos los días, los que ocupan las horas de reflexión de los anticolonialistas, van a afectar la interpretación del pasado. El problema es que esa actitud puritana o fundamentalista se convierte en un discurso defensivo que ofende la inteligencia y conduce a gente muy capacitada a pontificar  cuando se enfrentan a posturas que ponen en duda sus presuntos aciertos intelectuales. Uno de los modelos en que me apoyé para esto fue la obra de Lucien Febvre sobre Lutero y Erasmo. Lo único que le he añadido a esto es mirar un poco hacia la vida de las figuras proceras recuperándolas para lo más cercano a una vida diaria como la que llevamos nosotros. Las pequeñas historias de lo cotidiano persiguen a estas figuras. Mas tomo pero dejo de verlas como anécdota moral y las inserto en una cotidianidad imaginaria e incompleta pero rica en matices. Ese es, en sentido estricto, mi homenaje al vitalismo desde la historiografía. Los espacios para la imaginación historiográfica se abren más allá del dato. Así hice mis seudobiografías, mis antifiguraciones, mis experimentos. No las veo como vidas ejemplares o a imitar. Al menos eso no es lo que pretendo pero esa sigue siendo la lectura más fácil. Las veo como expresiones de la indocilidad que pululan por todo el espectro ideológico

5.1 WRS – Tenéis unos libros de poesía y de cuentos, textos, relatos o pretextos. Vienes de una escuela en la que una manera de no explotar, era escribir, escribir, escribir. ¿Por qué los títulos de estos textos? ¿Qué tiene de particular su trasfondo personal (historia de vida) en la formación del contenido de su trabajo creativo en estos pretextos? ¿Cómo se ha integrado su trabajo de creación literaria de por sí (poemas, cuentos, etc…) con su trabajo de ensayista e investigador? ¿Cómo integra vos su experiencia de vida en su propio quehacer creativo hoy en Puerto Rico?

5.2 MRCS –La escritura de poesía y cuento es una búsqueda: los orígenes etnoculturales, la casa rota me preocupaba mucho en los años 1980. La volcadura del límite y la sonrisa que no se consolida me llamaron la atención en los 2000. Las ignominias de la crisis que se vive hoy están inéditas. Toda la poesía que no publiqué es un mero registro teórico privado, personal y mío, que no está divorciado de las obras creativas que hago en el ensayo histórico. La única forma de escribir es desde el yo, desde el espacio vital en que te mueves, de eso no me cabe la menor duda. Esa subjetividad debía ser asumida con tranquilidad y la asumí porque es lo único que hace tu obra realmente tuya.

6.1 WRS – Sé que vos es un autor caribeño que es oriundo de Hormigueros, Puerto Rico. Don Mario, ¿se considera puertorriqueño? ¿Existe el puertorriqueño o sólo es literatura su cultura e historia? ¿Por qué? ¿Qué es la que hace que su literatura o su trabajo creativo sea de vos y lo que es de vos es o decide ser dentro de Hormigueros, Puerto Rico?

6.2 MRCS – Soy casualmente puertorriqueño: si hubiera nacido en la luna sería un selenita o un lunático como los personajes de George Meliés. Esto significa que lo soy al margen de las autoridades que me dictan una fórmula sobre lo que eso contiene o significa. A veces soy historiador o un habitante de la literatura. Por lo regular soy una persona común que trabaja 8 horas al día siete días a la semana, en el salón de clases o fuera de éste, y además posee dos mascotas, la gata Caciba y el gato Tao y limpia su patio. Soy plural y si lo mirara de otro modo me angustiaría porque reconozco la multiplicidad de las acepciones de ese concepto. Me parece que en su contingencia y plasticidad radica parte de su fortaleza. Ser puertorriqueño, francés o ruso son convenciones culturales cambiantes. Dada la asociación histórica de la identidad (un estado del alma) y la soberanía (un estado jurídico), fruncimos el seño cuando alguien pide que te identifiques. Igual que los mayas pensaban que eran lo que comían -hombres de maíz-, yo soy un reflejo de lo que produzco y viceversa.

7.1 WRS – Don Mario, ¿cómo visualiza su trabajo creativo de carácter literario con el de su núcleo generacional de escritores en Puerto Rico? ¿Cómo ha integrado su identidad étnica y su ideología política con o en su trabajo creativo de carácter literario o no literario?

7.2 MRCS – No creo que haya una “generación” de escritores con la cual me pueda identificar. Las promociones de escritores posteriores al extraordinario fenómeno del 1970 siempre me llamaron la atención. Desde 1989 escribía sobre esa “generación” que parecía germinar. Pero el lenguaje de la crítica cambia y los conceptos se hacen inadecuados. A la larga es más fácil establecer los que no eres  que afirmar lo que eres. No soy un autor del 1970 ni del 1960 aunque los considero mis maestros. La impresión que  me produjo trabajar ese tema desde 1989 hasta 2008 es que los autores ochenteros ya eran viejos para los noventeros y que cada grupo nuevo estaba deseoso de dejar atrás a los que le precedían. Después de todo eran promociones pequeñas con una forma de progeria avanzada que siempre llamó mi atención.

La decisión de verlos de ese modo es enteramente mía. Mi trabajo literario, si se reduce a la poesía, el cuento y la crítica, es marginal a mi núcleo o cronotopos. Allí hay verdaderos poetas como Alberto Martínez Márquez y Zoé Jiménez Corretjer, brillantes narradores como Mayra Santos y Eduardo Lalo, experimentadores de calibre mundial como José Liboy Erba y Pedro Cabiya. Yo los leo y los disfruto. Ese es mi lugar entre ellos. Después de todo soy un historiador y ya me han señalado como un outsider varias veces. Para algunos poetas o escritores un historiador no es un escritor sino otra cosa, un alien en su territorio. Pero a mí me consta que muchos escritores no son historiadores. Para mí eso es un asunto irrelevante. Los leo y los disfruto. En cuanto a la etnicidad y la ideología cada vez me preocupan menos lo cual no debe interpretarse como que les resto relevancia.

8.1 WRS – Su trabajo creativo literario no se inicia recientemente. No obstante, ha dedicado una parte de su vida a la cátedra universitaria. ¿Cómo relaciona su trabajo político-cultural con su lectura particular de la vida y su propio quehacer literario o no hoy?

8.2 MRCS – Si entiendes que hacer historia no es un trabajo creativo literario tienes razón. Si te das cuenta que en mi vida una y otra cosa son los mismo, no. En cuanto a la condición de profesor, te digo, enseñar historia como un recurso para la vida no es fácil. Las preconcepciones de lo que significa mi disciplina son retrógradas y devastadoras. Estoy convencido que política y cultura serán un cadáver si no sirven para vivir el hoy. Lo que trato en mi profesión es que lo que les digo de una u otra cosa, dialogue siempre con el presente de una manera radical.

9.1 WRS – ¿Qué diferencias observas, al transcurrir ya más de tres décadas de producción cultural activa, en la recepción de sus compañeros de viaje o aventura creativo-literaria con su trabajo creativo y la temática o las temáticas que ha abordado y los géneros literarios (ensayo de investigación, cuentos, novela y poesía) desde los que les has abordado?

9.2 MRCS –No veo diferencias. Tampoco las he buscado ni las buscaré. No me voy a convertir en tema de mis propias reflexiones de ese modo. Me basta con escribir desde el yo. Por mi parte sigo viendo a los compañeros de “generación”, voy a llamarlo de ese modo por comodidad, del mismo modo de siempre. Los sigo leyendo pero cada vez escribo menos sobre lo que hacen porque otros lo están haciendo. No hace falta que yo lo haga. Creo que la literatura creativa está muy viva hoy y que lo que reflexionaba en los años 1980 es una promesa cumplida.

10.1 WRS – ¿Qué otros proyectos creativo-literarios tienes pendientes? ¿Qué de lo pendiente queda o está todavía inédito? ¿Por qué ahora escribes o sigues escribiendo?

10.2 MRCS –Están en proceso unas reflexiones sobre la indocilidad en figuras del siglo 19 y el 20, una evaluación general de la historiografía puertorriqueña, un nuevo volumen de representaciones puertorriqueñas en textos estadounidenses con el colega José Anazagasty Rodríguez y un libro sobre narradores contemporáneos que quiero completar. No escribo poesía desde el 2005 ni cuento desde el 2010. No tengo planes de hacerlo en buen tiempo.

Una reflexión sobre la Lingüística Boricua de Luis Hernández Aquino


  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

Comentario en torno al libro: Juan E. Hernández Cruz, editor. Luis Hernández Aquino y el estudio de las voces taínas en Puerto Rico (Lingüística boricua). San Germán: Editorial Xagüey, 2012. 429 páginas. Presentado en el Museo de los Próceres de Cabo Rojo el 11 de octubre de 2012

El volumen que hoy comento, recoge buena parte de las columnas redactadas por Luis Hernández Aquino entre los años 1970 y 1974, en torno a la herencia lingüística de los taínos presentes en el Puerto Rico de su tiempo. Los textos fueron difundidos en forma de columnas periodísticas, la mayoría de las cuales fueron publicados en el diario El mundo. El mundo fue un periódico hispanófilo y políticamente moderado fundado en 1919  que marcó una época en la historia del periodismo puertorriqueño. Otras columnas se difundieron en diversos periódicos y revistas de Puerto Rico y España. Cuando “Lingüística Boricua” se publicaba en El mundo, la empresa atravesaba por una crisis financiera que la condujo a su cierre definitivo en 1987.

 

Hernández Aquino y su tiempo

“Lingüística Boricua” es el testimonio de un momento de inflexión en la historia intelectual y cultural de Puerto Rico. La genealogía del interés de Hernández Aquino por los temas indígenas tenía un origen remoto. Debo recordar que la búsqueda de los “orígenes” constituyó algo así como un vicio para los autores que produjeron su obra en las décadas posteriores a la del 1940. La asociación de los años cuarenta al desarrollo del Puerto Rico moderno, urbano e industrial, y al populismo militante, resulta inevitable. Hernández Aquino es uno de los intelectuales más emblemáticos de aquel momento. El bagaje intelectual con el cual enfrentó aquellos tiempos difíciles poseía unas características peculiares que vale la pena mencionar.

Primero, llamo la atención sobre la vinculación de este escritor a tres de las propuestas literarias más influyentes del siglo 20. Hernández Aquino fue una voz clave para el Atalayismo,  el Integralismo y el Trascendentalismo, tres vanguardias literarias tardías, comprometidas con el análisis y reinvención de la Identidad Nacional con una voluntad que, por aquel entonces, resultada novedosa y retadora. El hecho de que Hernández Aquino fuese a la vez historiador del Modernismo y de las Vanguardias, ratifica su condición de figura protagónica de la historia cultural del país.

El Atalayismo, como se sabe, apareció durante el periodo que va del 1929 al 1935. En aquel entonces la Gran Depresión, el Nacionalismo Político y el Liberalismo Independentista con Antonio Barceló a la cabeza, tenían por tema central el problema político y cultural de Puerto Rico. En aquel contexto, hizo su aparición el Nuevo Trato. El carácter moderador de la política rooseveltiana y el papel de intermediario que cumplió Luis Muñoz Marín,  favoreció la implosión de las fuerzas independentistas y estadoístas. Ambas entraron en un proceso de fragmentación que hizo posible la hegemonía del Partido Popular Democrático tras las elecciones de 1940.

El Integralismo y el Trascendentalismo tuvieron su mejor momento entre 1941 y 1948,  años dominados por el fantasma de la escasez consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y los inicios de la Guerra Fría. En 1945, Puerto Rico parecía encaminado a un cambio político radical de la mano de un líder carismático producto de la Depresión: Muñoz Marín.

Las vanguardias en las que militó Hernández Aquino reflexionaron sobre la Nacionalidad Puertorriqueña, su pasado y su futuro, tanto como lo había hecho la generación del 1930 de la cual era un heredero. La afirmación de la  Identidad Puertorriqueña ante la cultura estadounidense, fue una de las claves de la obra de Hernández Aquino. En aquella coyuntura, el autor hizo suyo el asunto de la figuración del indio y se dedicó a la revisión de aquella  cultura. Con ello se confirmaba la relevancia del pasado indígena en la definición de un Yo Colectivo moderno. Una de las pruebas más significativas de ello, fue su libro Diccionario de voces indígenas de Puerto Rico, publicado en 1970.

Es cierto que la integración de los valores del pasado indígena a la  Identidad Puertorriqueña no representó una novedad en la década del 1970. La recuperación del indio podría trazarse hasta el Romanticismo del siglo 19 y las figuras de Alejandro Tapia y Rivera, Ramón E. Betances, Daniel de Rivera y, en cierto modo, Eugenio María de Hostos. En ese sentido, nuestro autor daba continuidad a una aspiración en la cual se había invertido mucho trabajo desde antes de 1850. Hernández Aquino fue una figura esencial  en aquel proceso de recuperación del pasado indígena durante el siglo 20 y esa es una gloria que nadie puede escamotearle.

Hernández Aquino y su papel en  la historia intelectual reciente

Las columnas que incluye “Lingüística Boricua”, pueden apropiarse como una continuación o un complemento del Diccionario… de 1970. Desde mi punto de vista, tienen el valor de que aquí se documentan los debates y los pormenores de una indagación que el lexicón, por su diseño de registro de palabras,  no le había permitido presentar. El Diccionario…. (1970)  y la Lingüística Boricua (1970 a 1974), por su naturaleza y su contenido, representan un momento interesante de la historia cultural e intelectual de Puerto Rico en el siglo 20. Pero el potencial político de este tipo de reflexiones, todavía está por esclarecerse.

El Mundo, 4 de febrero de1966. De izquierda a derecha, sentados Luis Hernández Aquino, Antonio Coll Vidal, Obdulio Bauzá, Samuel Lugo; de pie Guillermo Bauzá, Gaspar Gerena Brás, Francisco Matos Paoli.

La década del 1970 fue un polvorín ideológico fértil para el surgimiento de planteamientos provocadores de todo tipo. En ese aspecto, el 1970 sólo es  equiparable a la década de 1930. El decenio del 1960 había sido testigo de la erosión y deterioro de la confianza de la gente en el proyecto defendido por el Partido Popular Democrático para Puerto Rico. El plebiscito del 1967 y el triunfo del Partido Nuevo Progresista en 1968, son el mejor ejemplo de ello. El 1968 vio la conmemoración del Centenario de la Insurrección de Lares, evento que sirvió de base para una revisión del pasado nacional que marcó la historia intelectual del país hasta el 1990. El interés por el tema del Grito y por la figura de Betances, renació con extraordinarios bríos. Hernández Aquino, lareño e independentista, aportó a aquel proceso no solo su Diccionario… y su Lingüística Boricua: en 1986 publicó en su editorial Sarobei, el volumen Betances, poeta, obra que me remitió con una nota personal en octubre de aquel mismo año a mi casa desde Bayamón.

Las razones profundas para el polvorín cultural que fue la década del 1970 y para la explosión de creatividad de aquel momento, hay que buscarlas más allá de la literatura y la historiografía. La década estuvo marcada por una crisis económica de proporciones gigantescas, análoga a la de 1929, y a la que inició en 2007 y todavía arropa al país. La Recesión de 1971, puso en entredicho los valores del libre mercado, y promovió numerosos proyectos de cambio, algunos radicales, a nivel global.

En Puerto Rico, la situación exacerbó la crítica al pasado populista, a la vez que estimuló el crecimiento de las fuerzas que defendían el estadoísmo como una acción legítima. Desde 1972 al presente, la historia política de Puerto Rico camina por una ruta distinta, alejándose cada vez más del panorama de la segunda posguerra. Hernández Aquino y sus libros son una expresión de aquel momento de cambio.

Hernández Aquino, el tema del indio y este libro

El centenar de columnas incluidas en Lingüística boricua, según han sido organizadas, recuerdan los criterios que una vez usaron para fines similares los clásicos Cayetano Coll y Toste y Juan Augusto y Salvador Perea. La idea de organizar los términos en topónimos, hidrónimos, zoónimos y fitónimos, y el afán por determinar la presencia de los términos taínos en el utillaje y el lenguaje de la vida diaria, no fue una decisión del autor. Se trata de un recurso del editor con el propósito de facilitar acceso a un material que hoy es desconocido para muchos.

El valor de esta colección, aparte de lo que significa como traducción de un momento de la historia intelectual de Puerto Rico, se encuentra en otra parte. La mayor virtud tiene que ver con  el manejo que hizo Hernández Aquino de las fuentes primarias y secundarias. Se trata de una lección de metodología de carácter invaluable. Su curiosidad investigativa lo condujo a realizar una lectura cuidadosa de los Textos de Indias y de la Historiografía puertorriqueña clásica. Es cierto que ese recurso no representaba una novedad. Las Crónicas, Relaciones, Descripciones, Cartas, Memorias e Historias de la conquista y colonización, son una fuente que ha sido consultada desde el siglo 19.

La novedad estriba en la revisión de ciertos  manuscritos del Archivo de Indias que documentaban los trabajos de los indios encomendados y repartidos a los conquistadores y colonizadores. Se trata de nóminas laborales que destacan el papel de los Caciques y Nitaínos, como intermediarios en la entrega de Naborias a los cristianos para que estos ejecutaran una diversidad de labores en las minas y estancias coloniales o en las haciendas reales. Esos papeles documentaban el pago de la cacona a los obreros indios: una camisa de presilla, una caperuza, unos carahueles o calzones, unas alpargatas a cambio de labor eran suficientes.

La lectura de Hernández Aquino documenta también los nombres propios ancestrales de estos taínos quienes, una vez cristianizados, veían como se desplazaba su nombre ancestral a la condición de apellido: se trataba de un simbólico desplazamiento del Yo. El lector se enfrenta a los nombres de pila cristianos al uso que se imponía a los Naborías, Caciques y Nitaínos, por medio de un proceso de cristianización forzosa y abusiva en ocasiones, y aparentemente  voluntaria en otras. Así aparecen Catalina, Isabelica, Leonor, Luisa, Martina, Beatriz, García, María y Alonso,  entre otros muchos. Aquellos nombres de pila se juntaba con  Aracibo, Jamaica, Caguama, Aramaná, Caona, Carate, Cucana, Duey, Guacabo, Macanea, para producir un efecto imaginativo único: ayudar al lector a crea una imagen de carne y hueso del indio y el naboria común. El efecto es que el indio deja de ser una metáfora y se convierte en un hombre o una mujer que vivía una transición que le resultaba incomprensible. Yo los imagino reconociendo que los cristianos hispano-europeos, habían llegado a su mundo a rediseñarlo todo. La conciencia de que la comunidad, según la habían conocido, se encontraba en la frontera de su desaparición física debió ser común.

La publicación de Lingüística Boricua de Luis Hernández Aquino, su lectura cuidadosa, me ha resultado inspiradora. Tengo que confesar que me ha ofrecido un modo alternativo, menos etéreo y más material de apropiar al indio, al taíno, al arahuaco insular que habitaba este territorio antes de la llegada de los europeos. Mi reflexión va en un camino más complicado. La concepción de que la Conquista aspiró a ser un movimiento aplanador se confirma. La meta de los cristianos hispano-europeos era hacer de las tierras y las gentes descubiertas un espécimen hispano-europeo. Libros como este me demuestran las múltiples fisuras de aquella propuesta demoledora.

La Identidad se construye sobre las bases del trabajo y la palabra. Luis Hernández Aquino lo sabía. Purgando un lenguaje se encuentran múltiples trazas de lo que  fuimos o imaginamos haber sido. Recuperándolas se comienza a abocetar las posibilidades de lo que podernos ser.

Conversatorio sobre Porto Rico: hecho en Estados Unidos


La Editora Educación Emergente   y la Librería La Tertulia de Río Piedras, anuncian la celebración de un conversatorio en torno al libro Porto Rico: hecho en Estados Unidos escrito por el sociólogo José Anazagasty Rodríguez (RUM) y el historiador Mario R. Cancel (RUM). La actividad se llevará a cabo el próximo Jueves 28 de abril de 2011 desde las 7:00 de la noche en la referida librería. Los comentarios sobre el libro estarán a cargo del historiador Pedro San Miguel (UPR).

Porto Rico: hecho en Estados Unidos es una colección crítica de seis ensayos que interpelan la historia puertorriqueña y estadounidense. Cómo fue imaginado Puerto Rico por los agentes imperiales… Cómo esas figuraciones han impactado las narraciones de una historia y otra. Lea este texto y encontrará respuestas y, sobre todo, muchas preguntas para la enseñanza de la historia de Puerto Rico y Estados Unidos.

La propuesta se apoya en el andamiaje del “nuevo sentido común,” un acercamiento anti-fundacionalista que, una vez asume la lingüisticidad del ser, aplica el modelo hermenéutico de los textos literarios al ámbito ontológico. Los autores argumentan que la imagen americana del Otro, el Puertorriqueño, se sostiene sobre una “economía de la alegoría maniquea” que inventa a Puerto Rico no solo como un opuesto, sino como un opuesto inferior. La reevaluación de la invasión de 1898 a 13 años del Centenario de su conmemoración, es una invitación no sólo a la reescritura de las teorías en torno a las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos, sino de todo el pasado colonial con España y de las relaciones simbólicas del país con El Caribe, Hispanoamérica y el mundo en la Era Global.

Están todos invitados.

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