Narradores 2000: Pedro Cabiya, Trance


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

 

Cabiya, Pedro. Trance. Santo Domingo: Grupo Editorial Norma, 2008. 129 págs.

Trance, el más reciente título de Pedro Cabiya, no es una narración convencional. Se trata de cuatro relatos fantásticos independientes que se intersecan casualmente por medio de ganchos o acontecimientos fortuitos. La celebración de la discontinuidad por medio de estas fabulaciones distantes las unas de las otras, alcanza en este texto un nivel superior.

El estilo de Cabiya se personaliza sobre la base de un procedimiento que ya se ha consagrado en numerosos relatos largos de última generación. La novela clásica como monumento unitario y poseedor de una arquitectura coherente que aspira reflejar la realidad, no se encuentra por ninguna parte.

Pedro Cabiya

Pedro Cabiya

Se trata de una táctica propia de los antirrealistas y los vanguardistas. En André Gidé, la novela episódica surgió de la quiebra de la novela realista-naturalista madura. Su laboratorio fue la narración esteticista de fondo gay, Los monederos falsos, publicada por Gallimard en 1925. En Cabiya la novela episódica se consigue de otro modo: aquí es producto de su penetración en el mundo del cuento mediante un procedimiento simbólico de reacomodo de relatos paralelos y mediante la construcción de conexiones entre ellos. Ya no se trata de una novela ni de una colección de cuentos en el sentido clásico de la palabra: se trata de una narración postmoderna abierta.

Si se trata de asociarla a una figura de la geometría euclidiana, Trance es perfectamente circular. La sorpresa y la incertidumbre que deja en el lector el primer relato, “Perro,” se resuelve del todo cuando se termina la lectura de aquel que cierra el volumen, “Participante”. La tentación de un lector como yo es la de volver al inicio, como si se encontrase al cabo de un ritual de eterno retorno.

Los escenarios de estas narraciones sobreexceden las posibilidades de la realidad y la lógica. “Perro” es la conciencia desesperante que tiene la mente de un hombre cuyo pensamiento está atrapado en el cuerpo de un can que se encuentra con la muerte. El escenario de la barriada suburbana y los numerosos detalles escénicos, ofrecerán a lo largo del resto del libro pistas al lector para que sea capaz de insertarse en aquella realidad alterna.

“Poeta” es la historia irrisoria de un joven púber subyugado por la inseguridad y las manipulaciones de su novia y sus amigos. La historia recuerda un poco la experiencia de la lectura del texto “Miopía”, cuento publicado en 1995 en la antología El rostro y la máscara. El chico y sus socios serán las víctimas fortuitas de un gatillero sin control.

Cabiya_Trance“Pato” es la historia de ese gatillero, un post-gay que se enamora perdidamente de un asociado convertido en amante casual y sufre. Tras enterarse de la relación de su amigo Wichi con Sandra, sufre un arrebato de celos que le conduce a un estado de vesania durante el cual asesina impunemente a cinco jóvenes adolescentes.

“Principiante” narra la aventura del ser que ha forzado la invasión del cuerpo del perro y ocupa el del ser humano que ha sido desalojado. Se trata de un relato de conspiraciones pre-apocalípticas muy bien escrito con algunas alusiones a la idea del séptimo día agustiniano del cristianismo primitivo. En su afán de comunicarse con sus superiores, el ser que anima a Figueroa, provoca el suicidio de la mujer de este. Ciertos códigos lingüísticos del griego antiguo, el aruaco insular y el hinduismo clásico, sirven para elaborar el dialecto en el que este ser extraño se comunica con sus agentes.

Se trata de historias ridículas, extrañas, irregulares, atroces o tremendas, que parecen recogidas del referente inmediato para la construcción de la idea de la realidad en el mundo postmoderno: los medios masivos de comunicación social típicos de la era digital. Los grandes problemas se explican mediante metáforas que confían en la veracidad de la virtualidad.

El Vocero (18) o Playboy (54), la música digital que se escanea electrónicamente en un radio (64) y cuyo escándalo aísla al oyente del mundo social, la imagen del ovni y el alienígena en miniatura en el sueño de Cano (81-83), o la alusión de Carmen a una situación vista en el Discovery Channel para entender la presunta locura de Figueroa (100), parodian el hecho de que la gente comprende el mundo tras mirar una pantalla, como antes intentó aprenderlo leyendo un libro llamado Biblia. Por eso la parodia del lenguaje escatológico en Figueroa, el asunto de la Parusía, es tan eficaz en el cuarto relato.

Por último, la violencia morbosa con la que aquí se juega, es tan poco convincente como la que se obtiene de la pantalla al ejecutar un juego electrónico. La sangre siempre es demasiado roja o demasiado diluida en una pantalla HDTV. Los ritmos in crescendo de la razia que produce el Cano, resultan más cómicos que escandalosos. Me parece que esa ha sido la intención de Cabiya. Lo que está detrás de este texto es otra lógica: más allá del cuento, más allá de la novela y más allá de la realidad. El relato postmoderno tiene en Pedro Cabiya un maestro.

Narradores 2000: Pedro Cabiya, La cabeza


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

Cabiya, Pedro. La cabeza. San Juan / Santo Domingo: Isla Negra editores, 2007. 61 págs.

Sobre La cabeza de Pedro Cabiya

Pedro Cabiya ha sido considerado uno de los escritores más originales de la promoción más reciente de narradores puertorriqueños. Las razones son varias. La primera parece ser que sus textos deconstruyen lo poco que quedaba vivo de la preceptiva del relato moderno en obras de ruptura tales como Figuraciones en el mes de marzo (1972) de Emilio Díaz Valcárcel, y la Guaracha del Macho Camacho (1976) de Luis Rafael Sánchez. Ello convierte su trabajo en una revolución en la revolución, o en una trasgresión de la trasgresión.

Pedro Cabiya

Pedro Cabiya

La segunda tiene que ver con un giro en el lenguaje de su narrativa que le aleja de la tradición de la generación del 1970. En Cabiya la festividad paródica se maneja de un modo alternativo. La experimentación con lo fantástico en Historias tremendas (1999) e Historias atroces (2003), ubicaron aquellos textos más allá del surrealismo psicológico y del realismo mágico extremo, y superaron el experimento con los sociolectos del mundo mediático que fue el elemento dominante en la discursividad hasta los años 80. En Cabiya el proceso de traición de la realidad material social, lo que denomino la irrealización del cuento, fueron completos.

Los núcleos de fabulación de las narraciones de Cabiya se elaboran sobre la base de elementos tremendistas y absurdos y una serie de intertextos atrevidos de origen variado. Todo ello le da a sus libros un fuerte componente retrógrado que viola toda lógica formal. La parodia de la lógica y las convenciones produce una comicidad extraña que llama la atención sobre lo inadecuado del orden o el cosmos cuya validez se presume sin cuestionamientos.

Un aspecto clave de ese tipo de escritura es la manera en que afirma la fragilidad de los valores aprendidos y los acuerdos sociales. Se trata de una manera de protestar contra una imagen del mundo socio-cultural tal y como las prácticas del llamado buen gusto sugieren que se asuma. Los antecedentes de los referidos procedimientos pueden estar en una variedad de tradiciones.

La lúdica transvaloración axiológica que proviene de la propuesta de Friedrich Nietzsche puede ser considerada un antecedente intelectual con toda su carga irracional y dionisiaca. Otra puede ser una tradición cinematográfica asociada a los hermanos Rodríguez y a Quentin Tarentino, entre otros. En la misma conviven las técnicas del splatter o gore, con elementos del scifi que, por su acumulación, producen un efecto cómico o grotesco: el lector decide como los apropia. Se trata de un tipo peculiar de tremendismo icónico invadiendo los textos escritos.

Por ambas vías ciertos anti-valores de la desabrida civilización cristiana occidental tales la violencia, el crimen, la sensualidad, la concupiscencia, la anormalidad, entre otros, se apropian como recursos estéticos válidos. Esa práctica puede asociarse a un De Quincey, un Malatesta o un Marinetti en tres siglos distintos, lo mismo que a las generaciones “ácratas”, “malditas” o “decadentistas” que periódicamente han cuestionado el canon sin la menor reserva.

Cabiya_La_cabezaUn recurso distintivo del estilo Cabiya tiene que ver con el juego con elementos de la alta tecnología de consumo y la tecnociencia aplicada que se afirma como un nuevo dios en la postmodernidad y la era global. El medio permite penetrar esos nuevos paraísos artificiales / virtuales que sustituyen la realidad con una pararealidad inédita. La mayor parte de los procedimientos referidos son evidentes en la obra que hoy se discute.

La cabeza es una novela corta que cuenta la historia de Gloria y Daniel, una joven pareja de amantes. Al momento de salir para su viaje de bodas sufren un aparatoso accidente de tránsito que deja a Gloria convertida en un homúnculo. La chica sobrevive atada a una serie de máquinas que garantizan su vida biológica y la ayudan a construir una realidad virtual en donde su condición de mujer físicamente incompleta es borrada. Ciertos dispositivos le permiten sentir un cuerpo que no posee. El creador de aquella máquina ha sido Ezequiel, hermano de Daniel, un Dr. Frankenstein postmoderno que funciona como un pequeño dios a la manera de un científico loco reinventado del cine gótico. El hecho de que todos los personajes posean nombres con un significado esotérico en la tradición judía y cristiana no debe ser pasado por alto. La casual Gladys es la única excepción: su nombre significa “la alegre.”

Gloria y Daniel son dos seres desgraciados que se humanizan por medio de una sexualidad desenfrenada. Daniel es amante de Marta, su secretaria. La enfermera Raquel es el objeto sexual compartido por Daniel y Gloria. Como se verá, se trata de mujeres voluptuosas que se afirman en la sexualidad y el retozo con el cuerpo. Daniel ama eróticamente a su mujer en el cuerpo de otras. La sexualidad se práctica en lugares por demás pedestres.

La solución del conflicto es morbosa y fantástica: montar la cabeza de Gloria en el cuerpo de Marta y conservar la cabeza de Marta dentro de una caja en un estado de artificial de virtual felicidad. Al cabo la Gloria con cuerpo de Marta abandona a Daniel para irse con Raquel: el apetito homoerótico vence el apetito heterosexual.

La parodia es total: las fronteras entre lo real y lo virtual, lo verosímil y lo inverosímil, se diluyen. La legitimidad de los sumos valores románticos tales como el amor, la fidelidad y la piedad, queda erosionada. Daniel termina solo y se ve precisado a recurrir a su nueva cabeza: la Marta sacrificada por el deseo de recuperación del pasado.

Interpretar el relato La cabeza no ofrece muchas garantías al lector. Disfrutarlo es una opción más apropiada: es mejor integrarse al juego que propone Cabiya que intentar racionalizarlo. Se puede elaborar una filosofía de la relación de lo real y lo virtual o de la naturaleza del yo en la postmodernidad a través de La cabeza. Pero no creo que valga la pena. En Cabiya el divorcio del significante y el significado ha sido siempre un proyecto conciente.

Los recursos invertidos en el relato son varios. La narración no lineal y los episodios a la deriva en esferas de espacio-tiempo anacrónicas son distintivos. La estructura general se establece al paso, acorde con la capacidad del lector para montarla. Sin embargo, todo cae en su lugar con facilidad. Cabiya se ocupa de ofrecer pistas concisas para que el lector no se pierda: los largos subtítulos de los fragmentos son una forma de síntesis de su contenido. Una alusión suelta al físico teórico Stephen Hawkings y al mediático Dr. Frankenstein, están presentes en la textualidad.

Un lenguaje transparente, lejano al neobarroquismo que dominó la narratividad del 1970, completa el cuadro. La narración ofrece un interesante balance entre los diálogos, la narración y la descripción. La cabeza es un relato maduro que aunque conserva muchas de las características de las Historias tremendas y las Historias atroces patentiza la capacidad de revisión de este autor puertorriqueño.

Cuento en Puerto Rico: Recorrido desde el canon hasta su paroxismo y ruptura (Parte 4)


  • Sonia Galindo
  • Estudiante Graduada
  • Pontificia Universidad Católica de Ponce

No obstante, en los últimos años se verá un desplazamiento más agresivo, lugares que representarán las nuevas posturas del puertorriqueño frente a la modernización y la globalización. Este es el caso de “El ejercicio de lo absurdo” de Max resto que, aunque se da en la inmediación de un sector de viviendas, se convierte en un tipo de parque o localidad habilitada para unas fiestas patronales. Todo se da como resultado de un accidente de tránsito que provoca el rescate de dos personas, pero se carnavaliza cuando los vecinos preparan fritangas para la venta, acceso a estacionamiento, las haitianas preparan un puesto de artesanías, y el alcalde se luce para adquirir votos. El cuento presenta el desplazamiento de una fiesta de pueblo o feria a los márgenes de las casas de los vecinos; del afuera hacia adentro. Por otro lado, “Mundillo” de Font Acevedo se desplaza al mall. El mall es una prudente representación del consumismo, del nuevo orden neoliberalista y de la globalización comercial. Es allí donde tres niños esperan a su padre, donde un envejeciente prácticamente reside para evitar la soledad de la casa, el lugar donde las parejas homosexuales y lésbicas se encuentran, insertan y sobreviven la norma heterosexual que impone la casa; y una pareja heterosexual que vive la separación en el mall pero afuera vuelven amarse como siempre. La multiplicidad, la diferencia, la horizontalización toman pleno control de los seres contrario a lo que predicaba el canon con el padre y la casa. La jerarquía desaparece, ya no se ve hacia arriba sino hacia los lados. En el mall impera el perspectivismo, cada postura es válida, sea para ver a otro ser humano, la fuente o el cielo a través del techo de cristal. Dentro del mall hay constante tránsito, sus pasillos se interceptan con la fuente donde vendría representando la sala de la casa. Es allí donde los niños deben esperar a sus padres por horas, el mall cuida de ellos, los domestica y los forma. Es también un escape de la soledad, un reconocimiento de sí mismo y del otro. La casa ahora queda relegada, sustituida.

Pedro Cabiya

Otro aspecto que se ha transformado con el tiempo es el padre. Hemos visto en la literatura del canon como la ausencia del padre trae consigo nostalgia, dolor, un hogar en detrimento, en resumidas cuentas trae desgracia. Cuentos como “Dos vueltas de llave y un arcángel”, “Los inocentes”, “El niño” y “La familia de todos nosotros” representan dichos elementos paternalistas. Un cuento que podemos leer dentro de este contexto, a la misma vez que el desorden cuando existe el matriarcado lo es “En la popa hay un cuerpo reclinado” de René Marqués. En este texto se presenta a la mujer como aquella que somete al hombre a sus designios y antojos provocando la muerte del hijo, la emasculación de su esposo y su propia muerte. La mujer no se ve en este cuento como el paraíso perdido o el arraigamiento al proceso edípico, sino al contrario, la misoginia es el elemento transformador del personaje masculino. Él ve a su madre igual que a su esposa, mujeres que no están complacidas con lo que él ha escogido ser o hacer. La frivolidad y debilidad de su esposa demandan de él más de lo que él puede dar, por esto es rechazado por las mujeres, excepto por la prostituta. Existe una visión de supremacía blanca cuando dice que Anita se conforma con los tragos en la barra y los cinco dólares y no se queja ni le duele porque no es bien nacida y tampoco blanca. Desde aquí vemos la percepción que tiene sobre la mujer blanca y negra. La negra es el objeto sexual que aguanta todo; la blanca es la que exige y evita darle placer sexual, no cumple como esposa. Presenta igualmente el hecho de que una casa dirigida por una mujer provoca la ruina, esto lo dice refiriéndose a la vieja casa de prostitución que tiene su balcón en ruinas. Toda su devastación como hombre viene gracias a las mujeres, veamos: “La principal es mujer, y la alcaldesa es mujer, y mi madre fue mujer, y yo soy sólo maestro…” Su desgracia y su insatisfacción como hombre reside en el poder que han obtenido las mujeres que lo rodean. Decide acabar con eso llevando a su esposa envenenada mar adentro y en medio del mar emascularse. En el viaje dice para sí:

…gobernando la nave, yo, por vez primera, hacia el rumbo que yo escoja, sin consultar a nadie, ni siquiera a ti, ni a mi madre porque está muerta, ni a la principal de esa escuela(…) ni a la senadora que demanda que yo vote por ella, ni a la alcaldesa que pide que yo mantenga su ciudad limpia, ni a la farmacéutica que exige yo, precisamente yo, le pague la cuenta atrasada(…) ni a la doctora que atendió el nene, ni a todas las que exigen, y obligan, y piden, y sonríen, y dejan a uno vacío, sin saber que ya otra había vaciado de sentido, desde el principio, al hombre que no pidió estar aquí… (139-140)

Asesinando a su esposa, mata con ella toda representación de esas mujeres que según él le exigen. Su misoginia, su impotencia ante el poder de ellas lo lleva al mar, a ese lugar de muerte, de inestabilidad y extrañamiento para obtener el impulso maligno de acabar con ella. Pues el mar es muerte.

Por otra parte, el aspecto de la madre ha ido transformándose. “Casa clausurada” presenta a esa madre, que es la casa, que es la familia, que es él mismo. En “No hay lugar como el hogar”, la madre de Brother Raphy es el motivo mayor para llegar a la casa, es a quien extraña y a quien venera. Pero en “Historia de tu madre” de Pedro Cabiya la mujer es la devoradora, la madre es más bien un monstruo que le succiona la vida y el cuerpo hasta integrarlo a su vientre materno. Para Duchesne, la monstruosidad que presenta Cabiya lo aleja de toda referencialidad sociocultural. Sobre este aspecto de la posmodernidad Díaz comenta que surge un gusto por la banalidad, que es “carente de simbolismo profundo o performatividad dramática y mucho menos trágica” (238).La violencia y lo absurdo logra posicionarse en esta nueva escritura. Por eso no debe sorprendernos que la prostituta, ya con atisbos de vejez, se convierta en una máquina de tiempo regresivo ocasionando la infantilización en vez del placer. Ella no lo acuna, no lo duerme como sucede en “Tiene la noche una raíz” sino que lo introduce en su vientre como un proceso reversivo. Su vientre es como un vórtice que se traga al hombre-niño. La nueva casa será el vientre, pero en contra de su voluntad, en contra de la norma y la ley de la naturaleza. L. F. Díaz dice en La na(rra)ción:

Curiosamente, sobresale de estos nuevos narradores el gusto por mujeres mitológicas, poderosas, meduseas. Son, por supuesto, construcciones masculinas de la mujer como sujeto de amplia agresividad y capacidad de absorción. Esto señala que estamos frente a una generación postedípica en la cual el arquetipo femenino resulta más amenazante. No hay tanto temor por el padre sino por la mujer fálica y devoradora, como en los cuentos de Pedro Cabiya. (229)

Con “Historia de tu padre”, también de Pedro Cabiya vemos una inversión de los papeles padre/madre. El joven llega a casa de la novia con un fuerte dolor de estómago y al llegar al baño se da cuenta que ha puesto un huevo. Aunque piensa en el suicidio y deshacerse del huevo bajando el inodoro lo medita un poco y decide llevarse el huevo a su casa. Cuida meticulosamente de, no uno, sino varios huevos de diferentes tamaños, colores y animales que ha puesto con el pasar del tiempo. A pesar de la vergüenza que sintió al principio por su nuevo papel en la sociedad, tipo madre, se aplaca con el cariño que les tiene a sus hijos que al salir del cascarón desaparecerán dejando el rastro de su encapsulamiento y una sensación de ruina y soledad para el ponedor. El padre pierde el respeto que tenía antes en la literatura del canon, ahora es un padre con masculinidad debilitada al convertirse también en madre.

Si la mujer es una construcción masculina, según Díaz, entonces el hombre en este cuento presenta la posibilidad de construirse como mujer, reinsertándose otra vez en lo edípico y posicionándose como ente de ternura y amor contario a lo dicho por Díaz. Esto nos lleva al último cuento bajo estudio, “Epifanía” de Carlos Vázquez en el que el hombre afeminado, el hombre que se ha construido dentro de lo femenino al escoger su homosexualidad nos refiere a otro tema alejado del canon, la marginalidad.

“Epifanía” juega con las representaciones veneradas por la sociedad ubicándolas como enemigas acérrimas de su condición. La iglesia, Dios, La Virgen, el canon son derribados en el cuento gracias a la ironía, el sarcasmo y el pacto que ha hecho con el diablo. Expone la sensiblería canónica que no le permitirá el paso al “parnaso boricua”. Sabe que su homosexualidad transmitida en la narración impedirá el reconocimiento de sus propuestas. El humor negro, la apertura a lo vulgar prosaico, la exploración de lo prohibido será la representación de la alienación con las fuerzas opositoras del canon junto con el pacto, el vandalismo a la imagen de la Virgen, el odio a la iglesia, etc. Es justamente en ellos que radica la analogía del canon y del anticanon. Para poder acceder a ese parnaso debe “emular” las técnicas para luego adquirir victoria y ambición. Deja claro con esto que para entrar a la literatura del canon debe reincidir en los mismos temas y estructura, debe ser seguidor de los grandes. El personaje, que también se llama Carlos, logra liberarse de la muerte instantánea y del infierno teniendo sexo con el diablo. En esto, en el sexo, obtiene su epifanía, su libertad. Su elección sexual le da la libertad de escribir lo que desee y quiera. Sabe que no entrará en el canon pero también sabe que las imposiciones canónicas no lo obligarán a escribir desde su marginalidad.

José Luis Vega dice en el prólogo de Reunión de espejos:

El texto es el espejo. La escritura dibuja y redibuja el rostro histórico de la realidad. El rostro siempre es uno y otro. Su perfil ideológico se forma sobre lunas cambiantes. El rostro en el espejo. Así toda escritura; espejo sobre espejo. (17)

Es irónico leer estas palabras. Uno se pregunta hasta qué grado es posible la multiplicad de espejos mirarse sin producir lo grotesco; la repetición terminará transformándose en lo diferente, en cambios paulatinos que concluirán con lo monstruoso o lo feo. Esa multiplicidad trae consigo desunión, replanteamiento, indiferencia. Ya no se dibuja o redibuja, ahora simplemente se desdibuja o no se mira en el mismo espejo. Bien dice Díaz que “no hay sujeto ni objeto, sólo procesos desgravitados y desterritorializados en los cuales se ha perdido lo que nos parecía anclaje razonable y normal.” (238). La casa, el padre, el mar, la triada, la familia, la enfermedad todos han quedado relegados como valores de nuestra literatura y se han convertido en juguetes de una nueva literatura que prefiere la calle, la madre y el padre deconstruidos, el mar como amplitud y posibilidad, la individualidad sobre la familia, el mall como casa. Qué somos y cómo somos ya no son preguntas obligadas que se deben contestar en la nueva literatura, sino la posibilidad de ser el otro, de construirse una identidad sin miramientos al pasado ni al futuro, remitirse al presente afrontando con estoicismo las nuevas posturas del ser que el canon no soporta. Los escritores no canónicos como Agrait son ejemplos de la literatura de hoy. En su momento no parecía hacer mella en la norma pero el tiempo demostró que esa diferencia provocaría un paroxismo mortal. El paroxismo de la norma en el cuento puertorriqueño residió prácticamente en la tardomodernidad. Pero hoy la pérdida de sentido por el golpe de los escritores de los 70 ha resultado en la ruptura, en un golpe que ha desangrado a fuerza de ironía, juego y burla el gran monumento de la canonización. Claro está, solo es matter of time ver la fosilización de un nuevo canon.

Nota: Tomado con permiso de la autora de Contra-dicciones

Escribir en Puerto Rico: Reflexión sobre la(s) literatura(s) presente(s) (VII-VIII)


  • Mario R. Cancel
  • Escritor y profesor universitario

VII. Ese individualismo radical sirve para explicar la imagen que el escritor elabora de sí mismo. La cuestión de qué significa ser escritor produce respuestas distintas cuando se formula. La idea del intelectual con sentido de pertenencia a un hipotético colectivo, tan común en los escritores del 1960 y el 1970, ya no es atractiva. Del mismo modo, la concepción ética de que se escribe con el fin de evaluar críticamente la realidad, ha sido revisada.  Ello explica la huida de lo que quedaba del realismo social -incluyendo el realismo mágico- y la afirmación de un discurso irrealista que apropia espacios poco comunes en la tradición de lo mágico en el país.

CabiyaEn la escritura del 1960 y el 1970, lo mágico se apropió con los artefactos de Sartre o Brecht. Los procedimientos de Cortázar o García Márquez, no tanto de Borges, eran reinvertidos en la escritura de la magia en el país. Cordial magia enemiga (1971), de Tomás  López Ramírez, se movía entre el surrealismo moderado y lo maravilloso a la moda. En Delfia cada tarde (1978), Edgardo Sanabria Santaliz trabajó el tema del papel deformador de los medios masivos de comunicación. El recurso a lo mágico sirvió al escritor para articular un discurso crítico que aspiraba sanar una patología.  En ambos casos, la introducción de lo irreal se hacía para llamar la atención sobre lo real mediante la extrañeza. La imagen mágica o fantástica, obligaba a buscar un contenido representacional específico. La inserción de ciertos indicadores de sentido ofrecía pistas respecto a como se debía interpretar el texto.

Una forma alterna de la escritura de la magia en el país fue la parodia y la sátira. En ese territorio el citado Luis Rafael Sánchez ha sido un maestro. Pero el trabajo de Juan Antonio Ramos en Papo Impala está quitao (1983) sigue siendo un modelo insuperable. La caricatura y el esperpento son procedimientos que enmascaran la realidad, pero siempre dejan indicadores claros sobre cómo enfrentar el texto. Mediante ellos, se estimula el desarrollo de un contenido representacional y un significado específicos.

Después del 1990, lo irreal se trabaja como parte de una poética autónoma de la realidad. En cierto modo, se recupera el sentido semántico fundamental de la fantasía como capacidad de representar mediante imágenes, cosas pasadas, lejanas o ideales. Pedro Cabiya es, por mucho, el narrador más logrado en ese aspecto. Sus ficciones radicales, como es el caso de La cabeza (2007), un texto entre la ciencia ficción, el absurdo y la virtualidad, no se proponen un contenido representacional ni aspiran significado lógico alguno. La voluntad pedagógica se ha convertido en voluntad lúdica.

Esto parece pura evasión de lo real pero no lo es. El establecimiento de conexiones con el mundo, queda en manos de lector. El lector ya no se concibe como un receptor pasivo de la palabra de un intelectual aristocrático. Hoy se acepta que “el texto es producido por la imaginación y la interpretación del lector” a partir de su capacidades y limitaciones. El sentido que se le adjudica al texto es un asunto personal. (Chartier, 1999, VI) La postmodernidad no solo afirma el individualismo de la escritura sino el de la lectura y la interpretación.

QuinonesVIII. La huida de la realidad se da lo mismo hacia un hipotético interior o exterior. Los temas clásicos del viaje y las altertopías evaden las convenciones respecto al tiempo y el espacio. (Braceras, ed., “Póslogo LyC” 189-198) El viaje interior desemboca en una búsqueda individual pensada o en ficciones paranoicas complejas. Varios de los excelentes relatos de la antología Mal(h)ab(l)ar, editada por Mayra Santos Febres, son prueba de ese retorno al yo, como bien señaló la editora en el prólogo del volumen. Pero en el territorio de las ficciones paranoicas la figura más notable es José Liboy Erba. Cada vez te despides mejor (2003) es una colección en donde la interioridad es un caos que evade toda adjudicación de sentido.

El concepto altertopía se refiere a lugares o espacios alternativos a aquellos que se reconoce como reales. Se trata de los paraísos de la incoherencia divorciados de todo orden lógico. Recuerden que las utopías y las distopías son revisiones morales de órdenes racionales reconocibles. Por eso dependen tanto de la lógica para ser comprendidas. En esta dirección el Breviario (2002) de Juan Carlos Quiñones es clave. El citado Cabiya de las Historias tremendas (1999) y Juan López Bauzá en La sustituta y otros relatos (1997), demuestran que la veta más enriquecedora de la narrativa puertorriqueña camina en esa dirección.

Lo irreal gratuito es puro juego hasta el punto de que el caos invade la narrativa. Ese es el caso de las narrativas de los juegos electrónicos. En estas narraciones la relación causa-efecto no tiene nada   que ver con la lógica, y augura un final catastrófico. La victoria es la ruina del otro, como en las grandes teorías de la guerra. Es una dialéctica simple, maniquea, que facilita el acceso al texto mediante un lenguaje estándar. En este contexto la novela corta de Cabiya, La cabeza (2007) ha establecido una pauta valiosa.

La caja de herramientas del escritor del 1960 y el 1970, y la del 1990 es la misma. La coincidencia entre ese instrumental y el de las vanguardias de principios del siglo 20, son obvias. Pero el escándalo que producían esas técnicas ya no es el mismo. Las técnicas vanguardistas -desde la intrusión de la cultura pop hasta el libre fluir de la conciencia o la escritura automática- son ahora mero formalismo. La impresión que queda es que la escritura literaria ha perdido radicalidad y capacidad para sorprender después del fin de la Guerra Fría. El escritor es un artesano iniciado en ciertas técnicas, no un iluminado de la inspiración platónica.

En conclusión, escribir en Puerto Rico hoy ofrece  posibilidades infinitas. Las mismas deben ventearse. Me parece que el Pen Club es un buen espacio para iniciar esa discusión. Los elementos que hicieron posible este encuentro así lo demuestran. Espero que lo que hemos hecho aquí en la noche de hoy no sea un esfuerzo vano.

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