La Universidad: un manuscrito hallado


  • Mario R. Cancel
  • Escritor

Borrador de un discurso anotado en un papel que se encontraba en el estómago de un ratón diminuto que me dejó mi gato Pablo Picasso esta mañana, Día de los Presidentes, en el balcón de mi casa de clase media cuando me disponía  a salir anormalmente a trabajar en el Recinto Universitario de Mayagüez a pesar de que vivo en una colonia americana de las Antillas que adora e ignora la razón de ser de la mayor parte de los días feriados del Imperio que se los ha impuesto durante más de 100 años de relaciones.

La Universidad que todos queremos se puede avizorar en los intersticios de la que ahora  agoniza. Las crisis no son siempre la frontera de una caída. También pueden representar la semilla de un nuevo comienzo.

La Universidad que todos queremos es una en que los empleados de mantenimiento no hagan tertulias a todo pulmón sobre asuntos sensitivos a la política actual del país en la cercanía de las oficinas de los profesores que se encierran en su cubículos llenos de polvo con el propósito de reflexionar en torno a temas altamente intelectuales y complejos, y batallan durante horas centre el sueño y la vigilia con el apoyo del trago de café o la bebida energizante en la medida en que intentan seguir sirviendo bien a los estudiantes que con derechos de matrícula y sus cuotas pagana una parte sustanciosa de sus salarios…

Profesor

Una Universidad en la cual los servicios sanitarios se abren por turnos que nadie conoce porque no hay suficientes conserjes para darles mantenimiento, y los usuarios no tienen puntería a la hora de orinar, se niegan a descargar el sanitario y han convertido las paredes de los mismos en tablón de expresión política, social, sexual y bitácora de citas, en una nueva versión de una red social de bajo costo que bien podría denominarse Bathbook o Urinatter

Una Universidad en que los empleados no docentes se observan raras veces, como puñalada de pícaro, porque buena parte de ellos han decidido tomar los días por enfermedad que no les devolverán antes de la fecha de pago de contribuciones sobre ingresos, justificando la dicha decisión con el argumento de la aguda crisis económica que nos aqueja, o que resultan invisibles porque han preferido el retiro temprano a la posibilidad de ser testigos de la forma en que los que fue una Universidad se transforma en una universidad…

Una Universidad de verdaderas puertas abiertas porque, una vez se daña una, permanecerá inútil y de par en par  mientras la queja se convierte en informe, el informe en pesquisa, la pesquisa recomendación, la recomendación en cotización y la cotización en acción concreta para conseguir que la misma pueda volver a cerrar…

Una Universidad en que se cierran programas académicos y no se crean programas académicos, porque crear un solo curso nuevo, original y bien pensado puede tomarle a un profesional experto de 5 a 6 años, periodo en el cual otros profesionales expertos en asunto totalmente diferentes a la materia de curso que quiere crear, insistirán en darle recomendaciones sobre cómo debe diseñar, apropiar y difundir un tema que le es totalmente extraño y sibilino…

Una Universidad en que la “mano secreta” del mercado se ha convertido en criterio de calidad académica, y la eficiencia educativa se mide en términos de cuanto estudiantes gradúa un programa por año. Una Universidad en que pensar al margen de “mano secreta”, a hurtadillas de los grandes intereses, a contrapelo del fin de la ganancia, puede conceptuarse como un pecado de lesa economía y no de lesa humanidad

Una Universidad que aquellos que ya no pueden hacer nada por ella, exgobernador@s en particular en ceremonias pretenciosas que conmemoran los heroísmo de los viejos patriarcas desdibujados por el tiempo, exgobernador@s que casualmente cuando pudieron hacer algo por ella, resultaron pusilánimes e inoperantes como si el compromiso con la institución fuese más asequible cuando ya no tienen poder para ello y están en posición de manipular la institución como un balón político para animar sus oscuras aspiraciones pesadillescas que a nadie en verdad interesan…

Una Universidad capaz de espantar a los estudiantes que sueñan estudiar en ella porque es la mejor y la más barata, una Universidad con poder para amedrentar a sus trabajadores diciéndoles que deben trabajar más y que no se revisarán sus acuerdos sindicales ni sus salarios, una Universidad que ha conseguido que los profesores, que siempre se han considerado a si mismos pensadores e intelectuales respetables que caminan como levitando por el mar de un mundo que presumen comprender pero que no pueden cambiar ni dirigir, una Universidad que ha  convertido a esos profesores en lo que ellos se han resistido siempre a ser, meros trabajadores del Estado relativamente bien pagados, sin que ello lacere la calidad académica de su discursos…

La Universidad que todos no solo se avizora, se siente, se huele, se palpa, se sabe. Esa es la Universidad que todos queremos.

La firma está ilegible. Se presume que se trata de un alto funcionario de la Junta de Síndicos o de otro Gobernador.

Entrevista de Suzie Vieira a Mario R. Cancel


El texto que sigue es el manuscrito de una entrevista de la periodista francesa Suzie Vieira a Mario R. Cancel los días 26 y 27 de junio de 2010 para la revista cultural francesa de viajes Ulysse. El asunto discutido fue la imagen de Puerto Rico mirada desde adentro y desde afuera en el contexto del reciente Festival de la Palabra.

Cuándo un turista europeo se va a Puerto Rico, piensa encontrar una isla caribeña, un paraíso con palmeras, playas maravillosas, etc. Uno muchas veces tiene este cliché en la mente. Pero cuando se llega al aeropuerto ve a las autopistas, los grandes coches americanos, etc. En el taxi hacia San Juan, se ven los buildings. Y ahí uno se acuerda de que llegó a un territorio americano. Así que lo más sorprendente para el turista es este carácter híbrido que se nota en el Viejo San Juan: por un lado, las casas coloniales, los adoquines, la salsa tocando por la noche en la Plaza de Colón… y por el otro lado, las tiendas Ralph Lauren, Bank of America, Mc Donald’s, Wendy’s, etc. ¿Esta doble identidad, este carácter híbrido del Viejo San Juan cristaliza o materializa la esencia de este país, su identidad híbrida?

Me temo que es la nota distintiva de la Nación. También la más difundida en los medios: atrae turistas con dinero. Ello puede haber sido una clave en el proceso de distanciamiento -cultural, espiritual, político, económico y social- que caracteriza las relaciones de nuestro país con el orbe europeo o el iberoamericano. Puerto Rico es ex europeo y ex iberoamericano. Allí radica parte de la riqueza caótica que caracteriza eso que denominas nuestro carácter híbrido. Algunos pueden verlo como una tragedia pero cada vez son los menos.

Por otra parte, muchos de esos distintivos son signos y artefactos de mercado que se multiplican día a día como por la orden de un dios omnipotente: dios hizo la propiedad y la American Express y vio que eso era bueno. En ese sentido, la hibridación a la manera global, no garantiza ninguna exclusividad. Por el contrario, conduce a una homogeneidad que puede resultar aburrida. Nuestra única ventaja es que entramos en el sendero de la macdonalización, me gusta lo patético del concepto de George Ritzer, antes que otros pueblos Iberoamericanos. Me temo que también nos aburrirá más pronto que al resto de las economías en desarrollo.

El problema radica en que el Puerto Rico imaginario de los otros, se apoya en una fuerte dosis de desconocimiento y en algunas estampas que acaso tienen algún valor turístico o de mercado. El wikisaber puede ser tan tragicómico como la ignorancia, pero ambos suelen resultar creativos. El turista siempre es un Colón descubriendo su América, pero presumiendo que está en las Indias. Confieso que he aprendido a vivir en el “sueño americano tropical” y que no me produce mucha angustia. Todavía quedan algunas playas maravillosas con palmeras entre los hoteles para turistas.

¿Qué le inspira la ciudad de San Juan? ¿Cómo la definiría usted? ¿Cuál es su alma?

Primero, te aclaro que soy de la periferia, de las provincias, de la Isla Grande. Mi respuesta es la de un advenedizo y un transeúnte. Me inspira una sensación amarga de pasado-presente y viceversa. Se trata de un presente que ilusiona. En el proceso, trato de convencerme de que tiene un futuro promisorio. No cuestiono que tenga un futuro, el futuro es inevitable y hasta las piedras poseen uno. Lo que me atemoriza en el carácter que tendrá el mismo.

Me inspira la ilusión de poder o de capitas que expresa. Me emociona la gestualidad histriónica de su gente, sus pestes atemporales. Si encontrara un lugar en San Juan donde no estuviese nadie, me quedaría allí por algunos minutos. Una vez me pasó en el Callejón del Toro en la ciudad vieja y, poco después, escribí un cuento del asunto.  La defino como el objetivo de un atentado que hay que cometer. Puerto Rico es una metáfora de lo pequeño, pero si lo pequeño se reduce a una sola de sus partes, siempre seremos tuertos en país de tuertos.

San Juan es una equivocación y exabrupto. Tal vez sirva de algo la metáfora del tatuaje que sintetiza un discurso que te conecta con un grupo artificialmente constituido. Por eso me gusta, por sus contrastes. Allí están, en algún rincón, buena parte de mis conocidos. En esa ciudad me formé intelectualmente pero siempre con la sensación de la extranjería: el pasaporte que se pagaba para ingresar era barato. San Juan me inspira sensaciones incómodas: lo amo.

¿Cuál es el lugar de San Juan que mejor simboliza para usted esta ciudad? ¿Por qué?

Los callejones de la calle de la Fortaleza, la Luna o el Sol. El del Gambaro, el del Tamarindo el del Toro. Nacen y mueren en medio de  signos de poder, conducen por la sombra a unas calles llenas de comercios y turistas desde donde sientes el olor del mar. Esos predios poseen una larga historia de violencia y cultura que, por lo regular, resulta extraña para los transeúntes. Todo ocurre como en un cultivo de bacterias que se desborda.

El otro lugar que la simboliza son los jardines  de la Casa Blanca y su apoteosis, el rincón arábigo español donde algunos artistas van a ejercitarse dibujando detalles. Es como un agujero de gusano de los que habla Stephen Hawkings. Lo que me gusta es como allí se niega a la ciudad.

¿Cuál es para usted el más bello texto literario escrito sobre San Juan? ¿Puede citar unas o dos oraciones?

No recuerdo ninguno, no me fijo en esos detalles. Pero nunca olvidaré el siguiente que podría obrar en cualquier antología de micropoesía popular: “Sicópata es dios”, grafiti anónimo que encontré hace más de 10 años en un muro del cementerio de la ciudad vieja cerca del arrabal de La Perla. En el piso había varias agujas y algunas manchas secas de sangre.

¿Cómo definiría usted Puerto Rico si tuviera que hacerlo en una sola frase?

No podría hacerlo.

Para algunos extranjeros, San Juan aparece como una gran ciudad moderna sin alma, con todas las características del American way of life. El Viejo San Juan, Ocean Park e Isla Verde tienen mucho de algo como el “showcase” caribeño de Estados unidos. Pero unos pocos kilómetros más lejos, en el camino hacia Piñones, parece que entramos a otro Puerto Rico: más criollo, más mestizo, más negro… ¿En Piñones empieza el verdadero Puerto Rico?

Creo que los dos son igualmente falsos. No hay tal cosa como un verdadero Puerto Rico. Como tampoco hay una verdadera Francia o una verdadera Cuba, que se alcen ante otra que no lo es. La Nación es un concepto frágil, abierto, dúctil y maleable, como esos uniformes futuristas que se ajustan a la forma del cuerpo humano y su diversidad y sus volúmenes. Me puedes pedir un Puerto Rico particular y bizarro, y te aseguro que en algún lugar lo conseguiré. Pero también encontrarás alguien que lo niegue.

A mí en lo particular no me gustan todos los puerto ricos que conozco, pero esa diversidad es inevitable cuando se trata de un concepto al cual todos apelan desde diversas posturas y con variadas finalidades. La Nación de Emilio S. Belaval, la de Enrique Laguerre y la de Pedro Albizu Campos, cuentista el primero, novelista y maestro el segundo, abogado y activista el tercero, no es la misma. Depende de la mirada.

Identificar un verdadero Puerto Rico con el de la cultura popular significa ver a los otrora invisibilizados. Esa es una postura válida propia de una parte de la intelectualidad de fines del sesenta y principios del setenta del siglo pasado. En Puerto Rico la sintetizaron escritores desde Luis Rafael Sánchez hasta Edgardo Rodríguez Juliá. Pero cuando ello se toma a la ligera, puede justificar la invisibilización de los demás y la obnubilación  de una diversidad contenciosa que también posee su riqueza. En la Milla de Oro hay un cafetín pequeño que salta a la vista por su rusticidad. Como quien dice, la banca bebe allí: cosas veredes.

Creo en la diversidad y la pluralidad de puerto ricos en el sentido más preciso de la palabra. Hoy por hoy Piñones y la mulatería, las artesanías y los cuchifritos, son también parte del “showcase” o vitrina del capital americano en el país. Lo son en la medida en que venden un exotismo fácil que alimenta el aventurerismo y afirma la capacidad americana de apropiar la diversidad.

En una entrevista, Héctor Feliciano, para describir la invisibilidad internacional de Puerto Rico y reivindicar su posición de cruce insular, utiliza esta imagen: “En los atlas, Puerto Rico sale siempre en este lugar incómodo y cóncavo que queda entre dos páginas enfrentadas”. ¿Qué piensa usted?

Bueno, si se trata de mapamundis proyección Mercator en tamaño coffee table book, puede ser. Es una metáfora muy gráfica pero también muy superficial viniendo de un intelectual de un país invisible. Me suena a lamentación y encono. Mi respuesta es algo cínica pero para una metáfora superficial, una respuesta cínica. Cada vez que alguien dice algo como esto sobre nosotros produce un sobresalto. Julio Ortega desde una ubicación visible, lo hizo en el 2005 y provocó un interesante y curioso revuelo entre la intelectualidad joven.

El planteamiento de Feliciano dice algo que todos sabemos. Incluso tenemos una larga lista de respuestas y explicaciones-justificaciones para esa situación. Quizá lo más urgente sea la búsqueda de soluciones -si las hay-, y no sé si Feliciano, con sus luces, ideó alguna. Tal vez haya que preguntarse  qué significa la invisibilidad y qué ventajas reportaría el ser visible. Sobre todo, ¿visibles para quién y bajo qué circunstancias? ¿Qué nos aportará esa visibilidad? ¿Es la invisibilidad un hecho absoluto?

Ahora una broma de mal gusto. Según derivo de algunos libros de espiritualismo -es un tema que trabajo como historiador cultural-, los seres invisibles se ven a sí mismo en su incorporeidad. Vaya, los invisibles solo lo son para los visibles.

Suzie Vieira, Mario R. Cancel

He leído que la renta per capita de Puerto Rico es mayor que la de Chile, el vecino más rico del sur, pero menor que la de Mississippi, el estado más pobre del vecino del norte. Desde una perspectiva geopolítica y también económica, ¿será Puerto Rico la cola de león respecto a Estados Unidos y la cabeza de ratón respecto a la América hispana?

Te lo digo con una fórmula espontánea. Puerto Rico sintetiza las ensoñaciones de consumo conspicuo de buena parte de los iberoamericanos que nos desconocen tanto como nosotros a ellos. Estados Unidos  sintetiza las ensoñaciones de consumo conspicuo de buena parte de los puertorriqueños que desconocen ese país tanto como ellos a nosotros. Cola de león y cabeza de ratón parecen versos africanos ¿por qué no un jaguar y un mico tití? Broma aparte esto tiene que ver con nuestra condición de eslabón y vitrina entre el mundo sajón y latino, heredada del Populismo.

Por un lado, el primer indicio de inutilidad radica en que la idea bolivariana de que Puerto Rico sea un problema para Iberoamérica, o la idea de Albizu Campos de que Puerto Rico sea una clave para el futuro de América me resulta hermosa y romántica, pero vacía.

Por otro lado, el(los)  problema(s) de Puerto Rico, cuando se reducen a estadísticas como esa resultan reduccionistas y no me dicen mucho de lo que ocurre aquí. Si se tratara de un problema de ingreso per capita y posibilidades de consumo, solo tendríamos que hacer un plan distinto para que la gente de cada orbe pudiera pagar sus tarjetas de crédito a un ritmo más acelerado o más lento, o con tasas más altas o más bajas de interés. Pero ya sabemos que la crisis financiera azotó a todos por igual. Lo que te digo es que el dato del ingreso per capita es solo eso, un dato.

La cuestión del estatus de “estado libre asociado” parece ser muy importante en el debate político de la isla como para los representantes de la cultura. Pero al pueblo parece que le conviene esta situación si consideremos los resultados del referéndum sobre el estatus en 1998. ¿Cómo los puerto-riqueños viven esta cuestión del estatus?

En la medida en que la situación  les permite acceso al sueño americano, lo toleran y hasta lo disfrutan. Eso es válido lo mismo para el pueblo que para los intelectuales. También lo hacían los caribeños e iberoamericanos que desembarcaban del Ferry que atracaba en el muelle de la Ciudad de Mayagüez, el viejo oeste, y peregrinaban hacia el Walmart que ubica en el Mall que está a unos kilómetros de mi casa. Hay que verlos en su camino sacrificado a ese nuevo Montserrat.

Pero me parece que reducir el “problema de Puerto Rico” al estatus como lo hizo la Generación del 1930 y el 1950, ya no es aceptable. Implica una imposibilidad y una utopía: que resolver el estatus y entrar en el derrotero del Metarelato Liberal y Progresista es la panacea. La impresión que tengo es que la preocupación de la gente y la de los intelectuales no convergen. Me temo que nunca han convergido del todo.

En alguna ocasión he dicho que, incluso, en las generaciones intelectuales más recientes, esa preocupación moral por el estatus se ha moderado de manera visible en la medida en que la relación de los representantes de la cultura con la gente ha ido cambiando en la postmodernidad. Una de las maneras de afirmar la revisión de la herencia del 1970 en las promociones de fines del siglo 20 fue precisamente esa. En el prólogo de la antología El límite volcado (2000) la denominé con la metáfora del “callado compromiso”. A la altura del 2010 me reafirmo en esa propuesta. No se trata de que los intelectuales sean menos sensitivos ante la cuestión colonial o la de la crisis social. Se trata de que son más reservados porque reconocen que el papel de la creación cultural e intelectual en el proceso de transformación social es relativamente menor en el presente.

Cuando yo estuve en San Juan para el Festival de la Palabra me dieron un papel reivindicando el uso del idioma español y reclamando su defensa. ¿Por qué este tema del idioma es tan importante para los puerto-riqueños?

Es importante para aquel sector intelectual que todavía tiene de la  Nación una concepción herderiana, genética y esencialista. Para los constructivistas y los relativistas culturales, su relevancia es menor. La percepción del inglés como una imposición de los invasores que era válida por lo menos hasta 1950, tiene mucho que ver con eso. En el presente, dado que quien impone el idioma es el mercado, los artefactos de la revolución informática, los medios masivos de comunicación controlados por el otro, la resistencia a la imposición se ha atenuado.

Yo creo que se puede ser puertorriqueño o bohemio en francés: Betances y Kundera lo fueron. No creo que el idioma siga teniendo la misma importancia en el discurso de la resistencia en tiempos del hipermercado global. Hablar buen o mal español, o buen o mal inglés, es un componente secundario a la hora de una Revolución o de una caricatura de la misma.

En un artículo de El País, Mayra Santos Febres hablaba de un “espíritu corsario” de los puerto-riqueños, heredado del pasado de la isla, para explicar la doble cara de esta nación: la de la legalidad, y la de la ilegalidad, de esta actividad subterránea muy común en todo Puerto Rico. ¿Puerto Rico tiene para usted una forma de espíritu “corsario”?

Si me ubico en el imaginario de Pirates of the Caribbean, preferiría el espíritu pirata por su apelación a la anarquía y a la solidaridad que me recuerda el mito del Estado Natural rousseniano.  El pirata Cofresí me estimula más que el corsario Henríquez o, bien sea, que Pedro Vicente de la Torre, para escoger un corsario blanco como Cofresí. Recuerda que la duplicidad entre legalidad e ilegalidad del corsario dependía de la patente y la autorización de un poder: su amparo seguía siendo el Estado. Me pregunto, como si fuera una broma ¿quién expidió la patente del “espíritu corsario” puertorriqueño? ¿La Hispanidad o la Americanidad?

La mayor parte de la gente o del pueblo está ajena a lo que implica simbólicamente el corsariado pero eso solo lo digo para salvar mi responsabilidad como historiador. Creo que muchas de la metáforas que construyen nuestros escritores como un emblema de los somos colectivamente chocan con dos problemas. Primero, nos representan con un lenguaje que no le dice mucho a la gente. Segundo, apelan mejor al interés de otros intelectuales que al pueblo que quieren representar.

Por lo demás, el concepto me parece interesante en la medida en que muestra a Mayra como una continuadora de la tradición que identifica a un verdadero Puerto Rico con el de la cultura popular. Ya te dije lo que pienso de eso.

¿Se podrá resumir la historia de Puerto Rico en una serie de conquistas, anexiones y colonizaciones? ¿Un país que nunca fue independiente y no tiene muchas ganas de serlo?

Sería un procedimiento tan reduccionista como el de las estadísticas de ingreso o renta per capita. La primera parte, “país que nunca fue independiente”, es cierta. Supongo que por allí habrá otros países inexistentes con el mismo estreñimiento o incapacidad: Quebec, Vasconia, qué se yo. La segunda, que “no tiene muchas ganas de serlo” resultaría problemática para muchos intelectuales que podrías entrevistar en el futuro en este país. Los incomodaría pensar que ese presunto destino liberal está cancelado. A mí no.

Ya sabes: desde el siglo 18 los intelectuales están seguros de que son responsables del futuro de la Humanidad y de que la Razón les ha convertido en unos iluminados o Mesías guía de un pueblo.  Incluso aquellos que identifican el verdadero Puerto Rico con el de la cultura popular, los populistas y neopolulistas más radicales, son intelectuales que  se perciben de ese modo. Creo que si alguien puede argumentar bien ambas posturas podría asumir la historia del país de ese modo tan simple. Los riesgos son suyos. No míos.

Los Cantos de Josemilio González


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Josemilio González (1918-1990) se movió entre la interpretación social, la crítica y la creación  literaria y el periodismo con una fluidez extraordinaria. En ese sentido, el conjunto de su obra adelanta la posibilidad de una mirada con aspiraciones totalizadoras que se niega a circunscribirse a un mero campo de especialización. González fue un Humanista en el sentido más concreto de la palabra: su gran preocupación fue el Ser Humano y la diversidad de vínculos de este con el mundo.

Josemilio González en el Ateneo Puertorriqueño

Su condición de intelectual civil y su compromiso con una causa criminalizada en el país, la Independencia, lo convirtió en una figura emblemática del Puerto Rico que caminó la ruta de la modernización en la dependencia durante el periodo de la segunda pos-guerra y la Guerra Fría, y en el atascadero que generó el ascenso y debacle del populismo puertorriqueño. Su larga y fructífera vida le permitió ver y apropiar de un modo original incluso los inicios de la Pos-Guerra Fría y la crisis de los proyectos nacionalistas y socialistas que caracterizaron una época de la que todavía el país no ha salido.

Cantos de la patria armada es, por lo tanto, un laboratorio excelente para auscultar las rutas del  tipo de intelectual y creador que dominó el panorama cultural del país desde el siglo 19 y que, en la Postmodernidad, se encuentra en medio de un proceso de reajuste ante el cambio radical en las reglas de juego. Entre la dedicatoria –“A la juventud revolucionaria”-, y el poema “Tiempo de la colonia” que cierra el texto, se recorre un orbe que transita de la esperanza romántica que maduró a raíz del 1968, hasta “un  tiempo / sin oficio” (123) en que el poeta se ha convertido en una aporía o en un ser inviable. La imagen del “cielo / (que) se arroja sobre los edificios / desesperado” (124), sugiere un suicidio atroz. El espíritu que animó su vida, ya no es una opción. Ya no se vive, apenas se subsiste en medio del “tiempo de colonia”. Muchos de los que comenzamos a escribir en los 1980 compartimos esa sensación sin haber vivido el pasado de González.

La sección “Poemas del 23 de septiembre” representa la celebración de un mito fundacional. El pasado de González en el Partido Nacionalista lo justifica. Pedro Albizu Campos fue un místico y un político que se convenció de que la independencia por la que luchaba, era solo la recuperación de aquella que se había fundado en medio de la refriega del Grito de Lares: Lares grita, proclama o nombra una Libertad real. La Revolución insiste en que no hay independencia posible sin un bautismo de sangre y pólvora, como quien dice, el vino y el pan de toda propuesta revolucionaria.

En estos poemas se encuentra la clave de una concepción moderna de la Libertad comprendida como el Estado Natural de los Seres Humanos y las Naciones. Esa condición  se celebra en estos textos por medio de una discursividad propia de los grandes poetas nacionalistas Modernistas y Post-Modernistas o Vanguardistas. Hay algo del Neocriollismo de Corretjer, algo del Vanguardismo de Soto Vélez, del Misticismo de Matos Paoli o del Trascendentalismo de Hernández Aquino en estos versos. Pero González es cosa aparte: en verdad no se parece a nadie sino sólo a él mismo. Lo que afirman estos versos es que la Universalidad apolítica y antilibertaria que se cultivó en la Universidad del populismo, la de Jaime Benítez,  no hacía sentido al poeta. El ser humano es parte del Universo en la medida en que pertenece a un Sitio. Desde mi punto de vista, “Poemas del 23 de septiembre” representa el conjunto más logrado del volumen y hubiesen bastado para componer un libro.

La selección de Manuel Rosado “El leñero” como signo, afirma el populismo de bien de González. Manolo es vendedor de leña, padre del carbón, artífice del fuego: las metáforas sugieren elementos ubicados in illo tempore.  Este personaje representa el heroísmo sin ambages y sin libros. Detrás de “El leñero” está el sueño utópico romántico del “buen salvaje”, más cercano por ello a la Libertad natural que se ansía recuperar, como se sugiere en “El hijo de la esperanza” (28 ss.). La relación de Manuel con los nidos, la tierra, la noche y el alba lo transforman en un tipo de dios tutelar de los bosques que ocupan el corazón de la Nación material.

Cantos de la patria armada (2009)

No se trata de un romanticismo chato, por cierto. González es un gran poeta nostálgico sí, como todo Nacionalista, pero lo que manifiesta es una nostalgia rabiosa. La rabia / cólera / ira, se itera incontables veces. Una nostalgia sin furia lo hubiese colocado en la frontera del sentimentalismo hueco o en campo abierto del derrotismo y en la década del 1970 y a principios del 1980, la confianza en el cambio era una opción. Aquí la furia y los furiosos se arman con la herramienta del hombre común: el machete. Herramienta, arma pero también signo de honor que sustituye el sable. El machete del 1868 también fue un código protagónico de la violencia en el 1898 y durante buena parte del siglo 20, hasta la muerte de Filiberto Ojeda Ríos en Hormigueros.

Pero “El leñero”, el mito del héroe popular, no está nunca solo. Aparece rodeado de una corte encabezada por Ramón E. Betances. La pregunta que me hago es ¿quién legitima quién? ¿El médico al leñero o viceversa? La imagen de Betances se constituye con artefactos míticos de fuerte raigambre judío-cristiana: tiene “ademán de patriarca” (30), es engendrador (32), posee la  inmortalidad (34), va “ardiente de amor y ruego” (52) como el extático. En los poemas “Betances” (58) y “Oración a Betances” (59), es un signo mesiánico que cumple la promesa de la venida, o un ser milagroso que levanta de la tumba a una muerta, María del Carmen Henry (61). Aquí también hay una deuda con la imagen que el Partido Nacionalista inauguró de Betances en los años 1930.

En los “Otros poemas” destaca “A Don Pedro Albizu Campos” (99) es un soneto perfecto que marca una genealogía rebelde desde Guaybaná a través de Betances. “El día de cemí” (106) manipula una dialéctica interesante en que Jurikán y Yukiyú sintetizan el escenario del robo de la Nación ante la mirara escrutadora del cemí. Y “Hostos: el oficiante de la aurora” (114), completa un tríptico inigualable. Los poemas a Gilberto Concepción de Gracia y las décimas a Lolita Lebrón completan una colección que no necesitaba nada más para ser una obra maestra.

Un último comentario: el anticolonialismo de González rezuma un radicalismo vibrante: la animalización cruenta del imperialista es genial. Los españoles son insectos (42), traidores (44)  y sin honra. El estadounidense es asociado a la rata (111) o incluso se hunde más bajo que ella (122). El encono anticolonial en Josemilio González, distinto al de Nacionalismo Puertorriqueño de los años 1930, no perdonó el pasado hispánico ni se llamó a engaño con el mito de una gran familia hispánica rota por el meandro del 1898. En ello radica un peculiar valor de este libro que no debe ser pasado por alto.

Comentario en torno al libro González, Josemilio (2009) Cantos de la patria armada. San Juan: Editorial Tiempo Nuevo.

La censura literaria: ¿Cuándo eliminaremos los tabús?


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100 % independiente

El tema de la censura de los libros para muchos podría parecer una nueva faceta en nuestra historia, mas ignoran que con la colonización americana nuestra literatura comenzó a perderse. Ahora, luego de un cambio de gobierno, nuestro nuevo Primer Mandatario se ha tomado la gentileza de proclamarse como padre en una situación que no necesita una opinión patriarcal, sino más bien alude al nuevo despotismo que busca regir a Puerto Rico. Los libros de José Luis González, Edgardo Rodríguez Juliá, Juan Antonio Ramos y José Luis Vega expresan una realidad cultural de la que no se escapa ningún puertorriqueño; no menciono a Carlos Fuentes, ya que es mejicano. Por ende, el Departamento de Educación (DE),

junto a su secretario Carlos Chardón, han quedado en total ridículo frente a literatos y maestros que consideran absurda la idea de limitar a los estudiantes en su aprendizaje por el simple hecho de querer dejar en tabú “palabras malas” o descripciones de “alto contenido sexual”.

Siempre he considerado que hay dos tipos de educación: la intelectual y la callejera. Aunque para los líderes elitistas esto no tiene ningún tipo de lógica nosotros lo jóvenes enfrentamos a diario situaciones peores, ya sea en los hogares o en las afueras de los mismos. Asimismo, el Pen Club de Puerto Rico ha adoptado una postura bastante sólida al expresar su rechazo a la medida política que pretende ejercer Luis Fortuño, el gobernador de nuestra Isla, y Chardón. En un comunicado de prensa, publicado en la página cibernética http://www.vidadigital.com (blog del profesor Mario Nuñez Molina, de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez) el grupo de escritores avaló el que la medida es una acto en contra de nuestra constitución, la cual plantea la libertad de expresión; segundo, que las dictaduras buscan que la masa poblacional sea analfabeta, ignorante y pobre (más fácil el controlarlas); tercero, va en contra de lo que se define como democracia; y por último, en vez de avanzar nos estanca, pues no estaríamos creciendo a la par con la globalización. Todos los puntos deben ser analizados con cautela.

Luis Fortuño

El primero cae dentro del aspecto legal, que para ser Fortuño abogado licenciado debe conocerse a cabalidad. Éste precisamente es el que ha llevado a que los periodistas también entren en la discusión de la censura, ya que la libertad de expresión es la base de la profesión periodística y de un sistema democrático. El segundo aspecto no se aleja de la faceta política, pero esta vez alude a lo que nuestro Eugenio María de Hostos quiso enseñarnos. Según nuestro gran prócer la revolución era a través de la educación, pues un pueblo educado tiene las armas necesarias para defenderse; y hasta el revolucionario Ernesto “Che” Guevara pensaba que “el conocimiento nos hace responsables”. ¿Qué mejor para un Gobierno que tener bajo su dominio a una masa poblacional “zombie”? Continuando con el tercer punto, que sigue siendo político, la democracia es, según el diccionario de la Real Academia Española, “doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno”. ¿Por qué se nos quiere negar el acceso a la información? ¿Qué ocultan o qué exponen estos textos que aterran al DE y al Gobierno? ¿Vivimos en una verdadera democracia? Para finalizar el pensamiento, si no nos informamos no evolucionamos; si de por sí la historia se repite es importante conocer el pasado. El mundo está desarrollándose extremadamente rápido en conjunto gracias a las nuevas tecnologías. Somos la gran aldea visualizada por muchos, tanto así que nuestra lucha local por la censura alcanzó publicarse en el New York Times y en páginas cibernéticas internacionales. Entonces, ¿creo que tendrá repercusiones en el DE? Púes ya las tuvo. El DE le pidió al Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) que evaluara las lecturas, lo lamentable del caso es que la institución no quiera inmiscuirse en el asunto. ¿Qué si tuvo alguna consecuencia? Chardón declaró que su preocupación era más por los jóvenes del sistema de Educación Especial y agregó que sólo censurarán el texto “Aura” de Carlos Fuentes. También, en entrevista radial por WKAQ y Noti Uno el Secretario sostuvo que la medida sería temporera. ¡Qué muchas contradicciones en cuestión de segundos!

Me tomare la libertad de felicitar a los escritores boricuas en este trabajo, pues su manera de protestar ha sido una muy efectiva. Cada cual ha expuesto su pensamiento independiente, mas todos entienden que es una estupidez la iniciativa que se ha ejercido. Dicha controversia lleva a estos artistas de las palabras a defender no sólo la profesión, sino también nuestras raíces. A ellos se han unido maestros, periodistas y estudiantes en actividades realizadas frente al DE, cuyo objetivo es leer los textos obscenos y soeces que “atentan” contra nuestra ética y moral. Es inaceptable que en menos de un año la clase artística de la Isla haya tenido que salir en defensa de su labor en un sin número de ocasiones y que el ICP se haya mantenido al margen de lo que pasa o pueda pasar con nuestra cultura, cuando se supone que ellos protejan nuestro patrimonio. ¡Tremenda labor que ejercen! Han convocado al pueblo a leer los libros, a crear un pensamiento crítico autónomo, a recordar que estamos hablando de la puertorriqueñidad y a simplemente canalizar que el sexo y las malas palabras son parte de la vida, por lo tanto, ya sea en un libro, en la calle, por la televisión, en la radio, por algún amigo o lo que fuese si se va a aprender, se aprende. Además, para qué están los educadores de por medio sino es para mantener una sana absorción de las situaciones que se plantean en las lecturas. ¿Quiénes más ignorantes, los estudiantes de undécimo grado o los líderes del País? Ello demuestra a su vez la falta de apoyo a los maestros, a quienes no se les está brindando ningún tipo de confianza, ni de suspicacia para dialogar los temas con los estudiante.

GobernadorEntrando ahora en la discusión de la opinión pública, antes de decir algo de los medios, por mi parte no he escuchado a muchas personas hablar del tema y será porque soy estudiante universitaria. No obstante, eso es preocupante, pues supone que no existe el interés del pueblo por la educación, ya que más se escucha sobre una pelea de boxeo que se dará en un fin de semana. La intervención de los escritores Ana Lydia Vega, Mayra Santos Febres, Luce López- Baralt, Mario R. Cancel, Marta Aponte Alsina, entre otros, ha sido la bomba que ha iniciado el gran debate. La literata Liliana Ramos Collado manifestó que “curiosamente, los libros suprimidos son obras dirigidas a la crítica social del presente histórico, y el uso de malas palabras es apenas indicador de ese interés en reflexionar sobre el aquí y el ahora.” Mientras que su colega Arturo Echevarría arremetió en contra del DE tras declarar que “la iniciativa tomada por el DE tiene consecuencias gravísimas, y, como tal, merece nuestro repudio más enérgico. Se trata no sólo de una intervención indebida que coarta el derecho que tiene el estudiante puertorriqueño a conocer su propia tradición literaria, sino que atenta contra la libertad en que se fundamenta toda expresión artística». Por consiguiente, la opinión pública se divide en dos grupos: uno compuesto por políticos y jefes de agencias gubernamentales que comprenden que los libros no son aptos para jóvenes de 16 y 17 años por su contenido sexual y uso de palabras soeces y otro conjunto por periodistas, maestros, estudiantes y literatos que defiende el derecho a la educación, a la libre expresión y a la cultura. Lo cómico del asunto es que su censura es pura fantasía, porque las razones que dan alimentan la curiosidad de cualquiera. ¿Qué muchacho o muchacha de esta generación no se motivaría a leer un libro que sea un poco más sencillo de entender por la semejanza que tienen sus descripciones a lo que ocurre a su alrededor? ¿Quién no se sentaría a leer un texto que te fue negado? Fácilmente la tortilla se vira, es una paradoja.
El tema lo he seguido por la Internet, en donde he podido conseguir noticias, grabaciones de entrevistas radiales y blogs. La censura en la opinión pública está más a favor de la educación que de la ignorancia. A estas alturas es ilógico eliminar textos que recaban la esencia del ser puertorriqueño para mantenernos ilusos culturalmente. De cambiar al otro lado de la moneda, entonces hay que tomar precauciones, pues si en Puerto Rico la política continúa inmiscuyéndose en asuntos que no debe terminaremos como un sistema comunista sin que haya ganado el tan temerario Partido Independentista. Lo importante es crear un criterio propio, pues al cuestionarles a los altos ejecutivos del DE su opinión de los libros, éstos constaron que no los habían leído. ¿Cómo se atreven entonces a censurarlos sin conocer su contenido? Por eso es imprescindible conocer todos los ángulos de una controversia tan debatible con ésta.

Culmino éste ensayo con un pensamiento propio: “No permitamos que el Gobierno mate nuestra identidad cultural plasmada en lecturas que sólo acentúan la realidad del ser puertorriqueño. No permitamos que nos conviertan en máquinas programadas a su antojo, haciendo del pueblo un grupo de ignorantes manipulables.” Esto va para largo, es una lucha compuesta de muchos elementos y ninguno está aislado del otro. Hoy es la educación y la cultura, mañana una sorpresa. Los escritores han planteado sus posiciones de manera contundente, entretanto Fortuño y Chardón se han limitado a utilizar aseveraciones que no caben en este momento de la vida boricua. Eduquémonos, esa es la única herramienta que tenemos para sustentarnos en donde sea, no es justo que los grandes intereses decidan qué lo que debemos aprender. No te dejes llevar por el punto intermedio de la información, el “conocimiento parcial de la realidad” como definió Platón.

Publicado con autorización de la autora.

Ana Lydia Vega: perspectiva y mirada


 

  • Mario R. Cancel
  • Escritor e historiador

 

mirada_doble_filoMirada de doble filo recoge una muestra de las columnas de Ana Lydia Vega publicada entre 1997 y 2007. Una voz femenina del 1970 propone al lector su imago mundi. La colección tiene un valor peculiar porque la opinión de los escritores, en especial la de los rebeldes, importa poco en esta era de superficialidad salvaje y revoluciones mediáticas. Vega, una excelente observadora y escritora, es capaz de vencer los peligros más comunes de esa condición.

La organización del libro traduce la perspectiva y la mirada de Vega. El Prólogo propone que detrás del calidoscopio, se puede inventar un orden. El lector dará coherencia a los chispazos que el periodismo de opinión produce sobre la base de su experiencia. Lo errante de la mirada refuerza la contingencia típica del medio periodístico en donode la mirada se muda de sitio al compás de las primeras planas.

En vuelos de reconocimiento la mirada macroscópica domina. La autora comenta la historia del país en los últimos 50 años. La crítica del desarrollo dependiente, máscara del progreso y la modernización, es el tema central. Vega articula su discurso anotando lo que se pierde y lo que se gana en medio de ese proceso de cambio social. La ciudad es el escenario de ese monólogo. Ocasionalmente la discursividad manifiesta cierta nostalgia por ciertos lugares del pasadode mod que en esencia, no se cancela toda posibilidad de esperanza. La conciencia de la decadencia del presente es evidente.

ana_lydia_vegaEn Mirador íntimo la perspectiva es microscópica. La violencia se apropia desde un adentro psicológico que se fija en los detalles. La intimidad tiene que ver con los espacios privados que el cambio en la cultura material ha puesto al alcance del poder público. La utopía de un hombre y una mujer nuevos es clara. La dulce discusión del homoerotismo me parece lo más rico de esta sección. El reconocimiento del estado inerme de los escritores ante el empuje de un mundo social que los arrincona, presente en “Una lanza para los escritores”,  merecería una discusión más profunda.

Ronda de velorios trabaja la espectacularización de la muerte. El deceso de cada prócer escribiente o prócer sin más, ha sido siempre un espacio para afirmar intimidades y discipulados inexistentes. Muerto Laguerre o Benedetti, todos pueden inventar un momento trágico en que aquellos los tocaron. El testimonio no requiere  prueba alguna. Con la gracia que la caracteriza, Vega sugiere que la muerte también puede ser solemne en “Destellos fúnebres,” un paseo por el cementerio de Montparnasse. El tema de la violencia y la guerra que, en un país colonial, siempre es una imposición cuestionable, me parece en extremo valioso. 

Espectáculo de variedades es un “vente tú” peculiar. Aquí el humor punzante de Vega alcanza las mayores cotas. Los cañones se enfilan contra los medios de comunicación y la imagen del mundo que aquellos generan mediante una lógica débil y consumible en donde el cotilleo señorea. “Plebiencuesta Inc.” y “La cumbre de la indecisión” son unas joyas de cinismo refinado.

En Zoom de la memoria retorna la mirada macroscópica en contubernio con una peculiar incautación del pasado. El viaje a través de una serie de signos -Pedro Albizu Campos, Luis Muñoz Marín, el Asesinato del cerro Maravilla, el himno y la bandera nacionales- o personas –Rubén Berríos, Pedro Juan Soto, Filiberto Ojeda- o momentos –el 60, el periodo, para muchos fulminante, del romerato- representan el testimonio político de una generación que perece en las turbulencia postmoderna y que ya no desea serlo. La nostalgia retorna con toda la rabia romántica de que es capaz.

Ana Lydia Vega no tiene remedio: se trata de una escritora atrapada en el maremagno de la postmodernidad. Y eso la hace sencillamente seductora…

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