Banda Hispânica: muestra de poesía puertorriqueña


  • Mario R. Cancel
  • Escritor puertorriqueño

El Projeto Editorial Banda Hispânica , institución inventada en Fortaleza, Ceará Brasil en 2001, ha publicado una selección de 44 poetas puertorriqueños de los siglos 20 y 21. la misma ha sido elaborada bajo el cuidado de Floriano Martins, y es ahora parte de su Acervo Geral de poesía hispanoamericana. Los asesores de la selección fueron los queridos colegas, poetas y amigos David Cortés Cabán, Etnairis Rivera, Madeline Millán y Maribel Sánchez-Pagán.

La entrada de cada poeta contiene una breve “Hoja de vida”, una reflexión  sintética titulada “En nombre de la poesía”, y una muestra de “Poemas” a cargo de cada poeta. La meditación de los escritores convocados ofrece pistas en torno a sus lecturas formativas y sus afinidades estéticas. Una aportación crucial de este registro es que también ofrece la oportunidad para elaborar una valoración en torno a la poesía puertorriqueña y su polémica relación con las letras  hispanoamericanas y mundiales. Los poetas incluidos en la antología son los siguientes:

La invitación a la lectura, está sobre la mesa…

Las sobras de un sublime cadáver


Tras un periodo sin grandes pretensiones, la poesía latinoamericana vive un tiempo con más poetas que lectores. Un género que aprende a adaptarse al presente y a mezclarse con la música en busca de nuevos ritmos y formas diversas que lo ayuden a sobrevivir, reconoce la poeta cubana Reina María Rodríguez

  • Reina María Rodríguez  22/08/2009

Intentar hacer un mapa de la poesía latinoamericana, medir ¡qué es actual! sería prácticamente imposible, porque extrapolamos constantemente el presente, y algunos poetas permanecen más vivos que otros, independientemente de sus edades. La edad de la poesía es sólo el título del libro de Tamara Kamenszain. Además, revistas impresas o digitales, concursos, antologías, festivales, no son indicadores de vigencia, en un tiempo con más poéticas que destinos y más poetas que lectores. Cuando uno de mis hijos me explica cómo son los juegos virtuales donde se crean (utopías) sitios para los personajes, fábulas, épocas, veo que la poesía sufre por dejar de verse como un juego, donde perdimos la apuesta y también a los jugadores.

Maribel_R_OrtizEl barroco de nuestras catedrales y de José Lezama Lima revivió reciclándose a través de Severo Sarduy (Cuba, 1937-1993), arrastrando con Néstor Perlongher (Argentina, 1949-1992) su negativa al imaginario modernista, y empujando al neobarroco a figuras como José Kózer (Cuba, 1940), Coral Bracho (México, 1951), Eduardo Milán (Uruguay, 1952): “El espíritu cae sobre el tiempo: es el tiempo mismo que no encuentra lugar”, logrando un puente entre lo lírico y lo conversacional, ese envés, un espacio más geométrico y racional. No quiero dejar de mencionar a los brasileños: Paolo Leminski (1944-1989), con “un dolor que goza / como si el dolor fuera poesía / ya que todo lo demás es prosa”, Josely Vianna Baptista (1957) y Horácio Costa (1954).

Mientras las políticas se refríen, sin la altisonancia de los versos de Raúl Zurita o el dolor de Juan Gelman que sigue taladrando el Horror; las noticias vuelan de los periódicos al poema, y lo político deja de ser un tema para convertirse en un fragmento más, para apoyar “lo real” que, luego de sufrir tanto descrédito; conversacionalismo (bueno y malo), antipoesía (no olvidemos la escuela creada en Nicaragua por Ernesto Cardenal, propuesta que él mismo rompería después), nos dejó un tiempo sin grandes pretensiones y mucha orfandad cuando, “la muerte y la vida estaban / en un cuaderno a rayas”, Osvaldo Lamborghini (1940-1985); El gran derrapador, Jorge Santiago Perednik (Argentina,1952); Abuso de confianza, Ángel Escobar (1957-1997); Vilis, Lorenzo García Vega (1926), que hace del “garabato-contraseña”; Potlach, Arturo Carrera (Argentina, 1948), que nos traen, ese “contagio de la destrucción aceptada”, rotura por donde penetra la desconfianza: con el descarrilamiento de un tren en una tela; o, donde un tomacorriente puede tener una prioridad inusitada o, una alcancía con monedas es el dios al que el niño reza, buscando “ese oro que sucumbe al dolor… de no durar, de no tener, de no saber”; y “Poetarzan”, el “Coco”, son personajes más cercanos al cómic que al poeta y la sustancia amarga, verdosa, que segrega un órgano se convierte en fluido primordial. “Fabricado con un poco de bilis”, dice en Ferdinan Prenom, Ricardo Alberto Pérez (Jaruco, 1963).

Rafael_AcevedoHay un cansancio que trabaja el desgaste, mientras los estribillos rechinan más frágiles que la confianza o el amor porque, como dice una orquesta popular cubana, “se acabó el querer” y los jóvenes viven sin pensar las consecuencias del después o del pasado. La lengua se encoge (ellos usan K por C), en la medida en que la velocidad se hace mayor y los espacios se achican como el lenguaje. Pero, la poesía, que tiene que ver con la detención del tiempo, aprende a mezclarse con la música, busca ritmos de otras zonas para sobrevivir: hip hop, rap, reggae, reguetón, acentuando una conducta “esquiso” entre lo culto y lo popular: La cola del pan, Pastoreo Wasan, Carlos A. Alfonso (Cuba, 1963). No obstante, esa movilidad de las poéticas me satisface, porque los subproductos se convierten en centros. En este reciclaje constante tomamos los isleños todo desperdicio que llegue a las costas sin preocuparnos por dar “gato por liebre”. “La poesía tiene que empatar o zurcir el espacio de la caída”, dijo Lezama, “…los techos se caen y cualquier cosa, de un tiempo a esta parte, es un techo”, Juan Carlos Flores (Alamar, 1962).

En los poetas cubanos de los noventa, por exceso de vanguardia política y falta de vanguardia artística, el “yo” se vuelve escritura, antropofagia de otros discursos (refrito del pensamiento venido del mundo convertido en escritura); lo intertextual se recalienta buscando afianzar la realidad cuando, convertida en herramienta ética, “la poesía puede ser una experiencia atroz”, Antonio José Ponte (Matanzas, 1964). Mientras en Chile, el descreimiento se vuelve neovanguardia: con La nueva novela, Juan Luis Martínez (1942-1993); “…de tarde en tarde se irán dejando las ciudades”, Eduardo Asfura (1973), y “se acabaron los baños de espuma en la orilla del mar”, Ricardo Tipia (1969), los padres aún existen: Enrique Lihn, Gonzalo Rojas y Vicente Huidobro, y comparten la conciencia del despojo como “últimos representantes irresignados de un sublime cadáver”.

Pero, cada vez más, como quería Virgilio Piñera, “no queremos potencias celestiales, sino presencias terrestres”, lo “poético” se contamina de cacharrería: objetos de la tecnología entran al set, sustituyendo la falta de presente con la velocidad. Noel Urayoán (Puerto Rico, 1976), “…y agarrarnos a lo poco que nos queda”, y Maribel R. Ortiz (Puerto Rico, 1967) escribiendo Gen PAX6. Se viola toda puntuación lógica; los textos se mezclan con el perfomance, la estética del pop y otras ofertas suburbanas, grafittis (Zona franca, en Alamar, al este de La Habana). Cuando “la sinceridad es una forma del ataque”, dice el puertorriqueño Rafael Acevedo (1960), la mirada desde un motel es una ilusión de ver, todavía, una nueva perspectiva para Lorenzo García Vega, que a sus años, sabe que lo actual no tiene edad, no tiene presente, y busca más un modo de ver que un ser.

Reina María Rodríguez (La Habana, 1952) dirige en La Habana el proyecto cultural Casa de Letras y es editora de la revista Azoteas. Es autora de Bosque negro (Institución Cultural El Brocense).

Publicado en El País, España

Poetas 2000 : Realid(h)ades, palabra de mujer


  • Mario R. Cancel
  • Escritor y profesor universitario

tavarez_realidhadesDesde las primeras palabras, Realid(h)ades, de la poeta Amarilis Tavárez Vales, elabora una propuesta femenina interesante y revolucionaria. La imagen de Andrómeda encadenada que ocupa la portada ofrece una pista valiosa. La sujeción del personaje es solo un estado transitorio. La “dominadora de hombres” o la “dominatrix”, se presagia detrás de la esclava. La desnudez no es desamparo, sino más bien afirmación de humanidad y pureza.

La colección de poemas que sigue es el camino hacia esa condición de control y plenitud que Andrómeda sugiere. Pero la misma, solo puede elaborarse sobre la base de las cenizas de la memoria de la condición de humillación impuesta por un mundo masculino.

La forma del título –Realid(h)ades– da la impresión de que se juega con la idea de la muerte, o bien sea,  que se acepta que vivir en esclavitud es morir poco a poco. El fatum, destino o hado de avasallar al otro, es lo que contiene este bien escrito libro de Tavárez Vales. La escritora ha decidido que afirmar la feminidad más allá de su pulcra definición, es la única manera de trascender.

Detrás de este libro de poesía hay una narración. Se trata de un texto simbólicamente clausurado, a la manera en que se cuentan algunas historias. Por eso el libro abre con el denso texto “Me presento” (15), y cierra con el breve y lúcido “Realid(h)ades” (58). En cierto modo, el viaje culmina en el mismo lugar en que comenzó. La condición de la mujer-escritora no ha cambiado en el tránsito entre el alpha y el omega. Así como entra en escena desnuda, desnuda se encuentra en la última página.

Una segunda lectura me dice otra cosa. El texto de apertura puede ser leído como una propuesta compleja de la pluralidad de cosas que componen lo femenino. El que cierra es una afirmación de que la voluntad de saberse no es una causa perdida sino un libro que sigue abierto. La brevedad del texto final confirma la seguridad ganada en el viaje. Pero los misterios del yo y la imposibilidad de la identidad quedan claros. Esa búsqueda de la yoidad se ejecuta experimentando con el cuerpo y con la intimidad.

Los grandes tramos de esta colección sirven para crear un escenario muy rico. La ciudad, tan confusa como el yo, es el escenario primordial del relato poético. En el poema “El otro suelo” (17) la poeta mira el pasado sin la más mínima nostalgia del origen. Los versos sugieren que la ciudad se aprende de manera instintiva, casi animal.

Pero el ajuste a la vida urbana no significa el sometimiento a las costumbres de zoo urbanicus de la sociedad de consumo.  En “Plaza” (20) la caminante se proyecta como un “anatema” porque es capaz de ignorar “las luces de las vitrinas”. El poderos mito del mercado queda devaluado de inmediato. También apunta que ese mundo requiere de cierto enmascaramiento social, exige el cumplimiento de cierto ritual performativo con el fin de que la recién llegada actúe de manera funcional. “Memo” (23) ofrece las instrucciones mínimas para ajustarse a una rutina donde las ficciones sociales se suceden sin oposición. La ciudad es también un gran espectáculo de apariencias.

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Amarilis Tavárez

El otro tramo es que la conduce al yo y la subsecuente conciencia de su caducidad. La búsqueda se ejecuta a veces por un proceso de acercamiento –como el zoom de una cámara digital- según sucede en “Mis líneas” (21) cuando observa sus manos y busca “una vida / mi vida”. En otros casos toma la forma de cierta poesía reflexiva como en el texto “De otra forma” (26) y “Niña” (27).  Pero en “Confesión” (31) la poeta se da cuenta de la contradicción suprema: el yo siempre es otro, como los dioses o los héroes. Por eso dice: “A veces huyo de mí / para no encontrarme contigo”. El verso es una declaración de guerra al inmovilismo o a la estabilidad identitaria.

Pero el descubrimiento definitivo del yo se da por medio de eros. “Rozándote” (33) y “Propiedades” (39) son dos buenos modelos de ello. El descubrimiento del yo en el otro por medio de la “posesión” física representa una transacción que abre una nueva línea del relato poético. El itinerario poético-amatorio de yo y el otro transcurre de la pasión del sofá, hasta las fantasmagorías del olvido y el abandono. Los textos eróticos de Tavárez Vales me parecen el mejor logro de este poemario por su transparencia.

Amarilis Tavárez Vales representa la voz fuerte de una mujer peculiar. La idea de la escritura como un proceso de auto-revelación – “Estoy descubriéndome (…) / Voy quitándome una a una / las piezas de mi ropa” (58)- y del hallazgo como el retorno a una extraña inocencia me parece brillante. El viaje de vuelta al país natal que es cada uno de nosotros se ha completado de la manera más apropiada: de la desnudez a la desnudez. Lo único que se dejó a tras fueron las cadenas. La “dominadora de hombres” ha dicho presente.

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